Men­tes sin con­trol

UN SOCIÓPATA PUE­DE VER COQUETEO DON­DE NUN­CA LO HA HA­BI­DO

La Teja - - Sucesos - ✦ RO­CÍO SANDÍ ro­cio.san­[email protected]­te­ja.cr ELE­NA AL­VA­RA­DO PSICÓLOGA

Una son­ri­sa, un sa­lu­do, o una mi­ra­da son ges­tos de cortesía y así lo en­tien­de una per­so­na nor­mal, pe­ro para una per­so­na sociópata po­drían ser per­ci­bi­dos­co­mo un jue­go de se­duc­ción o co­mo coqueteo.

Esas per­so­nas tie­nen una en­fer­me­dad psi­quiá­tri­ca que ha­ce que no pue­dan adap­tar­se a las nor­mas so­cia­les de con­vi­ven­cia, co­mo lo son las le­yes y los de­re­chos in­di­vi­dua­les. Eso cau­sa que al­gu­nos co­me­tan ac­to ilí­ci­tos, in­clui­dos ase­si­na­tos.

El Or­ga­nis­mo de In­ves­ti­ga­ción Ju­di­cial (OIJ) re­ve­ló que la mo­ti­va­ción que tu­vo el sos­pe­cho­so de ma­tar a la tu­ris­ta ve­ne­zo­la­na Car­la Ste­fa­niak fue se­xual ya que que­ría te­ner un en­cuen­tro ín­ti­mo con ella.

El su­je­to, de ape­lli­do Es­pi­no­za, se ha­bría des­con­tro­la­do y por eso ha­bría co­me­ti­do un ac­to atroz en el que le arre­ba­tó la vi­da a Car­la.

Va­rias he­ri­das. Por me­dio de la au­top­sia se de­ter­mi­nó que el ata­can­te hi­rió con un cu­chi­llo a la mu­jer de 36 años. Ella te­nía he­ri­das en el cue­llo, la ca­ra y en los bra­zos. Es de­cir, se de­fen­dió.

Los fo­ren­ses es­tán ha­cien­do exá­me­nes para sa­ber si Car­la fue o no víc­ti­ma de vio­la­ción y los re­sul­ta­dos es­ta­rán lis­tos en las pró­xi­mas se­ma­nas.

La psicóloga Ele­na Al­va­ra­do ex­pli­có que cuan­do una per­so­na es sociópata ve las co­sas dis­tin­tas a las de­más per­so­nas y eso pue­de lle­var­la a co­me­ter un cri­men co­mo es­te.

“Ellos ven en cual­quier ges­to o ges­ti­cu­la­ción un ac­to de se­duc­ción y en­ton­ces pien­san que la mu­jer se les es­tá so­me­tien­do, eso los lle­va a bus­car pla­cer, mu­chas ve­ces has­ta a la fuer­za. Un sociópata no res­pe­ta los lí­mi­tes so­cia­les y van con to­do a cum­plir su co­me­ti­do. Man­tie­ne a la víc­ti­ma ba­jo la lu­pa y cuan­do tie­ne la opor­tu­ni­dad ata­ca”, ex­pli­có la es­pe­cia­lis­ta.

Al­va­ra­do di­jo que exis­ten dos ti­pos de per­so­nas con ese tras­torno y ca­da uno ac­túa de for­ma di­fe­ren­te. No se pue­de ge­ne­ra­li­zar.

“Al­gu­nos son ais­la­dos, no les gus­ta in­vo­lu­crar­se con las de­más per­so­nas; a ellos les gus­ta ver por­no­gra­fía y bus­car co­sas lu­ju­rio­sas. Ellos vi­gi­lan a sus víc­ti­mas des­de le­jos y las es­tu­dian para ata­car. Los otros son el tí­pi­co ga- lán, son so­cial­men­te acep­ta­dos y se atre­ven a ha­blar con las per­so­nas que quie­ren ata­car para ir ga­nán­do­se la con­fian­za. En am­bos ca­sos es­te ti­po de per­so­nas sue­len te­ner una gran ha­bi­li­dad para en­ga­ñar, son muy ági­les en eso”, ase­gu­ró.

Se­gun­da en cua­tro me­ses. Ca­rol es la se­gun­da tu­ris­ta ase­si­na­da en Costa Rica en un ata­que de ca­rác­ter se­xual en cua­tro me­ses.

El 4 de agos­to la es­pa­ño­la Arant­xa Gu­tié­rre­zLó­pez, de 31 años fue es­tran­gu­la­da en Tor­tu­gue­ro des­pués de sa­lir a ha­cer de­por­te.

Ella lle­gó al país con su es­po­so y el día del cri­men sa­lió a co­rrer y fue ata­ca­da por un sal­va­je.

El OIJ de­tu­vo a un sos­pe­cho­so de ape­lli­do Díaz, cu­ya sa­li­va fue en­con­tra­da en el cuer­po de la ex­tran­je­ra. Ade­más, las au­to­ri­da­des tam­bién en­con­tra­ron ADN de Díaz en las uñas de la víc­ti­ma.

Los dos de­te­ni­dos por los ase­si­na­tos de las tu­ris­tas son ex­tran­je­ros y es­tán des­con­tan­do pri­sión pre­ven­ti­va.

RE­DES SO­CIA­LES.

La ve­ne­zo­la­na vino para ce­le­brar su cum­plea­ños 36.

RO­CÍO SANDÍ.

Car­la se hos­pe­dó en las Villas Le Mas, en San An­to­nio de Es­ca­zú.

TO­MA­DA DE FA­CE­BOOK.

Arant­xa Gu­tié­rrez via­jó al país con su es­po­so.

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