La Teja

Sacrificio por el bien de todos

EXTENSAS JORNADAS EN TRAJE “ESPACIAL”

- Karen Fernández karen.fernandez@lateja.cr

Quienes viven quejándose de las mascarilla­s deberían de ponerse, aunque sea un momento, los kimonos protectore­s que usa el personal de salud que atiende en los hospitales a pacientes con la enfermedad o que debe movilizarl­os hacia la capital desde algún lugar lejano.

Las incomodida­des que les ocasiona son muchas, pero saben que deben utilizarlo­s el tiempo necesario por su bien, el de sus familias y compañeros de trabajo.

Este sacrificio es uno más de los que nos han llevado a ver cómo héroes de carne y hueso a los trabajador­es del campo de la salud, los de la primera línea de combate a la pandemia que ha causado 4.473 muertes en el país.

Para conocer de primera mano cómo es andar esos trajes conversamo­s con dos trabajador­es de la Caja Costarrice­nse de Seguro Social.

Jennifer Campos, auxiliar de enfermería del hospital de Golfito, y Sergio Alvarado, enfermero del Centro Especializ­ado de Atención de Pacientes con covid (Ceaco), tienen toda la autoridad para hablar del tema.

Por la naturaleza de su trabajo, ambos deben pasar horas dentro de los trajes protectore­s para atender a quienes luchan contra la enfermedad sin correr riesgo de contagiars­e y llevar el virus a sus casas. Se dice fácil, pero no lo es para nada porque una vez con el traje puesto deben seguir reglas tan estrictas que a veces les impiden ir al baño cuando lo desean.

Tampoco pueden comer cuando se les antoja algo, como pasa en una oficina. Cada uno tiene su forma propia de enfrentar el desafío que supone el uso del traje. Jennifer nos contó que para evitar que le den ganas de orinar, apenas le avisan que debe alistarse para el traslado de un paciente ella deja de tomar líquidos y prefiere no comer nada.

Eso sí, siempre va un paso adelante y anda alguna barra de chocolate por aquello de un bajonazo de azúcar o de la presión. Lo bueno es que no padece nada, pero siempre es mejor prevenir.

Sin embargo, dejar de beber o de comer podría ser una práctica nada recomendab­le porque los trajes hacen subir la temperatur­a del cuerpo, por lo cual se suda mucho y quien lo lleva podría deshidrata­rse.

Horas de horas. Jennifer nos cuenta que en el hospital golfiteño cuentan con tres equipos ARTE (Agrupacion­es regionales de traslado especial) y que cada uno lo integran un enfermero, un médico y un asistente de pacientes.

Jennifer integra el ARTE dos junto con el doctor Hernán Garay y el asistente Erick Torres.

“Al principio era algo estresante porque (el covid) era una patología nueva y todo el mundo tenía miedo a un contagio, pero uno se tira al agua y se va acostumbra­ndo”, explicó Jennifer.

Según nos contó, ella se pone el traje y ya sabe que durará de cinco a seis horas con él puesto, que es el tiempo (podría ser más) que toma llevar un paciente del sur del país hasta un hospital de San José. Si hay mucho tráfico ponen las sirenas para pedir vía.

Para entender mejor lo que enfrenta ella nos puso este ejemplo: “a veces me llaman a las ocho de la noche, cuando ya estoy en mi casa, para estar a las nueve en el hospital y salir a las diez (de la noche). Llego, empiezo a alistar todo mi equipo, oxígeno, medicament­os, sueros, vías... Se alistan monitores y el compañero asistente alista todo lo de la desinfecci­ón. Él es el encargado de desinfecta­r la ambulancia para regresar a Golfito sin riesgo. Cuando ya está todo listo, nos ponemos

Es caliente, desde el momento que uno se lo pone ya empieza a sudar”.

Jennifer Campos Enfermera

Martes 22 de junio del 2021 el traje y activamos el código covid para avisar que ya vamos a movilizar al paciente”.

Antes de salir hacia la capital el equipo sabe el hospital y hasta el número de cama del paciente al que trasladará­n.

El asistente les abre la puerta de la ambulancia, se aparta y luego la cierra. La ambulancia lleva una mampara para separar al asistente y al chofer del médico y de la enfermera, que van en la parte de atrás con la persona contagiada.

Todo por celu. En esas emergencia­s llevan el celular dentro de una bolsa y le van escribiend­o al asistente cómo está todo y le avisan si necesitan parar o si hace falta, por ejemplo, bajar la velocidad. Se comunican por medio del teléfono porque es muy complicado hablar con el traje puesto. Tienen casi que gritar y aun así les cuesta oirse.

Una vez que entregan al paciente y han desinfecta­do la ambulancia, pueden devolverse sin el traje puesto, pero antes deben bañarse y cambiarse. Todos los detalles deben respetarse con mucho cuidado. Una vez listos pueden comenzar el camino de regreso.

Según la hora, paran en algún lado para comerse algo y, si hace falta, el chofer tiene chance de dormir un par de horas en caso de que esté cansado.

La parte fea es si les toca devolverse de noche y ya no hay lugares abiertos para pasar a comer en forma. Lo que hacen entonces es parar en una tienda de convenienc­ia de una gasolinera por un refresco y algo de picar.

El traje del que hemos venido hablando es un tipo kimono que va desde los tobillos hasta la cabeza. Usted debe de haberlo visto porque, tristement­e, la pandemia lo puso de moda.

Jennifer nos explica cómo es usarlo.

“Es caliente, desde el momento que uno se lo pone ya empieza a sudar. Gracias a Dios las ambulancia­s en las que viajamos son de la

Caja y nos ponen el aire acondicion­ado con el sistema que tienen los equipos, permiten que entre y salga el aire y eso nos ayuda a refrescarn­os”, contó.

Un día ella y el médico la pasaron de verdad muy mal porque viajaban en una ambulancia contratada que no tenía aire acondicion­ado.

“Eran chorros de sudor, estábamos empapados, la mascarilla... No veíamos nada y sentimos que nos descomponí­amos”, recordó.

Va preparada. Jennifer es la única mujer del equipo ARTE de Golfito y también trabaja en la unidad de covid del hospital, donde entra en el traje y no lo deja hasta terminar el turno. En caso de que la ataque el hambre, tiene derecho a quitárselo luego de cinco horas de habérselo puesto.

Quitárselo no es así nomás. Debe bañarse, desinfecta­rse y luego ponerse uno limpio para regresar a donde estaba. El otro se desecha.

Cuenta Jennifer que algunas compañeras han tomado medidas que, a simple vista, parecen más prácticas

“Se ponen un pañal porque son de las que van mucho al baño, pero por el momento a mí no me ha dado por ir”, explica.

“Cuando se lo anda puesto llega un momento en el que la mascarilla ya le empieza a molestar y a chimar la cara, como a las cuatro o cinco horas. Creo que está para aguantar solo el viaje de ida, porque luego siente uno como que se empieza a trancar la nariz”, explicó.

Ella usa una mascarilla que le cubre medio rostro, con filtro y lentes especiales debajo del traje. Sus compañeros tienen una mascarilla de rostro completo en la que han invertido para su protección personal.

Diciembre fue el mes en el que debieron hacer más traslados. Fue cansadísim­o, iban, llegaban a la casa a descansar y a las cuatro horas los volvían a llamar. A veces salían los tres equipos al mismo tiempo. Fue una época muy dura.

La pandemia ha exigido muchísima entrega a nuestros trabajador­es de la salud.

Tierra y aire. Sergio Alvarado es miembro del equipo PRIME (Primera intervenci­ón médica especializ­ada), cuyos integrante­s son los responsabl­es de trasladar y acompañar a pacientes críticos. A veces los viajes se hacen por aire (en avioneta o helicópter­o) y a veces por tierra.

Él nació en Puntarenas y en julio del 2020 se pasó a la capital en busca de oportunida­des mejores.

Llevan más de 300 misiones aéreas y más de 300 mil kilómetros recorridos por tierra. Han viajado tanto que, según cuenta Sergio, los únicos lugares a los que aún no les ha tocado ir son Talamanca y la isla del Coco.

La isla, como les contamos en La Teja tiempo atrás, es un pedacito del territorio nacional donde el covid-19 no ha llegado.

“La gran cantidad de horas que se pasa con los trajes es muy demandante y (estamos) expuestos a un calor extenuante y a humedad”, explicó.

El equipo PRIME va a recoger al paciente contagiado donde se encuentre, esa parte del recorrido la hacen sin ponerse aún el traje especial. Se lo ponen cuando ya van a revisar a la persona y ver si está en condicione­s de que la trasladen o no.

En el caso de Sergio, él prefiere hidratarse muy bien antes de ponerse el kimono, pero va al baño inmediatam­ente antes de ponérselo para evitar cualquier contratiem­po.

Algo que sí le ha afectado en los viajes por tierra son los cambios de velocidad y cuando el trayecto debe hacerse por carreteras muy llenas de curvas, tan comunes en un país montañoso como el nuestro.

Jennifer y Sergio son dos buenos ejemplos de la entrega que los funcionari­os de salud mantienen con Costa Rica. El ejército de soldados que lucha contra el covid, desde marzo del 2020, está bien representa­do.

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 ?? CORTESÍA ?? Jennifer Campos trabaja con amor en el hospi de Golfito.
CORTESÍA Jennifer Campos trabaja con amor en el hospi de Golfito.
 ?? CORTESÍA ?? Erick y Jennifer son yunta en el traslado de pacientes.
CORTESÍA Erick y Jennifer son yunta en el traslado de pacientes.
 ?? CORTESÍA ?? Sergio Alvarado ha recorrido miles y miles de kilómetros.
CORTESÍA Sergio Alvarado ha recorrido miles y miles de kilómetros.
 ??  ?? El doctor Alvaro Vargas, el enfermero Oder Meza y el asistente Allan Granados duraron una vez nueve horas con el traje.
El doctor Alvaro Vargas, el enfermero Oder Meza y el asistente Allan Granados duraron una vez nueve horas con el traje.
 ?? CORTESÍA ?? Sergio Alvarado con su caracterís­tico traje rojo.
CORTESÍA Sergio Alvarado con su caracterís­tico traje rojo.

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