Dul­ce El se­cre­to de la paz

Sabores - - Chef Invitado - Tex­tos: Luis Fer­nan­do Var­gas Fo­to­gra­fía: Es­te­ban Ba­rrien­tos

VA­RA BLANCA Y CINCHONA SON PINTURAS DE PAZ.

ALLÍ, RESERVADA, EN ME­DIO DE LA BELLA VEGETACIÓN, SE ENCUENTRA LA FÁBRICA EL ÁN­GEL. SIEM­PRE VIENDO HA­CIA EL FUTURO Y CON UNA FI­LO­SO­FÍA PECULIAR DE­TRÁS, LA EM­PRE­SA BUSCA CAMINAR HA­CIA LA EXCELENCIA.

Bar­va, Bi­rrí, El Ro­ble, Ca­rri­zal, Cin­co Es­qui­nas, Va­ra Blanca y ahí es­ta­mos: fren­te a no­so­tros, la ca­ta­ra­ta La

Paz. El agua cae y la ima­gen es una for­ma de sim­bo­li­zar lo que ha sido el tra­yec­to has­ta aquí: tran­qui­li­dad; una tran­qui­li­dad que no es usual. Las tie­rras que he­mos re­co­rri­do se sien­ten, en cier­ta for­ma, in­ma­cu­la­das, tan po­co ma­lea­das por el ser hu­mano.

Las mon­ta­ñas y la vegetación abun­dan; los pai­sa­jes son de ad­mi­rar. En el ho­ri­zon­te se di­bu­jan el vol­cán Poás, acom­pa­ña­do por el es­tra­to­vol­cán Con­go. Se ve im­po­nen­te, co­mo siem­pre, pe­ro con ci­ca­tri­ces: es­trías en su la­de­ra, mar­cas de­ja­das por el te­rre­mo­to de Cinchona, co­mu­ni­dad ubi­ca­da so­lo unos mi­nu­tos más ade­lan­te. En ese ins­tan­te to­ma­mos con­cien­cia y em­pe­za­mos a ver los de­ta­lles de la mag­ni­tud de lo que pa­só en el 2009. Pe­ro la na­tu­ra­le­za lo ha de­ja­do atrás. Ella, im­pla­ca­ble, ha re­ves­ti­do de ver­de aque­lla si­tua­ción tan abru­ma­do­ra pa­ra el país.

Y Cinchona, su gen­te, pa­re­ce es­tar más in­tere­sa­da en el futuro. Lo pa­sa­do, des­pués de to­do, es pa­sa­do: de­fi­ni­ti­vo, in­va­ria­ble. La so­cie­dad y los me­dios de co­mu­ni­ca­ción nos he­mos em­pe­ña­do, en es­tos sie­te años, en vol­ver a ver atrás pa­ra ha­blar de una tra­ge­dia sin tra­tar de des­ci­frar el futuro. Ya es his­to­ria, ya aca­bó: el úni­co te­ma en agen­da que va­le la pe­na dis­cu­tir es la Nueva Cinchona.

Jor­ge Bre­nes re­cal­ca lo an­te­rior. El ge­ren­te ge­ne­ral de la di­vi­sión Pro­vee­do­ra El Án­gel (Pro­vea), del Gru­po El Án­gel S. A., no quie­re ha­blar de la fábrica y aquel te­rre­mo­to. Ya di­je­ron to­do lo que ha­bía que de­cir. En aquel en­ton­ces, la fábrica su­frió, co­mo to­do Cinchona. Los da­ños ma­te­ria­les fue­ron irre­pa­ra­bles, ha­bía que re­cons­truir. ¿Ir­se de la co­mu­ni­dad?

¿De­jar a sus tra­ba­ja­do­res sin em­pleo? No, por­que es­to va más allá del di­ne­ro. Vol­vie­ron a em­pe­zar, co­mo to­dos los de­más. En la es­fe­ra pú­bli­ca, la em­pre­sa, que siem­pre ha op­ta­do por un per­fil dis­cre­to, se con­vir­tió en he­roí­na y sím­bo­lo de re­si­lien­cia. Y to­do se vol­vió un cir­co me­diá­ti­co, ex­pre­sa Bre­nes, uno que ya se gas­tó. Él no quie­re ha­blar de lo que pa­só, sino de quié­nes son.

Pa­ra en­ten­der que es el Gru­po El Án­gel se ne­ce­si­ta com­pren­der qué es Cafh. Fun­da­do en la Ar­gen­ti­na, de 1937, por San­tia­go Bo­vi­sio. El gru­po busca

“la li­be­ra­ción in­te­rior, la par­ti­ci­pa­ción cons­cien­te con la hu­ma­ni­dad y la unión con lo di­vino”, se­gún se es­pe­ci­fi­ca en el si­tio web de la or­ga­ni­za­ción.

“No es un gru­po re­li­gio­so — ex­pre­sa Bre­nes—, el ob­je­ti­vo es el de­sen­vol­vi­mien­to es­pi­ri­tual.

Creen en la ne­ce­si­dad del ba­lan­ce: to­dos nos te­ne­mos que lle­var, in­de­pen­dien­te­men­te del cre­do o la ideo­lo­gía. La idea es que la per­so­na sea ca­da día me­jor”.

En 1976, el en­ton­ces di­rec­tor de la se­de cen­tral de Cafh, en Ar­gen­ti­na, Jor­ge Wa­xam­berg, ate­rri­za en

Cos­ta Ri­ca. Un atra­so en su via­je lo mo­ti­va a co­no­cer el país. Se enamo­ra de in­me­dia­to. Cuando vuel­ve a Su­da­mé­ri­ca, co­man­da a un gru­po de miem­bros con el ob­je­ti­vo de ex­ten­der Cafh al país. Vienen me­xi­ca­nos, ar­gen­ti­nos, co­lom­bia­nos y per­so­nas de otras na­cio­na­li­da­des. Hoy, ellos — quí­mi­cos, mé­di­cos y edu­ca­do­res— son las ca­be­zas a car­go de la em­pre­sa.

“Cuando la or­ga­ni­za­ción lle­ga a un nuevo lu­gar, su pro­pó­si­to prin­ci­pal es desa­rro­llar una ac­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca que les per­mi­ta ge­ne­rar fon­dos pa­ra eje­cu­tar pro­yec­tos con el fin de me­jo­rar la ca­li­dad de vi­da pro­pia y de las co­mu­ni­da­des en que vi­ven”, ex­pli­ca Bre­nes.

En su bús­que­da, aque­llos en­via­dos de Cafh en­cuen­tran a la Cinchona de los se­ten­ta: sin elec­tri­ci­dad, sin ser­vi­cios de salud y sin cen­tros de en­se­ñan­za. Hay po­cas opor­tu­ni­da­des de em­pleo —en es­pe­cial pa­ra las mu­je­res—, pe­ro hay le­che y gua­ya­bas. “Sien­do la ma­yo­ría de ellos ar­gen­ti­nos, ¿por qué no dul­ce de le­che? Y tam­bién mer­me­la­das”, apun­ta el re­pre­sen­tan­te de la em­pre­sa.

Pe­ro an­tes de que El Án­gel pu­die­se con­ver­tir­se en la fábrica y dis­tri­bui­do­ra que es hoy, tu­vo que nu­trir a la co­mu­ni­dad. Bre­nes na­rra: “Ellos lle­ga­ron a Cinchona con un pro­ce­so de al­fa­be­ti­za­ción y de pro­mo­ción de la salud. Va­rios de ellos son mé­di­cos y em­pe­za­ron a ofre­cer sus ser­vi­cios a los ha­bi­tan­tes. La Ca­ja Cos­ta­rri­cen­se del Se­gu­ro So­cial se da cuen­ta y em­pie­za a do­nar me­di­ca­men­tos”.

Así fue: po­co a po­co; Cinchona cre­cien­do, y El Án­gel jun­to a él.

Es tal la sim­bio­sis de la com­pa­ñía con la co­mu­ni­dad que el pro­yec­to hi­dro­eléc­tri­co de El Án­gel fue el que pro­ve­yó a la zo­na con luz eléc­tri­ca.

Hoy, la com­pa­ñía cuen­ta con dos plan­tas, una de cua­tro me­ga­va­tios y otra de seis. Lue­go es­tán las otras pe­que­ñas y gran­des ac­cio­nes; de­ma­sia­das pa­ra sis­te­ma­ti­zar­las.

Des­de ayu­das pa­ra cons­truc­ción de vi­vien­das, cla­ses ex­tra­cu­rri­cu­la­res pa­ra ni­ños, ca­pa­ci­ta­cio­nes in­ter­nas den­tro del ho­ra­rio la­bo­ral, has­ta ser­vi­cios de trans­por­te pa­ra tra­ba­ja­do­res y es­tu­dian­tes. De lo de­ter­mi­nan­te a lo mí­ni­mo. El Án­gel ha es­ta­do ahí pa­ra Cinchona, y Cinchona pa­ra El Án­gel. Es por eso que lo ocu­rri­do en el 2009 ge­ne­ra tan­to rui­do pa­ra los so­cios y los co­la­bo­ra­do­res. El no des­pe­dir a na­die, la ayuda ali­men­ta­ria, el brin­dar un te­cho, el no op­tar por otro si­tio… To­do fue re­ci­bi­do por los cos­ta­rri­cen­ses co­mo una no­ve­dad, co­mo una ac­ti­tud de va­len­tía an­te la ad­ver­si­dad, co­mo un nuevo El Án­gel des­pués del te­rre­mo­to. Pe­ro la fi­lo­so­fía ya es­ta­ba ahí, des­de el ini­cio. Lo que ocu­rrió en aque­lla épo­ca fue so­la­men­te el pro­ce­der con na­tu­ra­li­dad, se­ña­la Bre­nes.

La fi­lo­so­fía de El Án­gel de­ter­mi­na a los co­la­bo­ra­do­res co­mo una familia. Y co­mo en to­da familia, la éti­ca del tra­ba­jo es fuer­te. De­pen­dien­do de la de­man­da de pro­duc­ción, el nú­me­ro de tra­ba­ja­do­res ron­da en­tre los 200 y 225 en la fábrica de Cinchona. En to­tal, Gru­po El Án­gel, con sus di­fe­ren­tes sub­di­vi­sio­nes y em­pre­sas aso­cia­das, ge­ne­ra cer­ca de mil em­pleos; 70% en el área ru­ral del país y 30% en el área ur­ba­na.

La plan­ta que se adop­tó co­mo fábrica pro­vi­sio­nal des­pués del te­rre­mo­to es más pe­que­ña que la original, por lo que aho­ra se tra­ba­ja en tres tur­nos en lu­gar de uno. “Es ne­ce­sa­rio pa­ra po­der sa­lir con la pro­duc­ción”, afir­ma Jor­ge Bre­nes. Ya es­tán apro­ba­dos los pla­nes pa­ra una nueva plan­ta, que se­rá más gran­de y se ubi­ca­rá en la pro­pie­dad ale­da­ña. Se es­pe­ra ini­ciar la cons­truc­ción en el 2017.

La jor­na­da ini­cia a las 6:20 a.m.

Des­de ese pri­mer mo­men­to, es agi­ta­da y ca­lien­te. El día de nues­tra vi­si­ta, la zo­na de pro­duc­ción hier­ve con le­che con­den­sa­da, dul­ce de le­che, sal­sa de to­ma­te ti­po ita­liano y két­chup. Sí, sal­sas de to­ma­te. Mar­ca El Án­gel tam­bién hay ja­ra­bes, fri­jo­les, atún, sar­di­nas, gar­ban­zos, chi­les, pa­sas, ra­lla­du­ra de co­co… En to­tal 87 pro­duc­tos en 387 pre­sen­ta­cio­nes di­fe­ren­tes.

“So­mos co­no­ci­dos por el dul­ce de le­che y las mer­me­la­das, por su­pues­to, pe­ro tam­bién he­mos ex­pan­di­do nues­tra ofer­ta a ali­men­tos de dis­tin­tas ca­te­go­rías. Son pro­duc­tos de ex­ce­len­te ca­li­dad, sin adi­ti­vos ar­ti­fi­cia­les”, enun­cia Bre­nes.

Arri­ba se ob­ser­va la fa­cha­da de los re­ma­nen­tes de la vie­ja fá­bri­ca, la cual que­dó inope­ran­te des­pués del te­rre­mo­to y hoy se usa co­mo bo­de­ga. A unos 500 me­tros se en­cuen­tra la plan­ta pro­vi­sio­nal. El pró­xi­mo año ini­cia­rá la cons­truc­ción de las nue­vas...

Por los tu­bos y con­te­ne­do­res flu­yen, hier­vien­do, los pro­duc­tos de El Án­gel des­de tem­pra­nas ho­ras de la ma­ña­na. Los in­gre­dien­tes que se uti­li­zan en las pre­pa­ra­cio­nes se al­ber­gan en una bo­de­ga fres­ca y lim­pia, to­dos de­bi­da­men­te eti­que­ta­dos con fe­cha de...

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