POLITICS… AND EV­ERY­THING ELSE R10, Once upon a time, Casa 8, Ha­vana, 2017

R10, Once Upon a Time, Casa 8, La Ha­bana, marzo-abril 2017

Art On Cuba - - INDEX - Nel­son Her­rera Ysla › ysla@cubarte.cult.cu

(…) No es hasta la se­gunda dé­cada del siglo xxi que Jorge Ro­dríguez Diez (cono­cido como R10), desde su la­bor como dis­eñador, comienza a ex­plo­rar las rela­ciones en­tre el uni­verso de la grá­fica, el dibujo y la pin­tura con el fin de di­namizar esa relación ex­travi­ada quizás, ac­ti­varla en múlti­ples sen­ti­dos, y, de forma su­til, sagaz, asumir la vi­tal­i­dad de uni­ver­sos cul­tur­ales cor­re­spon­di­entes a dé­cadas pasadas (algo que hoy co­bra in­au­dita ac­tu­al­i­dad con los cam­bios que vienen op­erán­dose en la so­ciedad cubana y, de man­era es­pe­cial, con la re­ac­ti­vación de las rela­ciones con los Es­ta­dos Unidos desde fi­nales del año 2014).

Asom­bro me ha cau­sado su más re­ciente ex­hibi­ción re­al­izada en La Ha­bana luego de otras an­te­ri­ores que ac­tu­aron como inda­ga­ciones en temas y pre­ocu­pa­ciones sim­i­lares. Las obras, en un mismo for­mato, como ver­daderos carte­les de cualquier época, ir­ra­dian los pre­supuestos y los códi­gos de una cul­tura vis­ual que dom­inó du­rante más de treinta años el es­pa­cio grá­fico y sim­bólico de la cul­tura cubana (aunque su le­jano ori­gen se re­monta a las dé­cadas de 1910 y 1920), y que fue olvi­dada o, en el mejor de los ca­sos, neu­tral­izada por la por­ten­tosa avalan­cha con­tra­cul­tural de los años sesenta y las velei­dades post­mod­er­nas de los años ochenta que per­du­ran hasta nue­stros días (con­cep­tu­al­ismo y min­i­mal­ismo por medio, con to­das sus vari­antes lo­cales y re­gionales).

(…) R10 aplica el color de man­era plana, sin trans­paren­cias o mat­ices tonales (de man­era sospe­chosa­mente cer­cana a la seri­grafía): ocu­pan el es­pa­cio ex­acto es­cogido por él sin detri­mento del dibujo o la ilus­tración que “narra” o de­scribe una ac­ti­tud o una ac­ción en cor­re­spon­den­cia con el texto que re­mata y cul­mina el dis­curso to­tal de la obra. No hay ca­bos suel­tos, no hay nada aban­don­ado al azar en esas obras que sería difí­cil clasi­ficar como dibu­jos, carte­les, pin­turas. Re­sul­tan todo eso a la vez, lo que las hace úni­cas en el panorama del arte con­tem­porá­neo cubano.

(…) Sus obras in­ducen, afor­tu­nada­mente, a una cierta re­flex­ión so­bre nues­tra re­al­i­dad cam­biante sin ser eti­que­tadas de arte político, so­cial. Su in­trínseca nat­u­raleza apunta ha­cia otras di­rec­ciones, en apari­en­cia, pero tra­scien­den la misma al sug­erir lec­turas in­fini­tas. Sin querer asumir­las como arte político, lo son en el fondo de cualquier dis­cusión, aun si ello im­plica asus­tar a cualquier anal­ista orto­doxo y es­colás­tico de la historia y la crítica de arte.

Es la man­era que él ha en­con­trado de par­tic­i­par en el de­bate ac­tual so­bre nue­stro pre­sente y fu­turo desde el arte, desde el pasado y su in­ob­jetable pres­en­cia (…) Y lo ha he­cho de man­era el­e­gante, del­i­cada, en­viando guiños y citas cul­tur­ales al por mayor, so­bre todo para aque­l­los in­for­ma­dos, pro­vis­tos de conocimien­tos ac­erca de Cuba y de otras cul­turas. No re­al­iza un arte para com­placer modas ni ten­den­cias al uso, sino para es­table­cer conex­iones pro­fun­das con el legado y el pat­ri­mo­nio de un país (…).

El público no avisado, may­ori­tari­a­mente joven, tal vez de­sconoce el al­cance de es­tas obras y su plu­ral sig­nifi­cación cul­tural y política.

R10 tra­baja, pues, con­tra viento y marea, con­sciente de que no siem­pre sus ideas lle­garán a donde él quiere. De ahí que sea, con toda prob­a­bil­i­dad, un ente soli­tario, un creador dis­tante de gru­pos y ten­den­cias. Tam­poco será con­sid­er­ado miem­bro de las “gen­era­ciones del mile­nio”, in­tere­sadas en asun­tos bien dis­tantes a los suyos. ¿En qué lu­gar se en­cuen­tra este artista? ¿En cuál grupo in­cluirlo? ¿Qué crítico o cu­rador lo in­vi­tará a for­mar parte de sus proyec­tos? ¿Cuál fe­ria o bienal se in­tere­sará por sus obras?

Sospe­cho que ex­per­i­men­tará la soledad de Rafael Blanco, Valls, García Cabrera, cuyas obra solo mu­chos años de­spués en­con­traron res­o­nan­cias viv­i­f­i­cantes en la cul­tura de su país de­bido a esa es­pe­cial visión del mundo y del arte. Su­fi­ciente tiempo tiene, creo, para es­perar… aunque eso parece no pre­ocu­parle. ƒ

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