MICHI­GAN PAINTER Ge­orge Var­gas › var­gas.ge­orge@sbc­global.net

Art On Cuba - - INDEX - Ge­orge Var­gas

En el período de arte mod­erno del siglo xx al­gunos artis­tas lati­nos par­tic­i­paron en los proyec­tos fed­erales de pin­tura mu­ral de los Es­ta­dos Unidos. Es­tos proyec­tos públi­cos de arte es­tu­vieron in­flu­en­ci­a­dos di­rec­ta­mente por el movimiento mu­ral­ista mex­i­cano de los años veinte y treinta, tanto ide­ológ­ica como es­téti­ca­mente. En Michi­gan, a pe­sar del in­terés gen­eral en el ci­clo de fres­cos Detroit In­dus­try (La in­dus­tria de Detroit) de Diego Rivera (1932-1933) en el Detroit In­sti­tute of Arts, el arte lati­noamer­i­cano nor­mal­mente ofrecía menos co­men­tar­ios so­ciales y más ex­pre­sión in­di­vid­ual que abar­caba un panorama de es­ti­los y es­téti­cas. Mu­chos creadores lati­noamer­i­canos no hacían ref­er­en­cia a el­e­men­tos de su propia cul­tura en su tra­bajo, sino que en su lu­gar se in­clin­a­ban por el arte es­table­cido en su búsqueda de un sen­tido per­sonal. En­tre los artis­tas es­table­ci­dos que tra­ba­ja­ban en Michi­gan, Car­los López, nacido en Cuba (1908 o 1910-1953) fue uno de los pin­tores mod­er­nos más re­cono­ci­dos en los Es­ta­dos Unidos. Du­rante su vida recibió mu­chos en­car­gos y pre­mios pres­ti­giosos. Re­tratista y paisajista con es­tu­dios su­pe­ri­ores, López sirve de vín­culo histórico vi­tal conectando el arte mod­erno norteam­er­i­cano de Michi­gan con una nueva historia lati­noamer­i­cana. Como uno de solo unos cuan­tos artis­tas de Michi­gan, lati­nos o no, que recibían en­car­gos de mu­rales fed­erales, López tam­bién hizo con­tribu­ciones im­por­tantes al de­sar­rollo del arte mu­ral­ista norteam­er­i­cano gra­cias a sus mu­rales históri­cos en Michi­gan e Illi­nois. Su tra­bajo per­mite com­pren­der mejor la historia cul­tural de la pres­en­cia latina en Michi­gan, al igual que nos da una visión única de la cul­tura pop­u­lar de los Es­ta­dos Unidos. Por 20 años López jugó un pa­pel in­fluyente en la vida artís­tica de Ann Ar­bor y Detroit como pro­fe­sor de arte, artista y norteam­er­i­cano ded­i­cado, pero aun hoy, para el público en gen­eral, sigue siendo una figura enig­mática en la historia de Michi­gan.

Car­los López nació en La Ha­bana, Cuba, de padres es­pañoles. Pasó sus primeros años en Es­paña, y a los 11 emi­gró con su fa­milia a los Es­ta­dos Unidos, donde recibió una ed­u­cación artís­tica típi­ca­mente norteam­er­i­cana. López, artista ver­sátil de cal­i­dad ex­cep­cional, pintó a su amada Michi­gan y adoptó el país en tér­mi­nos mod­er­nos, rep­re­sen­tando el nuevo es­píritu del arte norteam­er­i­cano de esos tiem­pos me­di­ante sus obras y en­señan­zas. López es­tudió primero con Ge­orge Rich en la Detroit Art Academy y más tarde con Charles

St. Pierre en el Art In­sti­tute of Chicago. Tam­bién es­tudió bajo la tutela de Leon Makiel­ski, paisajista, re­tratista y pro­fe­sor de arte de la Univer­si­dad de Michi­gan. López ex­puso por primera vez en Detroit en en­ero de 1932; poco de­spués fue di­rec­tor de la Detroit Art Academy de 1933 a 1937, y más tarde pro­fe­sor de la Meinzinger School of Art de Detroit de 1937 a 1942. Tras una breve tit­u­lar­i­dad como in­struc­tor en la Sum­mer School of Paint­ing de Sau­gatuck, Michi­gan, en 1944, López fi­nal­mente se con­vir­tió en pro­fe­sor de arte de la Univer­si­dad de Michi­gan en 1945, y vivió en Ann Ar­bor hasta su muerte en 1953. Mae­stro del óleo y la acuarela, com­pi­tió a menudo en la Michi­gan

Artists Ex­hi­bi­tion (Ex­posi­ción de artis­tas de Michi­gan) y ganó una serie de pre­mios im­por­tantes, in­clu­ida la Medalla de Oro del Scarab Club en 1938 por su pin­tura, Boy with Bow (Niño con arco), el es­tu­dio de un joven se­rio y pen­sativo ten­sando la cuerda de su arco de madera. (…) López se pre­sentó a muchas mues­tras na­cionales y del Es­tado, ganando más pre­mios y re­conocimiento de la crítica. Los pre­mios lo­cales in­cluyen el Premio Haan en 1936, el Premio de Arte Mod­erno en 1938, la Medalla de Oro de Scarab en 1938, y el Premio Kahn en 1940. Se destacó en las ex­posi­ciones de la ci­u­dad en el Detroit In­sti­tute of Art, el Detroit Scarab Club y el Detroit Artists’ Mar­ket du­rante este primer período de su car­rera. Tam­bién ex­puso en la Golden State Ex­hi­bi­tion en 1936 y en la Fe­ria Mundial de Nueva York en 1939.

(…) Como pro­fe­sor, Car­los López era cono­cido por su leal­tad y de­vo­ción a sus es­tu­di­antes, quienes lo mira­ban con ad­miración y car­iño. Tras su muerte, a su es­posa in­medi­ata­mente le llovieron so­lic­i­tudes de an­tiguos es­tu­di­antes de arte pidién­dole com­prar sus obras. Por suerte para es­tu­di­antes y amigos, or­ga­nizó en la Galería Forsythe de Ann Ar­bor una ex­posi­ción y venta de su tra­bajo, que in­cluyó una colec­ción de var­ios tipos de dibu­jos, al­gunos com­ple­ta­dos y fir­ma­dos hacía poco, y al­gunos es­tu­dios para fu­turas pin­turas. Han pasado dé­cadas y Car­los López, artista norteam­er­i­cano por ex­ce­len­cia, lamentable­mente sigue siendo un pintor olvidado de Michi­gan, ig­no­rado en gran parte por las fig­uras promi­nentes del mundo del arte. Aunque su arte está rep­re­sen­tado en al­gunos museos y colec­ciones pri­vadas, López no ha sido cel­e­brado en ninguna ex­posi­ción de gran im­por­tan­cia desde su muerte pre­matura. In­cluso su amada Univer­si­dad de Michi­gan, donde en­señó du­rante años, no ha ex­hibido el tor­rente de su fuente creativa. Así fue, hasta que este au­tor ayudó a or­ga­ni­zar su ex­posi­ción per­sonal en la Univer­si­dad de Val­paraíso en In­di­ana en 2016, donde el arte y la heren­cia his­pánica de López atra­jeron un ren­o­vado in­terés. ƒ

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