Mar­i­lyn Sampera

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Jose Villa es el es­cul­tor cubano de mayor sig­nifi­cación in­ter­na­cional con la pres­en­cia de su obra en var­ios es­pa­cios na­cionales e in­ter­na­cionales. Nacido en San­ti­ago de Cuba, (1950) grad­u­ado de la Academia de las Artes Plás­ti­cas de Praga eligió dis­tan­cia­rse de una for­ma­ción a la que de­bía la obe­di­en­cia a las prop­ues­tas del re­al­ismo más acen­drado para atre­verse con las for­mas de un ab­strac­cionismo que pro­ponía volúmenes y for­mas ale­jadas de lo apren­dido.

Villa es un artista que además de ex­poner el cau­dal de su obra en Museos y galería ha ded­i­cado una im­por­tante con­tribu­ción de su trabajo a la pres­en­cia de su obra en el es­pa­cio público. Suele tra­ba­jar ma­te­ri­ales per­durables, fun­da­men­tal­mente la piedra, el bronce, acero y acero corten, en for­matos que se proyectan en to­das las es­calas; me­di­ano, gran es­cala y su más re­ciente prop­uesta en joyas es­cultóri­cas.

El artista ha par­tic­i­pado en de­ce­nas de sim­po­sios in­ter­na­cionales de es­cul­tura y sus obras es­tán em­plazadas en difer­entes ciu­dades del mundo.

Mues­tra de su vo­cación por la proyec­ción pública de su trabajo lo son obras de con­no­tada sig­nifi­cación pop­u­lar: su John Len­non sen­tado en un Par­que del Vedado , su Ca­ballero de Paris, an­dariego por la Habana Vieja, su Ernest Hem­ing­way, dis­puesto a dis­fru­tar un daiquirí junto a la barra del bar Floridita o su Madre Teresa de Cal­cuta, en­tre­gada a las es­crit­uras y el recogimiento en la paz de un con­vento , bas­tarían para ejem­pli­ficar la sin­gu­lar­i­dad de su cre­ativi­dad , al dotar a los per­son­ajes de un re­al­ismo hu­mano es­en­cial cuya par­tic­u­lar­i­dad re­side en la captación de la per­son­al­i­dad del per­son­aje rev­e­lado.

En el artista se da la di­co­tomía del hace­dor que, junto a su obra mon­u­men­tal y de me­di­ano for­mato, re­al­iza piezas de carác­ter ab­stracto de la mayor trascen­den­cia, de una es­plen­dida per­fec­ción for­mal y de una sofisti­cada imag­in­ería. Ex­pre­sión de su mod­ernidad y buen gusto es la serie Mu­tan­tía ex­puesta en el 2010 en el Museo Na­cional de Bel­las Artes de Cuba. En esta ex­posi­ción se acen­túa su fil­iación al ab­strac­cionismo que ha man­tenido in­al­ter­able, rev­e­lando su in­qui­etud por crear es­truc­turas visuales a par­tir de la recreación de fig­uras ge­ométri­cas (…) En este pro­ceso el con­cepto de la es­pi­ral le per­mite tran­si­tar a través de una dinámica que le procura trascen­der el es­píritu de lo es­tático.

La es­pi­ral sim­boliza crec­imiento y evolu­ción; rep­re­senta el pro­ceso de volver al mismo punto –una vez y otra– pero siem­pre en un nivel difer­ente y su­pe­rior, de modo que cada paso es percibido con una nueva luz (…) Esta nueva prop­uesta de José Villa de­viene metá­fora de su ex­ce­lente trayec­to­ria artís­tica. Es­ta­mos ante la es­pi­ral creativa de su obra que lo con­duce de la es­cul­tura de galería a la es­cul­tura mon­u­men­taria y am­bi­en­tal para re­gre­sar, en­tonces, al pe­queño for­mato con obras de or­febr­ería que no re­nun­cian a su carác­ter es­cultórico, an­i­madas por el con­cepto de lo ab­stracto ge­ométrico y pletóri­cas de una belleza sub­yu­gante.

En su más re­ciente pro­duc­ción Villa nos sor­prende con la re­al­ización de Joyas –con 10 edi­ciones cada una– dis­eñadas por el artista e in­de­fectible­mente mar­cadas por la im­pronta de su poética per­sonal. Re­fi­namiento, equi­lib­rio y un toque de mis­te­rio sig­nan al re­sul­tado de este ejer­ci­cio min­i­mal­ista que evoca for­mas ya cono­ci­das de su

pro­duc­ción pero que en ningún caso las repite, puesto que Villa ha op­tado por eje­cu­tar crea­ciones orig­i­nales que vienen a in­cre­men­tar su es­plén­dido imag­i­nario.

En esta nueva di­men­sión de la es­cala, Villa nos ofrece una ejem­plar dis­ertación so­bre la di­men­sión ex­pre­siva de “lo pe­queño”. Tra­baja volúmenes anál­o­gos a los que car­ac­ter­i­zan a sus es­cul­turas, solo que ahora las for­mas pueden ser por­tadas, a man­era de pren­das, por el es­pec­ta­dor que las dis­fruta. De eso se trata: las es­plén­di­das obras de Villa, for­jadas con esa ex­ul­tante del­i­cadeza que trasluce un exquisito do­minio del ma­te­rial –oro, plata, bronce– hayan eco en joyas es­cultóri­cas que más allá de piezas vi­sion­adas en el lu­gar de ex­hibi­ción pasarán a ser propiedad per­sonal de los ex­i­gentes, afor­tu­na­dos y com­placidos usuar­ios.

Se trata del mismo artista que apeó de los pedestales a los en­cum­bra­dos per­son­ajes del arte con­mem­o­ra­tivo para trans­for­mar el con­cepto del mon­u­mento, y que ha poblado de her­mosas obras am­bi­en­tales la ge­ografía cubana y de otros mu­chos lugares del plan­eta. El José Villa de siem­pre, que hoy paten­tiza su mag­is­te­rio en la más ín­tima de las es­calas com­ple­tando con es­tas joyas es­cultóri­cas, cual dimin­uta ver­sión de la belleza pren­dida, la mar­avil­losa es­pi­ral de su creación. ƒ

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