Llilian Llanes

Art On Cuba - - Index - [email protected]

Ex­iste una ten­den­cia a en­fa­ti­zar las de­fi­cien­cias y lim­ita­ciones del sis­tema ed­u­ca­cional in­stau­rado en Cuba a ini­cios del siglo XX y a rec­hazar de plano, la in­flu­en­cia que sus in­sti­tu­ciones pudieron haber tenido en la preparación de los jóvenes que ir­rumpieron en la es­cena in­t­elec­tual y artís­tica del país, en el dece­nio de 1920. Al menos esa es la per­spec­tiva que ha prevale­cido en el ám­bito del arte, den­tro del cual tuvo un par­tic­u­lar pro­tag­o­nismo la Academia de

San Alejandro.

Sin em­bargo, no se puede ig­no­rar que den­tro de sus aulas se for­maron las primeras gen­era­ciones de artis­tas re­pub­li­canos, tanto los que pre­tendieron garan­ti­zar la con­tinuidad de sus mod­e­los, como la mayor parte de los que se ocu­paron de su ren­o­vación y que más tarde serían iden­ti­fi­ca­dos como los in­tro­duc­tores del van­guardismo en el arte cubano.

Re­sulta cu­rioso que uno de el­los, en el otoño de su vida, al señalar el “daño que había hecho a la cul­tura cubana la Academia de San Alejandro”, se pre­gun­tara igual­mente cómo había sido posi­ble que de ese lu­gar “a pe­sar de todo, surgiéramos to­dos los que comen­zamos a pin­tar con cri­te­rios pro­pios allá por los años veinte”.1

Quizás con el paso del tiempo, este pi­o­nero de la van­guardia que en su opor­tu­nidad ar­remetió con­tra la sec­u­lar in­sti­tu­ción, hu­biera per­dido su re­beldía de an­taño. Pero tam­bién es posi­ble que desde la dis­tan­cia, ga­nara en ob­je­tivi­dad. De cualquier man­era, sus du­das con­fir­man la necesi­dad de prestarle una mayor aten­ción al de­sem­peño de la Academia y a su in­flu­en­cia so­bre la prác­tica artís­tica de esta etapa, cuya im­por­tan­cia a es­tas al­turas, nadie se atrevería a ne­gar.

Desde su fun­dación en 1818, fue una in­sti­tu­ción gra­tuita que primero es­tuvo bajo los aus­pi­cios de la So­ciedad Económica de Amigos del país,2 hasta que en 1863 pasó a for­mar parte del sis­tema gen­eral de en­señanza. Fue en­tonces, al de­cir de Jorge Mañach, “cuando la in­grat­i­tud o la ig­no­ran­cia cam­biáronle el nom­bre por el de Es­cuela Pro­fe­sional de Pin­tura y Es­cul­tura de La Habana…en con­tra de la in­er­cia reivin­di­cadora del pue­blo”.3

Du­rante mu­cho tiempo, to­dos sus di­rec­tores fueron ex­tran­jeros. El primer cubano que la di­rigió fue Miguel Melero Ro­dríguez (1836–1907) pintor y es­cul­tor que adquirió cele­bri­dad no sólo por su obra pic­tórica en la que ex­hibió un no­table ofi­cio, sino fun­da­men­tal­mente por su la­bor pedagóg­ica y por sus aportes a esta in­sti­tu­ción al frente de la cual es­tuvo de 1878 a 1907. Nacido en La Habana, comenzó sus es­tu­dios de pin­tura y dibujo en el Liceo y en 1850 ma­triculó en la Academia de San Alejandro donde se graduó como pintor y es­cul­tor. En 1867 recibió una sub­ven­ción que le per­mi­tió cono­cer los prin­ci­pales museos de Es­paña, Fran­cia e Italia y es­tu­diar las obras de los grandes mae­stros del arte eu­ropeo.

A su re­greso a Cuba de­sar­rolló una ex­tensa obra tanto en pin­tura como en es­cul­tura destacán­dose en el re­trato de tono román­tico y del­i­cado re­al­ismo, pero so­bre todo en las com­posi­ciones de temática histórica y mi­tológ­ica para cuya in­spiración se servía de los mod­e­los vis­tos en Es­paña y Fran­cia. Su am­plio sen­tido de la com­posi­ción se ev­i­den­cia en las obras ex­pues­tas en la colec­ción per­ma­nente del Museo Na­cional de Bel­las Artes, ya sea en el óleo tit­u­lado Colón ante el Con­sejo de Sala­manca como en El rapto de De­janira por el cen­tauro Nesso, am­bas re­al­izadas de­spués de su ar­ribo a Cuba en el dece­nio de los se­tenta. Tam­bién in­cur­sionó en la es­cul­tura donde dejó var­ios ejem­p­los de bus­tos, medal­lones y al­gu­nas es­tat­uas, siendo de obli­ga­to­ria men­ción la de Colón re­al­izada para los matanceros y la de José An­to­nio Cortina en la tumba del pa­tri­arca en el ce­mente­rio ha­banero.

Ha­bi­endo obtenido el cargo de di­rec­tor de la Academia por oposi­ción, se de­sem­peñó como tal por casi treinta años, lo que le per­mi­tió ejercer una enorme in­flu­en­cia en las gen­era­ciones de pin­tores que le sucedieron, a quienes trasmi­tió su afi­ción por los lengua­jes pro­pios del ro­man­ti­cismo y el re­al­ismo. Fue tam­bién quien en­señó a sus alum­nos de pin­tura, el uso del preparado en grises como medio básico de val­o­ración, téc­nica que in­tro­dujo en sus clases de Col­orido, asig­natura que por mu­cho tiempo im­par­tió, antes de asumir la de Anatomía Pic­tórica, Per­spec­tiva e Historia el Arte. Se de­bió tam­bién a su ini­cia­tiva, la mod­i­fi­cación del reglamento de la Academia que per­mi­tió el in­greso por primera vez a sus aulas del sexo fe­menino.

En 1907 fal­l­e­ció Miguel Melero de­jando la di­rec­ción de la es­cuela a su an­tiguo dis­cípulo Luis Men­doza quien se ocu­paría de man­tener los pre­cep­tos del viejo mae­stro. Miguel Melero quedó así in­scrito en la historia del arte cubano y para bien o para mal, su huella per­maneció vi­gente por mu­cho tiempo, aún de­spués de que su pres­en­cia física de­sa­pareciera de los pasil­los de la es­cuela.

Por este y mu­chos otros mo­tivos, sirva este modesto re­cuerdo como sin­cero hom­e­naje en el cen­te­nario de su muerte y como con­stan­cia del re­speto que la Academia de San Alejandro le debe a quien fuera el primer di­rec­tor de ori­gen cubano de nuestra bi­cen­te­naria in­sti­tu­ción. ƒ

1. José Seoane Gallo: Ed­uardo Abela cerca del cerco. Edi­to­rial

Le­tras Cubanas, La Habana, 1986, p. 126.

2. Para mayor in­for­ma­ción so­bre la in­sti­tu­ción ver Luz Merino:

Apuntes para un es­tu­dio de la Academia de San Alejandro.

En Re­vista de la Bi­b­lioteca Na­cional José Martí. En­ero abril, 1976, La Habana, Cuba, pág. 117. Igual­mente: La pin­tura y la Es­cul­tura

en Cuba, edi­ción del cen­te­nario, La Habana, Cuba, 1952. Tam­bién Jorge Mañach: La pin­tura en Cuba. Publi­cación del Club Cubano de Bel­las Artes, La Habana, 1925.

3. Jorge Mañach: La pin­tura en Cuba, op. cit.

Newspapers in English

Newspapers from Cuba

© PressReader. All rights reserved.