Clau­dia González Machado › [email protected]

La du­al­i­dad de una obra y la evanes­cen­cia de un artista

Art On Cuba - - Index - Clau­dia González Machado

¿Por qué no hay muñe­cos ne­gros para los niños? ¿Por qué casi siempre son blan­cos y tan pare­ci­dos en­tre sí? ¿Y por qué las pocas muñe­cas ne­gras que ex­is­ten, al menos en Cuba, re­miten por lo gen­eral a la re­ligión, la marginación o la bru­jería? Es­tas y otras pre­gun­tas, sin sen­tido para mu­chos, son las que pasan por la mente de René Peña, artista cubano nacido en 1957, de for­ma­ción au­to­di­dacta, que se aden­tró en el uni­verso de la fo­tografía a fi­nales de los años ochenta y con­sti­tuye hoy uno de sus más no­ta­bles ex­po­nentes.

Peña se con­sid­era a sí mismo un hom­bre común y cor­ri­ente. Su vida ha sido rica en ex­pe­ri­en­cias dis­ímiles (prac­ticó de­portes, es­tudió música clásica, ejer­ció como pro­fe­sor de Len­gua In­glesa –fue eso lo que es­tudió en la Univer­si­dad de La Ha­bana–, es­tudió francés, además de haber tomado fo­tos de todo cuanto quiso). Amante del rock and roll, del jazz, del cine de San­ti­ago Ál­varez, de la cartelís­tica cubana de ini­cios de la Revolu­ción, de la pro­pa­ganda so­viética, del uni­verso mul­ti­facético de la pub­li­ci­dad, de Rauschen­berg y del pop art, de Sal­vador Dalí… de los peces, de las aves, y de un mon­tón de cosas más, sin eludir la propia vida. Ene­migo de la hipocre­sía. ¿Un ‘tipo' común y cor­ri­ente? Sí, pero yo diría más: un ‘tipo' de su tiempo, un hom­bre de mu­chos ‘por qué' y un artista ex­cep­cional, que crea porque lo siente y no por com­placer en­car­gos o ex­pec­ta­ti­vas aje­nas. Alma in­qui­eta e in­sat­is­fecha, que pre­fiere ‘coci­nar' muy bien sus ideas y obras antes de ar­ro­jar­las a la luz pública.

(…) Con el paso de los años, René, ‘Pupy' o Peña, ha de­ci­dido ale­jarse de los tí­tu­los y las se­ries. Siente que los ró­tu­los ‘en­car­ce­lan' su obra con una idea pre­con­ce­bida, y nada más le­jano a sus propósi­tos. No ob­stante, la may­oría de sus obras ini­ciales pertenecen a gru­pos tit­u­la­dos. Tal es el caso de “Ha­cia aden­tro” (1989–1993), su primera serie, en la que prevale­cen com­posi­ciones no ma­nip­u­ladas…y en las que se ob­serva un re­speto por la pureza y espon­tanei­dad de lo reg­istrado.

(…) La con­tem­plación, a ve­ces casi voy­erista, so­bre­sale, pero no sin un halo crítico, ya sea ha­cia la so­ciedad, la fa­milia, la re­ligión o la política, in­sti­tu­ciones to­das que nos de­finen y apre­san, y cuya crítica con­sti­tuye el mo­tivo es­en­cial de la obra del artista. Según sus propias pal­abras, “to­dos es­ta­mos in­sti­tu­cional­iza­dos pero to­dos creemos que so­mos in­di­vid­uos úni­cos. Esta du­al­i­dad es lo que mo­tiva mi obra.”

(…) El arte fo­tográ­fico de Peña es­capa a los en­casil­lamien­tos. No pode­mos verlo como un fotó­grafo solo de blan­cos y ne­gros, ni como un Map­plethorpe ‘a lo cubano'. El artista em­plea el color en un sen­tido sim­bólico, bien para reafir­mar la pres­en­cia (o ausen­cia) de un ob­jeto de­ter­mi­nado (Sad Blue Child, 2008; serie “Icon”, 2006) o como ca­mu­flaje y con­traste con su pro­pio cuerpo (Dakota Blue,

1993; Un­ti­tled, 2008), y tra­sciende las cues­tiones de género y de na­cional­i­dad, aunque am­bas es­tén pre­sentes en su obra.

(…) Sus ref­er­entes son di­ver­sos, desde piezas in­signes de la his­to­ria del arte (así lo ev­i­den­cian obras como Black Marat, 2009; Un­ti­tled, 2006; o Rhino, 2017), hasta la pub­li­ci­dad, el con­sum­ismo (serie “Public Duty”, 2004–2005), el diseño (Green Leaves De­sign and Watch, 2008), el mer­cado del arte (Galería, 2009), la moda (Don Al­go­dón, 1993), las viven­cias per­son­ales o las obras de al­gunos fotó­grafos in­fluyentes en su creación, como es el caso de los cubanos Marta María Pérez y Ed­uardo Muñoz, o el griego Lu­cas Sa­ma­ras.

Decía Ni­et­zsche que “Todo espíritu pro­fundo tiene necesi­dad de una más­cara”. Y aunque Peña quiera a ve­ces pasar de­sapercibido, ahí es­tán sus más­caras, las múlti­ples ‘caras' de la som­bra, la luz, la se­duc­ción, lo grotesco, la du­al­i­dad… en unas fo­tografías que se quieren (y lo­gran ser) in­de­pen­di­entes, cuya belleza rad­ica pre­cisa­mente en su au­t­en­ti­ci­dad, polisemia, in­sin­uación; en su lib­er­tad para hacer sen­tir y no para generar un frío análi­sis desde pos­turas es­trechas y dog­máti­cas. ƒ

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