¿QUÉ DE­BES SA­BER SO­BRE LOS GLO­BOS AEROSTÁTICOS?

Excelencias del Motor - - Sumario/Contents - POR/BY: RO­CÍO BARO CA­TE­GO­RÍA

WHAT SHOULD YOU KNOW ABOUT AEROSTATIC BALLOONS?

PA­RA CO­NO­CER MÁS SO­BRE ES­TE ATRAC­TI­VO ME­DIO DE TRANS­POR­TE, TE RESEÑAMOS AL­GU­NOS DA­TOS CU­RIO­SOS QUE NO PUE­DES DE­JAR DE SA­BER SO­BRE LOS GLO­BOS AEROSTÁTICOS.

Cuen­ta la his­to­ria que el pri­me­ro en ele­var un glo­bo de ai­re ca­lien­te no tri­pu­la­do fue el sa­cer­do­te bra­si­le­ño Bar­to­lomeo de Gus­mão. Es­te he­cho tu­vo lu­gar en 1709 en la Ca­sa de In­dias de Lis­boa, an­te la cor­te del rey Juan V de Por­tu­gal. Sin em­bar­go, son los her­ma­nos Jo­seph y Jac­ques Mont­gol­fier —fran­ce­ses— los que han pa­sa­do a la his­to­ria co­mo in­ven­to­res del glo­bo ae­ros­tá­ti­co. Ha­cien­do la pri­me­ra de­mos­tra­ción pú­bli­ca de su in­ven­to en 1783.

CÓ­MO FUN­CIO­NAN

Los glo­bos aerostáticos no vue­lan, sim­ple­men­te se elevan. Sir­vién­do­se del prin­ci­pio de los flui­dos de Ar­quí­me­des y lue­go de que es­tu­dios en el cam­po de la Fí­si­ca de­mos­tra­ran que el ai­re ca­lien­te pe­sa me­nos que el frío; la prác­ti­ca es­ta­ble­ci­da pa­ra los glo­bos aerostáticos con­sis­te en lle­nar el glo­bo de ai­re con un ven­ti­la­dor y lue­go ca­len­tar es­te ai­re a una tem­pe­ra­tu­ra en­tre los 80 y los 110 gra­dos.

Cuan­do el glo­bo as­cien­de, el pi­lo­to de­be ser­vir­se de las corrientes de ai­re pa­ra lle­var­lo de un lu­gar a otro. Se com­po­nen de la bol­sa que con­tie­ne el gas —por la que po­pu­lar­men­te se le co­no­ce co­mo glo­bo— a cu­ya par­te in­fe­rior se ata una su­per­fi­cie co­no­ci­da co­mo bar­qui­lla don­de se ins­ta­lan los pa­sa­je­ros, cuen­ta ade­más con bol­sas de las­tre que se van sol­tan­do en la me­di­da que se desee as­cen­der más y en los úl­ti­mos tiem­pos es obli­ga­to­rio equi­par­los con un ex­tin­tor pa­ra ca­sos de in­cen­dio.

PRI­ME­ROS PA­SA­JE­ROS

Los pri­me­ros pa­sa­je­ros de es­te me­dio de trans­por­te fue­ron una ove­ja, un pa­to y un ga­llo que des­pe­ga­ron des­de Ver­sa­lles en 1783 a bor­do del glo­bo de los her­ma­nos Mont­gol­fier. Es­tos sin­gu­la­res pa­sa­je­ros tu­vie­ron co­mo tes­ti­gos de su vue­lo a to­da la cor­te fran­ce­sa de la épo­ca, en­ca­be­za­da por el rey Luis XVI y su es­po­sa Ma­ría An­to­nie­ta. Jus­to un mes des­pués Pi­la­tre de Ro­zier y el mar­qués de Ar­lan­des se con­vier­ten en los pri­me­ros de la ra­za hu­ma­na en pa­sear en glo­bo.

JU­LIO VER­NE

En la li­te­ra­tu­ra los glo­bos aerostáticos tam­bién tie­nen su es­pa­cio, fue­ron in­mor­ta­li­za­dos en la obra de Ju­lio Ver­ne: La vuel­ta al mun­do en 80 días. Es­te he­cho aban­do­nó la cien­cia fic­ción pa­ra con­ver­tir­se en un he­cho cuan­do en 1999 el sui­zo Ber­trand Pic­card y el bri­tá­ni­co Brian Jo­nes le die­ron la vuel­ta al mun­do en glo­bo na­da más y na­da me­nos que en 19 días, 21 ho­ras y 55 mi­nu­tos, a bor­do del Breitling Or­bi­ter III.

Lue­go de co­no­cer es­tos he­chos so­bre los glo­bos aerostáticos, ¿no se te an­to­ja pa­sear en uno?

Her­ma­nos Jo­seph y Jac­ques Mont­gol­fier

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