LUIS DO­MÍN­GUEZ

Ritmo Social - - Sumario.Entrevistas - en­tre­vis­ta Nat­ha­lie Her­nán­dez fo­to Ju­lio Cé­sar Pe­ña

CON­VER­SA­MOS CON EL DI­SE­ÑA­DOR FA­VO­RI­TO DE LAS DA­MAS MÁS DISTINGUIDAS DE NUES­TRA SO­CIE­DAD, ENCABEZANDO SU LIS­TA LA PRI­ME­RA DE TO­DAS ELLAS: CÁN­DI­DA MONTILLA DE ME­DI­NA.

¿Quién es Luis Do­mín­guez más allá del di­se­ña­dor que to­dos co­no­ce­mos?

(Ri­sas). Bueno, co­men­za­mos con la más fuer­te….. muy po­cos me co­no­cen más allá de lo pro­fe­sio­nal. Soy muy her­mé­ti­co y re­ser­va­do con mi vi­da per­so­nal, de he­cho muy po­cos me re­co­no­cen fí­si­ca­men­te; no me ex­pon­go en nin­gu­na red so­cial, pe­ro pue­do de­cir que soy un ser hu­mano ex­tre­ma­da­men­te sen­ci­llo, amante de las co­sas más sim­ples que nos ofre­ce la vi­da co­mo con­tem­plar el mar, to­mar unas co­pas de buen vino, de­gus­tar al­gún dul­ce sa­bro­so y vi­vir mo­men­tos me­mo­ra­bles con mis se­res que­ri­dos, pe­ro, an­te to­do, mis con­ver­sa­cio­nes con Dios... con eso soy más fe­liz.

¿Con qué sue­ñas?

Siem­pre he soñado con que mu­chas mu­je­res del mun­do pue­dan lle­var mis ves­ti­dos, sue­ño con per­der el mie­do a los avio­nes (me en­can­ta­ría) via­jar más y con una ca­si­ta en la mon­ta­ña pa­ra re­ti­rar­me.

¿Cuál es tu mo­men­to de ma­yor ins­pi­ra­ción?

Lle­ga cuan­do me reúno por pri­me­ra vez con mis no­vias o clien­tas y me cuen­tan to­dos sus de­seos, me en­can­ta oír­las, ver­las reír, es­cu­char cuá­les son sus sue­ños, lo que quie­ren lo­grar lle­van­do uno de mis di­se­ños, que me cuen­ten so­bre los de­ta­lles de sus bo­das o even­tos es­pe­cia­les. En ese mo­men­to en el que en­tra­mos en con­fian­za, me flu­yen mi­les de ideas de có­mo me gus­ta­ría ver­las y co­mien­zo a di­bu­jar en ba­se a to­das sus in­quie­tu­des.

¿Có­mo des­cri­bes tu pro­fe­sión y ca­rre­ra?

Es una pro­fe­sión di­fí­cil en un país co­mo el nues­tro; es­ta­mos car­ga­dos de ofer­tas que aten­tan con­tra la de­man­da de lo que ofre­ce­mos y ca­da vez me­nos las clien­tas nos bus­can pe­ro pue­do ase­gu­rar que es una ca­rre­ra ma­ra­vi­llo­sa pa­ra quie­nes la aman co­mo yo, no me ima­gino ha­cien­do ab­so­lu­ta­men­te más na­da que po­der ha­cer sue­ños reali­dad, es lo que me ali­men­ta el al­ma más allá de lo lu­cra­ti­vo o no que pue­da ser.

¿En dón­de es­tás y ha­cia dón­de vas?

Es­toy vi­vien­do uno de mis me­jo­res mo­men­tos a ni­vel co­mer­cial, he con­quis­ta­do un mer­ca­do su­ma­men­te exi­gen­te y de­man­dan­te no so­lo a ni­vel de ma­nu­fac­tu­ra, sino a ni­vel emo­cio­nal co­mo lo es el mun­do nup­cial. Pien­so que es­toy a pun­to de ter­mi­nar un ci­clo de mi ca­rre­ra en el país; ha lle­ga­do la ho­ra de dar el gran pa­so pa­ra po­der cum­plir mi sue­ño de que to­das las no­vias del mun­do pue­dan co­no­cer a Luis Do­mín­guez, so­lo es cues­tión de es­pe­rar en Dios el mo­men­to in­di­ca­do, pe­ro él me ha re­ve­la­do que es­toy muy cer­ca de mi in­ter­na­cio­na­li­za­ción y más que pre­pa­ra­do pa­ra en­fren­tar to­do lo que es­to con­lle­va.

¿Có­mo es ves­tir a la pri­me­ra da­ma de la Re­pú­bli­ca? ¿Qué se sien­te?

Do­ña Candy es una de las mu­je­res más es­pe­cia­les que he co­no­ci­do; la quie­ro co­mo una ma­dre. He po­di­do co­no­cer su gran va­lor co­mo ser hu­mano y la bon­dad de su co­ra­zón más allá de la ex­ce­len­te pro­fe­sio­nal que es. Pien­so que ves­tir a la pri­me­ra da­ma más ele­gan­te de to­da la his­to­ria de Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na es el ma­yor or­gu­llo que un pro­fe­sio­nal de la mo­da pu­die­ra desear, pe­ro aún más pa­ra mí, es po­der dis­fru­tar de su con­fian­za y ca­ri­ño.

LUIS DO­MÍN­GUEZ. ELI­GIÓ CO­MO MI­SIÓN DE VI­DA VES­TIR DE ELE­GAN­CIA A LA MU­JER QUE AMA EL GARBO, ES­PE­CIAL­MEN­TE A NO­VIAS SOÑADORAS CO­MO ÉL. A LA FE­CHA, HA LLE­VA A DE­CE­NAS DE NO­VIAS AL AL­TAR Y EN­TRE SU LIS­TA ES­TÁN SIBELI Y VA­NES­SA ME­DI­NA, HI­JAS DEL AC­TUAL PRE­SI­DEN­TE DE LA RE­PÚ­BLI­CA. ÉL ES TAM­BIÉN EL RES­PON­SA­BLE DE ATAVIAR A LA PRI­ME­RA DA­MA, CÁN­DI­DA MONTILLA DE ME­DI­NA.

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