SER POE­TA

Ba­la­da del cuer­po con ore­jas

Zona E - - RINCÓN CULTURAL -

Aho­ra le es­cri­bo es­ta ba­la­da a las ore­jas, una com­po­si­ción sen­sa­ta y he­cha sí, de bue­na ga­na, pues las ore­jas…

— ¡Ay de mí, si me que­da­ra sin ellas!

Di­go de las ore­jas, pri­me­ro su be­lle­za. To­do es más be­llo cuan­do se tie­nen dos gra­cio­sas ore­jas, ima­gi­ne­mos que es­tas son el cuer­po en­te­ro en­vuel­to en es­pi­ral, en hun­di­mien­to.

De­bo de­cir la ne­ce­si­dad la­ten­te, sus pla­ce­res, las fa­cul­ta­des, to­das prio­ri­ta­rias pa­ra el cuer­po. Hay en las ore­jas ne­ce­si­dad de pa­la­bras, su­su­rros, ter­nu­ra de plu­ma y tra­ve­su­ra de de­dos. — ¡Ay de mí, si me que­da­ra sin ellas!

Las ore­jas, es­to no lo du­den, son más am­plias que los ojos, de­be­ría­mos es­cu­char más y no ver tan­to, hay co­sas ocultas en los so­ni­dos, en las can­cio­nes, en los lu­ga­res ol­vi­da­dos.

Hay co­sas que las ore­jas no cuen­tan, sino es des­pués de mu­cho tiem­po, pues na­da se ol­vi­da en las ore­jas.

Re­cuer­do al va­te Anas­ta­sio Ca­mi­lo, quien se cor­tó las ore­jas y ja­más es­cri­bió un ver­so… —Nun­ca ol­vi­dó el ru­mor de las ti­je­ras al cor­tar.

Es por eso, que son las ore­jas las que le dan al mun­do con­te­ni­do, bie­na­ven­tu­ra­dos los que es­cu­chan, pues de ellos es la sa­bi­du­ría del vien­to que sa­be pa­sar.

Di­go de ellas su cua­li­dad de alas

—a es­tas al­tu­ras ya era tiem­po de de­cir­lo. Es im­po­si­ble ca­mi­nar, na­da es tan te­rres­tre co­mo se pien­sa, pues el hom­bre vue­la, vue­la la tie­rra que pi­sa so­bre los ma­res que vue­lan, y vue­la tam­bién la es­fe­ra que a to­dos con­tie­ne…

—y al fi­nal, to­do ter­mi­na vo­lan­do. — ¡Ay de mí, si me que­da­ra sin ellas! Jo­sé án­gel Bra­ti­ni (poe­mas) Ma­re­mo­to ¿Qué pue­do de­cir?

Newspapers in Spanish

Newspapers from Dominican Republic

© PressReader. All rights reserved.