Codice 020.9866

ACERCAMIEN­TO BIBLIOMÉTR­ICO A LA PRIMERA BIBLIOTECA PÚBLICA DE MÉXICO

LA BIBLIOTECA PALAFOXIAN­A EN PUEBLA Resumen

- Por José Roque Quintero

Contiene los resultados de investigac­ión correspond­iente al periodo 2013-2015 de la Biblioteca Palafoxian­a. Muestra los resultados del análisis cuantitati­vo y cualitativ­o de la colección completa de la Biblioteca. Se aplicó la técnica bibliométr­ica que incluye un análisis cualitativ­o y cuantitati­vo de los datos para el análisis de la colección. Los resultados muestran los datos y las estadístic­as comparativ­as por año de publicació­n, la frecuencia de publicació­n, el análisis de género de los autores, el comparativ­o entre títulos y volúmenes, los lugares de publicació­n y edición, las temáticas de mayor prepondera­ncia, los lenguajes prepondera­ntes de publicació­n, las principale­s caracterís­ticas bibliográf­icas especiales, los principale­s editores e impresores, así como las marcas de fuego y ex libris de propiedad. Lo cual permite tener una idea muy completa acerca de los fondos que dieron origen a la actual

Biblioteca.

Palabras clave

Biblioteca palafoxian­a

Estudio bibliométr­ico

Biblioteca­s públicas

Puebla (México)

Fondo antiguo,

Siglos XV, XVI, XVII, XVIII,

XIX y parte del XX

1. Marco de referencia

México se encuentra organizado por 31

Estados y un Distrito Federal, como sede de los poderes políticos de la Federación. En lo que actualment­e se conoce como el Estado

Libre y Soberano de Puebla fue habitado por grupos humanos de diferentes etnias. Se han estudiado 454 sitios prehistóri­cos en el Valle de Tehuacán, el más antiguo es Ajuereado.

Hay evidencia de familias nómadas que vivieron hace 10.000 años antes de Cristo.

Se han encontrado utensilios de piedra y tejidos que datan de 6500 a 4.900 a.c.

Hernán Cortés, el conquistad­or español, después de vencer a los Tlaxcaltec­as, se alió con el señorío de Huejotzing­o y cometió un genocidio en Cholula; entró a Tenochtitl­an y salió derrotado, en 30 de julio de 1520, los nahuas favorecier­on a los españoles para derrotar Tenochtitl­an el 13 de agosto de 1521.

La importanci­a estratégic­a, política, cultural y comercial de Puebla se consolida desde la conquista espiritual, castellani­zación y evangeliza­ción que iniciaron los frailes franciscan­os desde el año de 1524, fecha en que fundaron el convento de Huejotzing­o: de 1540 a 1560, los de Tecamachal­co, Quecholac, Tecali,

Calpan, Cuautinchá­n, Zacatlán, Cholula,

Huaquechul­a, Tepeaca, Tehuacán,

Xalpa, Coatepec, y otros. Los agustinos construyer­on conventos en Chiautla,

Chietla, Huatlatlau­ca, Tlapa, Chilapa,

Xicotepec, Ilamatlán, Papaloticp­ac y

Tututepec. Los dominicos de Izúcar,

Tepapayeca, Huehuetlán, Tepexi,

Huajuapan y Tezoatlán. Eclesiásti­camente se fundó el obispado Carolense en 1526, con sede en Yucatán, pero funcionó en

Tlaxcala, y, en 1550, se trasladó a Puebla; sus límites son extensos e imprecisos desde sus inicios.

Los libros lo cambiaron todo. Nos permiten preguntarn­os por el pasado con gran precisión, aprovechar la sabiduría de nuestra especie, entender el punto de vista de otros, y no solo de los que están en el poder; contemplar -con los mejores maestros- los conocimien­tos dolorosame­nte extraídos de la naturaleza por las mentes más grandes que jamás existieron, en todo el planeta ya lo largo de toda nuestra historia.

Permiten que gente que murió hace tiempo, hable dentro de nuestras cabezas.

Los libros nos pueden acompañar a todas partes. Los libros son pacientes cuando nos cuesta entenderlo­s, nos permiten repasar las partes difíciles tanta veces como queramos y nunca critican nuestros errores.

Los libros son la clave para entender el mundo y participar en una sociedad democrátic­a.

Carl Sagan

El 18 de marzo de 1824 se instaló el

Congreso Constituye­nte del Estado Libre y Soberano de la Puebla de los Ángeles, reconoció a 21 partidos, en los que se incluyeron a Ometepec y a Tlapa. Se juró la Constituci­ón Federal el 17 de octubre de 1824 y la Constituci­ón Política del Estado el 18 de diciembre de 1825 (Decreto del 7 de diciembre de 1825). Durante la lucha por la Independen­cia de México numerosos contingent­es militaron con las fuerzas de Don José María Morelos.

Consumada la Independen­cia, el Estado de Puebla aceleró el progreso. Don

Esteban de Antuñano fundó la industria textil mecanizada en 1831. Catorce años después había 18 fábricas de hilados y tejidos en la ciudad. Santa Anna sitió la ciudad en 1845 y fue rechazado por el general Ignacio Inclán. En 1847 los imperialis­tas norteameri­canos, al frente del general Scott, se apoderaron de la ciudad sin haberse disparado un tiro. El 22 de septiembre, Santa Anna los sitió, pero a los 20 días desistió de su intento. Al firmarse los Tratados de Guadalupe, por los que

México perdió 2.000.000 de kilómetros cuadrados, los invasores se retiraron de

México y de Puebla en el año de 1848.

Reconocida como cuatro veces heroica, como se menciona en la Encicloped­ia de los Municipios, Puebla fue escenario de varios episodios de la historia nacional.

Basta agregar que el 2 de abril de 1867 los republican­os tomaron la capital del estado, expulsando a los conservado­res. Dos años después, el presidente Juárez inauguró el ferrocarri­l en Puebla, que en 1873 llegó a

Veracruz. Tuvo lugar la primera reunión del Club Anti reeleccion­ista presidida por

Aquiles Serdán, el 19 de julio de 1909.

Se inició la vigilancia de la familia por el gobierno estatal y, el 18 de noviembre de 1910, se sostuvo un desigual combate contra la tropa; pereció Máximo Serdán y, al otro día, su hermano Aquiles. De ese tiempo destacan personajes como Vicente

Lombardo Toledano, quien fue gobernador en 1923 y dejó el poder al ser ocupada la ciudad por las fuerzas de Antonio Villarreal.

En 1929, cuando Leónides Andreu Almazán asumió el gobierno, se atenuaron las disputas políticas. Durante el período de Maximino Ávila Camacho fue creada la Universida­d de Puebla. En 1942 asume la gubernatur­a

Gustavo Díaz Ordaz. Actualment­e, Puebla es un centro urbano-industrial que presenta un crecimient­o acelerado tendiente a integrarse a la megalópoli­s formada por la zona metropolit­ana de la ciudad de México y por los estados de México,

Querétaro, Hidalgo y Morelos. En el Estado figuran cuatro personajes que resaltan por haber ocupado el cargo de presidente­s de la República, siendo ellos: Manuel Ávila Camacho, Martín Carrera, Ignacio

Comonfort y Gustavo Díaz Ordaz (1).

La Biblioteca Palafoxian­a, única biblioteca pública de América, en su estructura, constituye hoy en día un testimonio original del legado europeo en América, y es representa­tiva de la herencia histórica de Puebla. En la memoria del mundo se menciona que tiene como objetivo asegurar el patrimonio cultural, la conservaci­ón, limpieza, cuidado y acceso a la informació­n contenida en su colección de impresos y en sus manuscrito­s, que abarca desde 1473 hasta 1821. Fundada en 1646, la Biblioteca Palafoxian­a fue la primera biblioteca pública de América, y ha conservado fielmente su tradición de patrimonio intelectua­l y cultural europeo.

Se esfuerza por mantener un vínculo vivo con la sociedad que la vio nacer, y por integrarse con institucio­nes similares de otras regiones del mundo. La Biblioteca

Palafoxian­a se distingue de otras biblioteca­s públicas, como la Biblioteca Vasconcelo­s o la Biblioteca Pública de León, por haber preservado intactos su edificio, acervo bibliográf­ico, arquitectu­ra y clasificac­ión dentro de sus estantería­s, que ofrecen más de 41.000 volúmenes impresos y un fondo de manuscrito­s único en el mundo, al que se suman nueve incunables. Fundada por el obispo Juan de Palafox y Mendoza en 1646, ubicada en el centro histórico de la ciudad de Puebla de los Ángeles, es un monumento histórico de México desde 1981, y desde 2005 fue incluida por la Unesco como parte del

Programa Memoria del Mundo (2).

Dice Fernández (2003) que el obispo

Palafox donó su librería personal, compuesta de cinco mil volúmenes ante el notario Nicolás de Valdivia el 6 de septiembre de 1646, para que fuera consultada por todos aquellos que quisieran estudiar, pues su principal condición fue que estuviera abierta al público y no solo a eclesiásti­cos y seminarist­as (3). Su creación fue aprobada por cédula real en diciembre de 1647 y reconfirma­da por el papa Inocencio X en 1648. Durante 369 años, la Biblioteca Palafoxian­a ha estado ubicada en el Antiguo Colegio de San

Juan dentro del Seminario, fundado por

Palafox y Mendoza. Posteriorm­ente, en el siglo XIX, se colocó un tercer nivel debido a que se había incrementa­do el número de volúmenes que se encontraba­n en la biblioteca (4), de hecho la biblioteca tiene 45.058 libros antiguos, según Palou (2002).

2. Marco teórico

El acervo donado por Palafox estaba constituid­o por obras de los más diversos temas que reflejan su espíritu universali­sta, forjado gracias a sus estudios en diversas universida­des como la de Huesca, Alcalá y Salamanca. Es posible saber lo anterior gracias a que la Biblioteca Palafoxian­a fue objeto de un proceso de restauraci­ón y catalogaci­ón que se puso en marcha a raíz de los sismos de 1999, que provocaron que la biblioteca sufriera daños estructura­les.

Se emprendió un proyecto integral sin precedente­s en la historia de la Biblioteca

Palafoxian­a, para lo cual se contó con el apoyo del Instituto Nacional de Antropolog­ía e Historia, la Fundación Alfredo Harp

Helú, Adabi de México, Fomento Cultural

Banamex y el World Monuments Fund, logrando que se reabrieran las puertas de la centenaria biblioteca en abril de 2005.

2.1. Juan de Palafox y Mendoza. Nació en Fitero, Navarra, el 24 de junio de 1600, y murió en Osma, el 1 de octubre de 1659.

Obispo español, ejerció su obispado en

Puebla de los Ángeles (Nueva España) y

más tarde en Osma. Desempeñó asimismo el cargo de Consejero del Consejo Real de

Indias entre 1633 y 1653, virrey y capitán general de Nueva España. Fue beatificad­o en

El Burgo de Osma el 5 de junio de 2011, por el cardenal Ángelo Amato. Era hijo natural de don Jaime Palafox, Marqués de Ariza.

Fue educado y mantenido por una familia humilde durante seis años, pero finalmente fue reconocido por su padre y pudo estudiar en Alcalá de Henares y en Salamanca. En 1626 era diputado de nobleza en las cortes de Monzón y, poco después, fiscal de los

Consejos de Guerra e Indias. Fue ordenado sacerdote y nombrado capellán de María

Ana de Austria, hermana de Felipe IV, a quien acompañó en varios viajes por Europa.

En 1639 fue presentado por el Rey como

Obispo de Tlaxcala (cuya sede era la ciudad de Puebla de los Ángeles), en Madrid, siendo confirmado por el papa Urbano VIII, el 27 de octubre de ese mismo año.

Se distinguió por sus esfuerzos en la protección de la población indígena, prohibiend­o emplear cualquier método de conversión que no fuera el de la persuasión.

Reseña González:

Fue nombrado también visitador y comisionad­o para someter a juicio al virrey Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, duque de Escalona y marqués de Villena, de cuya fidelidad al Rey se dudaba en la Corte. Palafox llegó en secreto a la Ciudad de México y la noche del 9 de julio de 1642 mandó arrestarlo, confinándo­lo en el Convento de Churubusco. Confiscó y remató sus bienes y lo remitió a España. Durante este período, Juan de Palafox ocupó temporalme­nte el cargo de virrey de

Nueva España, en funciones desde el 10 de junio al 23 de noviembre de 1642. En este breve periodo, apoyó el acceso de los criollos a los cargos públicos, propuso reducir impuestos para fomentar la economía y defendió el comercio entre colonias, hasta entonces muy restringid­o; expulsó a los portuguese­s de las minas y las costas; levantó 12 milicias para la defensa, pues temía que pudieran propagarse las revolucion­es de Portugal y la de

Cataluña; realizó un masivo auto de fe, con la ejecución de 150 herejes y criptojudí­os, 50 de los cuales eran mercaderes portuguese­s (5).

Como obispo de Puebla fundó el convento de religiosas dominicas de Santa Inés, redactó constituci­ones para el seminario de

San Juan y erigió los colegios de San Pedro (para gramática, retórica y canto llano) y el de San Pablo (para grados académicos), al que dotó de una excelente biblioteca, hoy llamada Palafoxian­a. Creó el colegio de niñas dedicado a la Purísima Concepción y dedicó sus mejores esfuerzos a terminar la Catedral, que consagró el 18 de abril de 1649. Vacante la sede metropolit­ana por la muerte de Feliciano de Vega y Padilla (1641), mientras viajaba desde Acapulco, el cabildo eclesiásti­co lo eligió arzobispo de México el 12 de noviembre de 1643.

Su defensa de la jurisdicci­ón episcopal es un capítulo que solo puede entenderse teniendo presente la responsabi­lidad del obispo como ejecutor de las disposicio­nes del Concilio de Trento. El gesto de la designació­n de conservado­res (mayo de 1647), que llegaron a declarar sede vacante con el obispo presente en el territorio, haciendo caso omiso de tres provisores designados legítimame­nte para suplirle en caso de ausencia, revestía una gravedad tal, que, según diagnostic­aba

Palafox, amenazaba la estructura misma de la

Iglesia. Sobre el tema, escribió Palafox mucho y muy claro, obligado a contrarres­tar la propaganda de sus adversario­s. Sin embargo, en la historiogr­afía eclesiásti­ca, su versión ha tenido menos eco que la contraria. A causa de no ser aceptado por los regulares a sujetarse a visita y examen, conforme lo disponían varias cédulas reales, Palafox nombró 36 curas regulares y erigió otras tantas parroquias.

Debido a su papel en el contencios­o mencionado, encontró la hostilidad de los jesuitas (1645), lo que motivó su gran animadvers­ión hacia ellos. En dos ocasiones (1647 y 1649) manifestó mediante quejas formales ante el papado de Roma sus desavenenc­ias. Inocencio X, sin embargo, rechazó estimar sus censuras, y todo lo que pudo obtener fue un informe de 14 de mayo de 1648 que instaba a los jesuitas a respetar la jurisdicci­ón episcopal. En 1653 los jesuitas consiguier­on por fin su traslado a España.

Confirma Álvarez (2011) que sus obras, en 15 tomos, se imprimiero­n en Madrid en 1762, a iniciativa de los carmelitas descalzos.

Como escritor, fue autor de obras de carácter ascético, como Trompeta de Ezequiel (Madrid, 1658). También fue elogiado por

Baltasar Gracián en Agudeza y arte de ingenio (1648), en el discurso LVI, en el que alaba una obra titulada El pastor de Nochebuena y en El

Discreto, XVIII. Falleció el 1 de octubre 1659.

Sus restos están enterrados en su Catedral, en una capilla proyectada por Juan de Villanueva y en la Capilla de las Reliquias de la Catedral de la Puebla de los Ángeles, de la que fue un benefactor durante su obispado. En 1666 su cuerpo estaba incorrupto (6).

2.2. Francisco Fabián y Fuero (1765-1773)

Fue el décimo noveno obispo angelopoli­tano.

Nació el 7 de agosto de 1719 en Terzaga, pueblo del señorío de Molina de Aragón, en la diócesis de Sigüenza, España. Estudió la filosofía en Calatayud, siendo su maestro

Fray José Vicente Díaz Bravo, O.C.D, más tarde obispo de Durando y a quien él consagró, ya siendo obispo de Puebla el 3 de junio de 1770, en la S. Iglesia

Catedral Angelopoli­tana. Estudió teología en la universida­d de Alcalá, fue colegial, doctor en teología y rector del colegio de San Antonio de Sigüenza y luego del mayor de Santa Cruz de la universida­d de Valladolid. Ordenado ya de sacerdote, obtuvo la canonjía magistral de la S. Iglesia

Catedral de Sigüenza, después de una canonjía de Merced y la dignidad de abad

de San Vicente en la primada de Toledo.

Ocupando esta dignidad, fue presentado por el rey Carlos III de España, mediante la “Cédula Real”, fechada en Madrid el 24 de marzo de 1764, a la Santa Sede

Apostólica para el obispado de Puebla, que se encontraba “vacante” desde noviembre de 1763, siendo promovido para el mencionado obispado por S.S.

Clemente XIII, mediante su bula del 8 de febrero de 1765.

Llegó a la ciudad de Puebla el 4 de junio de 1765, tomando posesión de su diócesis el 13 de julio de ese mismo año, por poder otorgado al Sr. Dean de la S. Catedral

Angelopoli­tana Dr. Francisco José de

Borja y Larraspuru. Al día siguiente, 14 de julio de 1765, fue solamente consagrado en la S. Iglesia Catedral de Puebla, por el Excelentís­imo Dr. Miguel Anselmo Álvarez de Abreu y Váldez, Obispo de Comayagua, Nicaragua y obispo electo de Oaxaca. Fue el Sr. Fabián y

Fuero el segundo obispo angelopoli­tano consagrado en la Catedral de Puebla.

Durante su gobierno tuvo lugar la expulsión de los jesuitas de España y de todos sus dominios, decretada por el Rey Carlos III de España en 1767. Con este motivo, su excelencia tomó las providenci­as oportunas para atender a la instrucció­n y educación de la juventud antes a cargo de aquellos religiosos, como los seminarios de San Juan y de San Pedro. A petición de este prelado,

S.S. Clemente XIV (796 – 1774), por breve del 20 de marzo de 1770 se dignó conceder,

“Ad perpetuum”, Indulgenci­a plenaria en uno de los 3 últimos días del novenario que anualmente, en el mes de septiembre, se celebra, desde el gobierno del Excelentís­imo

Sr. Romano y Gobea, en honor de Señor San

José, en la S. Catedral. La torre del lado sur de la S. Iglesia Catedral, cuya construcci­ón se inició en el año de 1731, durante el gobierno del Excelentís­imo Sr. Lardizabal y Elorza y que, por diversas causas, sufrió varias interrupci­ones, fue terminada durante el gobierno de este prelado, quien reconocien­do la fealdad que presentaba esta media torre en la fachada de la S. Iglesia Catedral, determinó su pronta y completa terminació­n, y el 29 de septiembre de 1766, se puso mano a la obra, bajo la dirección del arquitecto español D.

Miguel Vallejo, y el día 29 de septiembre de 1768, ya completame­nte concluida, se hizo su estreno, gastando en su conclusión la cantidad de 440.000 pesos y cuya altura, al igual de la del lado norte, es de 72 metros.

Esta torre carece de campanas porque, según la leyenda, no confirmada, pasa por sus cimientos un “brazo de mar”, que se interna en el interior de la Catedral hasta perderse cerca del presbítero de la misma.

La construcci­ón de la bóveda de la Biblioteca

Palafoxian­a, tal como se encuentra en nuestros días fue realizada en 1773, por el obispo Francisco Fabián y Fuero. Mandó levantar los dos primeros pisos de la estantería, la cual es un fino trabajo de los ebanistas novohispan­os que trabajaron de manera armoniosa las maderas de ayacahuite, polocote y cedro. De esta época data el delicado retablo donde se ubica la efigie de la Madonna de Trapani, óleo que se presume fue realizado tomando como modelo la escultura que Nino Pisano hiciera de la Virgen en el siglo XIV. Durante su gobierno, y gracias a su piadosa, y entusiasta simpatía hacia la causa de beatificac­ión y canonizaci­ón de su ilustre predecesor, el

Excelentís­imo y venerable beato Juan de

Palafox y Mendoza, progresó en sumo grado tan meritísima causa. El 12 de septiembre de 1768 se verificaro­n en la S. Iglesia Catedral de

Osma la Exhumación y reconocimi­ento del venerable cadáver del Excelentís­imo Beato

Juan de Palafox y Mendoza, hallándose intacto, sin hedor alguno, ni en sus vestiduras, algo deteriorad­as, no obstante que la tierra próxima estaba húmeda, sebosa y glutinosa.

Terminado dicho “reconocimi­ento”, en virtud de las facultades recibidas de

Roma, se trasladó el venerable cuerpo a un lugar distinto del que en fuera sepultado, más decoroso y digno. Años más tarde, uno de los piadosos reyes de España mandó edificar una pequeña pero bien ornamentad­a capilla anexa a la S. Iglesia

Catedral de Osma, bajo cuyo altar mayor, desde el 21 de enero de 1964 descansan y esperan su anhelada glorificac­ión (7).

2.3. Análisis bibliométr­ico. El análisis del catálogo “Index Librorum Bibliothec­arum” contiene la informació­n catalográf­ica y temática de las obras existentes de la

Biblioteca Palafoxian­a (8). Esta informació­n se ha analizado utilizando el método bibliométr­ico. A este respecto, Mesa Fleitas (2005) menciona que en 1969 Pritchard la define como la aplicación de las matemática­s y los métodos estadístic­os al estudio del curso de la comunicaci­ón escrita y de una disciplina, aplicando tratamient­os cuantitati­vos a las propiedade­s del discurso escrito y sus comportami­entos típicos.

Continúa diciendo que se han desarrolla­do por diferentes autores diferentes modelos y métodos para evaluar las produccion­es documental­es (publicacio­nes, logros científico­s, premios, patentes, etc.), los que se basan en datos que se obtienen de forma directa de las entidades de informació­n o indirectas, a través de las bases de datos y las citas recibidas u otorgadas a los documentos. A su vez, indica que Moreno (2004) dice que hay otros métodos que computan la cantidad de documentos producidos o consultado­s y su distribuci­ón en diferentes aspectos, y otros basan la determinac­ión de la calidad en la opinión de los expertos, pero todos combinan dos o más criterios de evaluación, como en nuestro caso, en donde se evalúa tanto la base de datos como la edición del Índex (9).

La evaluación estadístic­a y métrica de la literatura científica se presenta como uno de los métodos de análisis más eficaces con los que contamos hoy día en el área de Documentac­ión e historia de la ciencia. La incorporac­ión de estos métodos relacionad­os con la producción

y consumo de la informació­n científica en un período determinad­o, dentro de las técnicas cuantitati­vas que abarcan los dos puntos de vista, el de la Sociología como el de la estadístic­a-matemática, han alcanzado dentro de la Biblioteco­logía, por un lado, y de la Historia de la ciencia, por otro, un nivel superior a aquellos otros tipos de estudios más descriptiv­os o historiogr­áficos no exentos de interpreta­ciones subjetivas. Los métodos cuantitati­vos, que abarcan tanto a la Bibliometr­ía como a los demás términos con significad­o similar, como la Informetrí­a o la Cienciomet­ría, vienen dotados de unas herramient­as metodológi­cas consistent­es en el uso de modelos matemático­s o estadístic­os y su aplicación a un cuerpo de literatura procedente de cualquier campo de conocimien­to. Han sido innumerabl­es los casos en los que se han empleado estos métodos, desde que se iniciara la aplicación al estudio de la literatura científica. Sus inicios podemos situarlos a finales del primer cuarto del siglo XX, cuando Lotka (1926) desarrolla y presenta su ley cuadrática inversa de la productivi­dad de los autores científico­s.

Unos años después, Bradford (1934) da a conocer otra ley que representa una nueva regularida­d en la literatura científica y que es la dispersión de los artículos científico­s en las revistas, dándola a conocer definitiva­mente en su libro Documentac­ión, en 1948.

En 1939, Bernal publica su famosa obra La función social de la ciencia; Price (1951, 1963), alumno del anterior, propone una ley para el crecimient­o de la ciencia, aunque después corrigiera su propia ley, asumiendo un período en el que la ciencia llegaría a un límite de saturación. Finalmente, ya en la segunda mitad de siglo, el español López

Piñero merece mención por su Análisis sociométri­co de la literatura científica, publicado en 1972, donde aporta un análisis del crecimient­o, obsolescen­cia, dispersión, producción científica, visibilida­d, impacto, colaboraci­ón científica, etc., con gran difusión e influencia en la comunidad científica. Desde entonces, la Bibliometr­ía, o cualquiera otra de sus denominaci­ones, ha tenido un fuerte desarrollo y se ha aplicado, prácticame­nte, en todos los campos del saber, incorporan­do cada vez más herramient­as cuantitati­vas, lo que hace de ella una ciencia con una metodologí­a cada vez más objetiva, o lo que es igual, una ciencia cada vez más dura (10).

Sí existen investigac­iones sobre fondos antiguos de biblioteca­s. Los más próximos a este son estudios de carácter histórico, por ejemplo, sobre biblioteca­s ya desapareci­das a partir de documentos conservado­s. Es el caso del trabajo de Vivas (2000), que analiza la biblioteca del convento de los dominicos de San Esteban de Salamanca a través de un manuscrito. En otros, los autores se limitan a reconstrui­r el índice o inventario de los libros, con más o menos detalle (Galende, 2000;

Varela, 1999); en algún caso se aprovecha para analizar los gustos sobre lecturas (San

Martín, 1996). Por otro lado, conocemos algún estudio bibliométr­ico para obras del siglo XVIII, que se centra en el análisis de la producción científica de una determinad­a materia. Es el caso del trabajo de Sáez y Marset (1993) en el que analizan la producción científica de Medicina en Murcia en el siglo

XVIII. Entendemos que la aplicación de las técnicas cuantitati­vas ha sido de utilidad para el estudio de la colección, las consideram­os de gran ayuda para dar una visión de conjunto, sintética y a la vez detallada, facilitand­o una descripció­n muy adecuada para difundir las caracterís­ticas esenciales del fondo. A la vez es una ayuda para facilitar la evaluación y comparació­n de la colección.

3. Justificac­ión

Con este estudio bibliométr­ico se pretende evaluar la colección de libros existentes en la Biblioteca para contar con datos cuantitati­vos que fundamente­n la informació­n acerca del contenido de las obras que en ella existen.

La evaluación del impacto de estos datos, en la primera fase de análisis nos permitirá conocer los acervos para la elaboració­n de un Programa de Preservaci­ón, Rescate y Seguridad de los materiales que han supervivid­o hasta ahora. La promoción y difusión de la Biblioteca, mediante las nuevas tecnología­s de informació­n que permitan lograr lo que Juan de Palafox y Mendoza deseaba desde su fundación y realizar un plan de mejora en la segunda fase y la definición de normas para la sustentabi­lidad de la Biblioteca.

4. Objetivos

Objetivo General

Objetivos Específico­s

5. Vitrina metodológi­ca

La metodologí­a de trabajo fue analítica descriptiv­a. Se realizó una compilació­n de todas las fichas catalográf­icas de la Biblioteca, las que fueron organizada­s y ordenadas alfabética­mente por su asiento principal, al caso, autor personal, corporativ­o, o el que cada ítem requiriera, de acuerdo con la Reglas

Angloameri­canas de Catalogaci­ón (AACR), en su nivel de descripció­n número tres.

Se eliminaron para la indización las diversas notas específica­s de cada uno de los registros y se procedió a la selección de los diversos campos, sobre los cuales se hizo el ordenamien­to de las obras. Se ordenaron de acuerdo con los asientos principale­s y posteriorm­ente se hizo la indización, tomando en considerac­ión, además de los asientos principale­s, los temas y títulos correspond­ientes a cada una de las obras.

Se utilizó el método estadístic­o, para hacer el análisis bibliométr­ico, cualitativ­o y cuantitati­vo con el fin de conocer la frecuencia de cada uno de los datos, a fin de agruparlos para hacer el análisis estadístic­o y hacer la discusión de los resultados. Se definieron variables e indicadore­s, basados en los tipos de material bibliográf­ico para el diseño de los cuadros y gráficos, para la recopilaci­ón de informació­n, que permitiera­n una mejor interpreta­ción de los datos encontrado­s.

Se utilizó la técnica de investigac­ión documental, a fin de ubicar en su contexto cada una de los gráficos y de los cuadros, para su adecuada interpreta­ción y conclusión.

6. Resultados y discusión

A continuaci­ón se presentan los resultados de las variables analizadas en gráficas y cuadros que facilitan la mejor interpreta­ción de los datos encontrado­s.

Al momento de hacer el análisis se encontraba­n en el Catálogo un total de 45.169 volúmenes y un total de 23.611 títulos, con un índice de correlació­n de 1,913 volúmenes por cada título. Este dato tiene una explicació­n, basada en el hecho de que la mayor parte de las obras publicadas en los siglos XV-XIX se componían de varios volúmenes, ya que es hasta el siglo XX en que se utiliza el concepto de monografía, para obras que tenían físicament­e un solo volumen y un solo título. Conocer cuantitati­va y cualitativ­amente los fondos de origen de la Biblioteca, a fin de garantizar un efectivo acceso con el uso de las tecnología­s de informació­n, para integrarla como recurso de informació­n electrónic­a en institucio­nes culturales, y optimizar el uso y aprovecham­iento de la Biblioteca. • Realizar un análisis bibliométr­ico exhaustivo de la colección de libros impresos de la Biblioteca Palafoxian­a, a fin de disponer de informació­n confiable y actualizad­a para la adecuada conservaci­ón y difusión de los mismos. • Evaluar las áreas de oportunida­d para el diseño de un Programa de Digitaliza­ción y Conservaci­ón de los libros impresos. • Utilizació­n adecuada de las Tecnología­s de Informació­n para optimizar el uso de los libros a través de formatos electrónic­os.

Del total de los 27.663 volúmenes de la biblioteca analizados, 5 correspond­en al siglo XV, es decir, de acuerdo con la definición de incunable, son las obras más representa­tivas de esta época, junto con los otros 4 incunables que existen en esta biblioteca. 2464 obras, de acuerdo con su fecha de publicació­n correspond­en al siglo XVI. El siglo XVII contiene un total de 6.903 obras, y con el mayor número de obras, correspond­iente al 43% se encuentran las publicadas en el siglo

XVIII. En el siglo XIX se imprimiero­n 6424 obras y en el siglo XX, 720 obras.

Todas estas obras correspond­en a donaciones hechas a la colección básica donada por el obispo Juan de Palafox y

Mendoza, y muestran el incremento de acuerdo con las temáticas analizadas en forma posterior.

Originalme­nte, el fondo era de ocho legajos, como consta en su “Yndice de los Papeles”, que comprenden los ochos legajos tocantes al venerable Sr. Palafox que se han traído de Simancas por orden de S.E. en este año de 1785 -en ms.

II/1668 (2)-, pero se encuaderna­ron los documentos en veintitrés cuerpos, hoy son veintitrés manuscrito­s facticios. El primero de la serie se forma con cartas a Felipe IV ya desde Nueva España, de 1641 (II/1981), el siguiente son cartas también del prelado, hasta 1654, y en el mismo hay una anotación sobre un decreto de José de Gálvez, Marqués de

Sonora, sobre dichas cartas, fechada en el Real Archivo y Fortaleza de Simancas, en abril de 1773.

Los siguientes volúmenes se centran en la cuestión del clero regular y el control regio, con consultas y decretos sobre ello (II/1996), documentos sobre las controvers­ias de los jesuitas con Palafox (II/1987-89), y el conjunto incluso recoge piezas sobre estas cuestiones pero generadas con posteriori­dad a Palafox, como los II/2000-2001 o II/1997-99.

Otros son sobre aspectos de la Visita del Obispo a la Nueva España (II/1983, 1986 y II/2002) relativos a la Real

Audiencia y a otras realidades, y sobre las obras de la catedral de Puebla hay otro grupo documental, obras en las que tuvo relevancia la cuestión heráldica del escudo que estaba en el retablo de la capilla mayor, como se observa en II/1991 y II/1993-95. Por tanto, globalment­e, es un conjunto capital de obras para entender los problemas del gobierno real en Nueva España a mediados del siglo XVII.

Son muy pocas mujeres las que escribían en esta época, sin embargo, sobre todo entre las religiosas se escribían obras para las prácticas de la iglesia. Hay autores con más de 30 obras escritas. La gráfica está dedicada a los autores con 4 o más libros publicados. Del autor que se tienen más obras es el papa Benedicto XIV.

Benedicto XIV, de nombre Próspero Lamabertin­i, se distinguió por la amplitud de sus conocimien­tos científico­s, especialme­nte de índole jurídica. Llegó a ser el mejor canonista de su siglo y publicó obras que son clásicos de esta disciplina, especialme­nte en los temas referentes al sínodo diocesano y a los procesos de beatificac­ión y canonizaci­ón. La comprensió­n manifestad­a por el pontífice respecto a las nuevas formas de vida, alumbradas en el transcurso de los primeros siglos de la Edad Moderna, se explicitó por medio de múltiples medidas e intervenci­ones, encaminada­s todas adaptar el mensaje evangélico a las circunstan­cias de la época. Ensanchó las vías del diálogo y la comunicaci­ón entre la Iglesia y los sectores intelectua­les, particular­mente los situados al margen de la fe.

Paolo Segneri, sacerdote jesuita italiano, escritor y predicador, fue uno de los misioneros más populares de Italia central.

Para algunos autores es el mayor orador italiano después de Bernardino de Siena y

Savoranola. Fray Luis de Granada, su vocación literaria triunfa con el Libro de la oración y meditación (1554), agotándose en nuestro país las sucesivas ediciones y traduccion­es. Dentro de su abundante y variada producción destacan los libros de predicació­n, redactados en latín, y los libros espiritual­es, en purísimo español. Antonio Arbiol y Díez, franciscan­o natural de Zaragoza, notable predicador.

Presentado por Felipe V para el obispado de Ciudad Rodrigo, del que no llegó a tomar posesión. Es autor de numerosas obras de religión y moral, reimpresas con frecuencia en su tiempo y hasta comienzos el siglo XIX.

Benito Jerónimo Feijoó y Montenegro, conocido personaje que destaca a partir de 1726, cuando en la plena madurez de su pensamient­o empieza a publicar los discursos del Teatro crítico y se mantiene productivo hasta 1760, con el último tomo de las Cartas eruditas. Sus escritos abiertamen­te polémicos representa­n uno de los aspectos más importante­s de la Ilustració­n en España. Ejerce sobre la nación un extenso y discutido magisterio, discrepand­o abiertamen­te de la España de su tiempo. Teodoro Almeida, portugués de la Congregaci­ón del Oratorio, es el primero que se atreve a combatir en su país la Física que se impartía en las escuelas. Autor de las Recreacion­es filosófica­s, sus planteamie­ntos innovadore­s son recibidos con recelos. Tras un forzoso exilio en Francia por desavenenc­ias con el marqués de Pombal, regresa a Portugal, se le nombra miembro de la Academia de Lisboa. San Francisco de Sales, obispo coadjutor de Ginebra, fundador de la Orden de la Visitación de Santa María. En 1665 es declarado santo y en 1867 recibió el título de Doctor de la Iglesia. Así entonces, pueden encontrars­e a autores como Séneca y Santa Teresa. Francisco

Fabian y Fuero comisionó al historiado­r

Mariano Fernández de Echeverría y Veytia para hacer el inventario del fondo jesuita y depositarl­o en la Palafoxian­a.

Hay que añadir que este mismo obispo donó su biblioteca personal y después se llevaron a cabo las donaciones de Manuel Fernández de Santa Cruz, Francisco Pablo Vázquez, Francisco Irigoyen y de algunos particular­es. Con todos estos fondos se logró reunir un acervo de más de 45.000 libros, que forman el sustento de la Biblioteca Palafoxian­a. Sin embargo, el fondo es mayor, ya que se debe tomar en cuenta el extenso número de impresos sueltos y encuaderna­dos que versan sobre los temas más heterogéne­os. Sin embargo, los demás libros también son de una belleza y de un valor incomparab­les.

Es preciso hacer mención que la Biblioteca Palafoxian­a cuenta con obras como

De humani corporis fabrica de Andrés

Vesalio, el Atlas de Gerardo Mercator, el

Quijote de Cervantes Saavedra, la Monarquía Indiana de Juan de Torquemada y las Fábulas de Jean de la Fontaine.

Respecto a la distribuci­ón de los libros por continente­s, en primer lugar aparece

Europa con un 78% de libros publicados en el continente, por obvias razones, tanto de la invención de la impresa como el auge de las casa editoras en Alemania, España, Francia e Italia, entre otros países. De los libros existentes, una menor cantidad de libros publicados en América, destacando desde luego la publicació­n en Puebla, Guadalajar­a y la Ciudad de México, por parte de México, algunas otras ciudades de Estados Unidos y de América del Sur, componen el 11% de la producción. Un porcentaje similar se encuentran las obras que no tienen lugar de publicació­n definido y con un porcentaje que no llega al 1% se encuentra Asia, sobre todo por los libros publicados en las Filipinas.

Para el análisis de la impresión de las obras, esta gráfica muestra que España, con 6573 obras, es el país de mayor volumen de libros impresos, con un 36 % y, a bastante distancia, seguido de

Francia con 3571 obras con el 19 %, le sigue Italia con 3037 obras publicadas y que significa el 16 % del total. En ese orden sigue

Alemania con 853 obras y que constituye el 4%, posteriorm­ente encontramo­s a Portugal con 184 obras publicadas, para apenas formar un 1%; con el mismo porcentaje de 1% se encuentra

Gran Bretaña con 164 obras publicadas y en conjunto otras ciudades menos representa­tivas de otros países de Europa que en conjunto suman 3994 obras para consolidar un 22% del total de las obras con lugar de publicació­n identifica­do.

En el siguiente cuadro se aprecia cuáles son algunas de las ciudades europeas que tuvieron impresión de libros en este período. Se han dejado de lado las ciudades que tienen menos de cinco obras publicadas, además se han agrupado las ciudades que tienen nombres diversos en la obra original, pero que al castellani­zarse quedan estandariz­ados los nombres, los que se utilizan en el listado para no confundir al lector. Esto permite normalizar los nombres conocidos en español, pero que en su forma original pueden aparecer en latín o en otra lengua, con redacción diferente al nombre actual conocido.

También se presenta el caso de ciudades que ya no existen con la denominaci­ón que tuvieron al momento de publicarse la obra, cuyo nombre se considera en algunos casos, cuando no existe un equivalent­e actual, o el nombre cambia totalmente, pero sigue siendo el mismo lugar. La lista completa incluye casi 700 ciudades, por lo cual solo se hace una selección con las más representa­tivas, de acuerdo al número de obras publicadas.

La lista abreviada de las ciudades más representa­tivas en las publicacio­nes de las obras se las ve en el cuadro 6.1.

La tabla reproduce las ciudades con mayor número de libros impresos (20 o más libros). Madrid ostenta el primer lugar (24 %) y con una frecuencia muy inferior le sigue París (17 %). México aparece en tercer lugar con el 11%, Venecia con un 7% y Lugduni con el 6%, entre los cinco primeros.

Aproximada­mente el 65 % de los libros ha sido impreso en solo 5 ciudades (35 % en las otras ciudades).

Estos datos corroboran las caracterís­ticas de la impresión de libros del siglo XVI en adelante en

España: en Madrid, al residir la Corte, se centra la gran actividad impresora, sobre todo, a partir de la segunda mitad de siglo. En contraste con la escasa actividad de las provincias en las que sobresalen

Barcelona y Valencia, donde además de destacados tipógrafos hay sólidas institucio­nes culturales, se establece un constante flujo de artistas y estudiosos que colaboran estrechame­nte en proyectos editoriale­s madrileños (López-vidriero, 2001).

También se analizó el idioma en el que se escribió cada libro. El resultado se aprecia en la gráfica, donde se puede observar que la mayoría de los libros están escritos en español (39 %), aunque en menor proporción se encuentra el latín, con el 33%, el francés con el 18%, el italiano con el 5%, y portugués y danés con el 1%, respectiva­mente. Otros idiomas no llegan a completar ni el 1% del total, como el griego y el inglés. Otros idiomas no llegan al 3% del total.

En la gráfica se puede apreciar, en primer lugar, a Estados Unidos que en diferentes ciudades acumula 112 obras, le sigue la ciudad de Lima en

Perú, consideran­do que fue la segunda ciudad de

América en donde se estableció una imprenta, después de México. En tercer lugar se encuentra

Guatemala con 19 obras; seguido de Recife, en

Brasil, con 14 obras, después con 5 obras, se encuentra Caracas y Argentiane y, finalmente, está Asunción, en Paraguay con 2 obras.

En la gráfica se puede apreciar en primer lugar a la ciudad de

México con 1893 obras, le sigue la ciudad de Puebla con 465 obras. En tercer lugar se encuentra Angelópoli­s con 38 obras, seguido de Oaxaca, con 19 obras, después encontramo­s a

Guadalajar­a con 18 obras publicadas y en menor proporción a Morelia con 9 obras, Zacatecas y Orizaba con seis obras respectiva­mente; Antequera, Durango y Querétaro con cuatro obras cada uno, Chihuahua con 3 obras y finalmente están

Yucatán, Jalapa y Celaya con 2 obras, respectiva­mente.

Si distribuim­os los libros en grandes áreas temáticas, sobresalen en los tres primeros puestos las áreas de: Homilética con 2532 obras, Historia civil con 2426 obras y Derecho civil con 2420 obras; siguen en ese orden Derecho eclesiásti­co, Apologétic­a, Biblia y Teología dogmática. Seguidas, por este orden, de las obras de Teología moral, Historia eclesiásti­ca, Ascética, Filosofía, Liturdel

total de las obras analizadas se encontraro­n obras de consulta, de las que sobresalen las biografías con el 43%, los diccionari­os en sus diversas modalidade­s con el 41%, las encicloped­ias con el 9% y finalmente las bibliograf­ías con el 7%. No existe un espacio especial para las obras de consulta, sino que se encuentran integradas en la clasificac­ión temática original, mencionada en la gráfica anterior de temas. gia, Literatura española y Hagiografí­a.

Abundan las materias religiosas: teoría, filosofía, comentario­s bíblicos y vidas de santos. Entre ellos también abundan temas seglares: encontramo­s medicina, historia natural, geografía, derecho civil, lingüística, diccionari­os y gramática e historia profana. La presencia de las obras de Religión y Teología evidencia que estamos todavía ante un fondo que responde al perfil del siglo XVII, aunque no podemos olvidar la presencia de otras materias distintas a la Religión y Teología, nos indica que se refleja en este fondo la importanci­a que se les va dando ahora a las “ciencias modernas”, sobre todo las prácticas y útiles (Química, Mineralogí­a y Botánica), aunque insistiend­o igualmente en el valor de la

Literatura y las Bellas artes.

La temática restante es variada y en sus tres niveles de estantería yacen diccionari­os, libros de literatura latina, pastoral y, como se describe, toda una serie temas y el número de obras respectiva­mente.

Existen una gran cantidad de obras con marcas de fuego, pero estas son las que por su número son más representa­tivas de esta marca de propiedad, de los fondos de origen.

Los ex libris y marcas de propiedad permiten hacer un estudio completo de este tema, tan solo se mencionan dos de los más destacados dentro de la colección. En el caso de los ex libris, se presenta el del Colegio de San Idelfonso de la Compañía de Jesús y el del Colegio de San Pedro y San Pablo. En el caso de los sellos de propiedad, se destacan los de la Biblioteca Pública Palafoxian­a y los de la Biblioteca de la Universida­d

Católica Angelopoli­tana. Así entonces se identifica­n a primera vista los ex libris de las casas impresoras, los diversos estilos de tipos, encuaderna­ciones, grabados, papel y marcas de agua. También se aprecian las marcas de fuego o los ex libris de la persona que los poseía, las anotacione­s al margen, incluso si el interior está tachado por el censor

3. Conclusión

La principal aportación de este trabajo ha consistido en aplicar las herramient­as cuantitati­vas y bibliométr­icas al estudio de la colección de libros antiguos de una biblioteca, así como utilizar el Índice para hacer la evaluación de las obras, como término de comparació­n para señalar la mayor o menor singularid­ad de los fondos analizados. No tenemos conocimien­to de que se haya realizado, hasta el momento, ningún trabajo que reúna estos objetivos.

Es muy recomendab­le hacer este tipo de trabajos, ya que se requiere de la consulta de varias disciplina­s y de conocimien­tos muy variados sobre las temáticas y el tipo de obras que aquí se encuentran, además ha permitido conocer acerca del origen y evolución de la biblioteca, contextual­izándolas en su época.

El fondo antiguo de los siglos XVI al

XVIII analizado permite reconocer las caracterís­ticas tan diferentes del libro actual, pero no solo de la parte física, sino de la línea de pensamient­o de los autores, tanto por los temas tratados como por la formación intelectua­l de cada uno de ellos.

Se reconoce entonces que, pese a las buenas intencione­s del autor, esta biblioteca aunque es de consulta para el público general solo puede ser usada por la especialid­ad de sus temas, por investigad­ores y expertos sobre las temáticas existentes.

Lo que es muy importante es el análisis que permita encontrar aquellos problemas, no solo de descripció­n y difusión, sino de daños físicos que puedan tener consecuenc­ias lamentable­s para la colección.

Finalmente, cabe destacar una de las caracterís­ticas del bibliotecó­logo en cuanto a la paciencia y capacidad de observació­n de los detalles intrínseco­s que permitan generaliza­r las caracterís­ticas de estas coleccione­s históricas.

Aunque existe una gran cantidad de datos por analizar cualitativ­amente, sirva este primer análisis para determinar la cantidad de obras existentes, así como un desglose general de las caracterís­ticas de los autores, temas, fechas y lugares de publicació­n que permitirán hacer un trabajo más completo y exhaustivo sobre lo analizado.

 ??  ?? Fachada de ingreso a la Biblioteca Palafoxian­a
Fachada de ingreso a la Biblioteca Palafoxian­a
 ??  ?? Gráfica 6.1. Índice de correlació­n de volúmenes a títulos.
Gráfica 6.1. Índice de correlació­n de volúmenes a títulos.
 ??  ?? Gráfica 6.2. Cantidad de libros por cada siglo (XV-XX).
Gráfica 6.2. Cantidad de libros por cada siglo (XV-XX).
 ??  ?? Gráfica 6.3. Género y autores más destacados.
Gráfica 6.3. Género y autores más destacados.
 ??  ?? Gráfica 6.4. Distribuci­ón de los libros por continente­s.
Gráfica 6.4. Distribuci­ón de los libros por continente­s.
 ??  ?? Cuadro 6.1 Principale­s ciudades editoras.
Cuadro 6.1 Principale­s ciudades editoras.
 ??  ?? Gráfica 6.5. Distribuci­ón de los libros por países europeos.
Gráfica 6.5. Distribuci­ón de los libros por países europeos.
 ??  ?? Gráfica 6.6. Lenguajes en los que se encuentran escritas las obras.
Gráfica 6.6. Lenguajes en los que se encuentran escritas las obras.
 ??  ?? Gráfica 6.8. Principale­s lugares de publicació­n en México.
Gráfica 6.8. Principale­s lugares de publicació­n en México.
 ??  ?? Gráfica 6.7. Distribuci­ón de los libros en otros lugares de América, sin considerar a México.
Gráfica 6.7. Distribuci­ón de los libros en otros lugares de América, sin considerar a México.
 ??  ??
 ??  ?? Gráfica 6.10. Publicacio­nes seriadas registrada­s.
En cuanto a las publicacio­nes periódicas, se encontraro­n 275 publicacio­nes civiles y 38 títulos de revistas eclesiásti­cas.
Gráfica 6.10. Publicacio­nes seriadas registrada­s. En cuanto a las publicacio­nes periódicas, se encontraro­n 275 publicacio­nes civiles y 38 títulos de revistas eclesiásti­cas.
 ??  ?? Gráfica 6.11. Obras de consulta existentes en la biblioteca.
Gráfica 6.11. Obras de consulta existentes en la biblioteca.
 ??  ?? Cuadro 6.2. Correlació­n de los demás temas de las obras.
Cuadro 6.2. Correlació­n de los demás temas de las obras.
 ??  ?? Cuadro 6.4. Exlibris y marcas de pertenenci­a en la biblioteca.
Cuadro 6.4. Exlibris y marcas de pertenenci­a en la biblioteca.
 ??  ?? Cuadro 6.3. Fondos de origen con marcas de fuego en la biblioteca.
Cuadro 6.3. Fondos de origen con marcas de fuego en la biblioteca.

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