Diario Expreso

Rábulas espantan inversión

- EDUARDO CARMIGNIAN­I colaborado­res@granasa.com.ec

En la firma del reciente “Acuerdo Nacional por la Producción y Empleo”, el presidente Moreno dijo “que el sector productivo privado no puede generar riqueza por sí solo” y que “es importante establecer políticas públicas que… …fortalezca­n los procesos productivo­s”.

Recuerdo, a propósito de eso, que en mayo de 2014 se dictó una ley reformando el mercado de valores, uno de cuyos objetivos era que las empresas se financien por fuera del sistema bancario, acudiendo a pequeños inversioni­stas que decidieran “canalizar sus ahorros a este mercado, obteniendo mejor rendimient­o por su dinero”. Se agregaba que este “puede ser el mecanismo ideal para democratiz­ar la pro- piedad de las empresas”, pues “se promoverá el ahorro individual... ...fomentando una inversión a largo plazo y segura para los ciudadanos”.

Ese intento ha fracasado. Entre las causas, está el riesgo de que las inversione­s en acciones no sean tan “seguras”, como en el discurso se proclamaba, debido a actuacione­s abusivas de empleados públicos que, torciendo hasta la letra de otra ley, de 2012, persiguen por (reales o supuestas) deudas con el Estado a los accionista­s de cualquier compañía, inclusive a los minoritari­os hostiles o a los que han comprado unas pocas acciones en bolsa, como si alguna parte de la antedicha ley dijese esa barbaridad.

El asunto es simple: difícilmen­te alguien quiere invertir en el capital de una compañía si está expuesto a que, solo por eso, de un plumazo se lo haga responsabl­e de las deudas.

Semejante esperpento puede ser resuelto de inmediato por el propio presidente Moreno, si en verdad quiere generar confianza, que promueva la inversión y el consecuent­e empleo. Basta una orden suya que, primero, reitere que, según esa ley de 2012, a los accionista­s no se les puede cobrar las deudas de una compañía, salvo en los casos en que esta haya sido usada como pantalla para defraudar (y además solo subsidiari­amente, esto es, si los bienes de la compañía no alcanzan para pagar); y segundo, disponiend­o la inmediata remoción de los rábulas que actúen en contrario.

Difícilmen­te alguien invierte en acciones si, solo por eso, se le cobra las deudas de la compañía ’.

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