Diario Expreso

La otra factura de las prendas

El sector de la indumentar­ia es uno de los más contaminan­tes. Marcas y consumidor­es comienzan a sumarse al llamado para hacer de la moda una industria más sostenible

- MARJORIE DELGADO EL PAÍS ■ ESPECIAL PARA EXPRESO

Los tejidos y los tintes de la ropa son dos de los factores que agravan el impacto medioambie­ntal de la moda.

¿Cuánto pagaste por la ropa que hay en tu armario? Parece sencillo: el precio de cada prenda está en el recibo de compra; pero tras cada vestido, jean, camisa y hasta de una media hay un costo mayor que pasa desapercib­ido para muchos: el que paga el medioambie­nte y, por lo tanto, el futuro del planeta.

Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, hacer un jean requiere 7.500 litros de agua, lo que saciaría la sed de una persona durante siete años. Además, en todo el proceso (desde producir el algodón hasta transporta­rlo a la tienda) se emiten 33,4 kilogramos de carbono equivalent­e.

Si esto solo por un jean, pensemos lo que le cuesta al medio ambiente lo que contiene los armarios de todos nosotros. Estos datos, publicados por ONU Medio Ambiente y la Fundación Ellen Macarthur, pueden dar una idea: Cada año, la industria de la moda usa 93.000 millones de metros cúbicos de agua, lo que sería suficiente para satisfacer necesidade­s de consumo de cinco millones de personas.

Además, un 20 % de las aguas residuales del mundo provienen del teñido y el tratamient­o de textiles; el 87 % de las fibras que se usan para confeccion­ar la ropa se incinera o va directo a un vertedero. Y el 60 % se desecha antes de que se cumpla un año desde su fabricació­n.

El rubro de los textiles es responsabl­e del 10 % de las emisiones globales de carbono, mucho más que los sectores de transporte marítimo y aéreo juntos. De seguir con este ritmo, las emisiones de gases de efecto invernader­o correspond­ientes al sector de la moda aumentarán más del 50 % para 2030. Se prevé que, si los patrones demográfic­os y de estilo de vida siguen su curso, el consumo mundial de ropa aumente de los actuales 62 millones de toneladas a 102 millones en 10 años.

Cada año se vierten en el mar medio millón de toneladas de microfibra, lo mismo que 50.000 millones de botellas de plástico. ¿El peligro? Las microfibra­s no se pueden extraer del agua y, además, pueden permear las cadenas alimentici­as.

Los modos en los que opera actualment­e la industria de la vestimenta agravan el problema: el diseño y la producción de ropa se ha acelerado. El lanzamient­o de las coleccione­s ya no se planifica a propósito del cambio de una estación a la otra. La ropa se repone en los inventario­s con mucha más frecuencia.

Las tiendas de indumentar­ia a bajo costo ofrecen nuevos diseños cada semana. Si en el año 2000 se fabricaban 50.000 millones de prendas, casi 20 años después se fabrica el doble. El ritmo vertiginos­o de fabricació­n también acelera los hábitos de consumo: el consumidor promedio de hoy compra un 60 % más ropa que en el año 2000. Y no solo adquiere más, también desecha más.

Menos del 1 % de la ropa vieja se usa para hacer nuevas prendas. Cada año se pierden unos 500.000 millones de dólares por esa ropa que se usa una o muy pocas veces, que no se dona o recicla y que termina en la basura, advierte la Fundación Ellen Macarthur.

Está claro que el sector de la moda es clave para el desarrollo de las economías: está valorado en 2,4 billones de dólares, aproximada­mente, y da empleo directamen­te a 75 millones de personas, a lo largo de toda su cadena de valor. Se trata de la tercera industria manufactur­era más grande del mundo, después de la automotriz y la tecnológic­a.

Lo que se pide a quienes están involucrad­os con el negocio es que sigan creciendo sin estar en las líneas enemigas del medio ambiente; es decir, que se conviertan en aliados de la acción por el clima y que también promuevan mejores condicione­s para todos los trabajador­es del sector.

En 2017, el Boston Consulting Group le tomó el pulso a la industria de la moda. Con un puntaje de 32 sobre 100, su conclusión fue que el ritmo de sostenibil­idad del rubro aún es lento. Las empresas grandes y algunas medianas han dado pasos importante­s, pero la mitad del mercado no ha mostrado grandes esfuerzos por sumarse a un modelo más sostenible de producción. El estudio señala que dos tercios de los ejecutivos de moda no guían sus estrategia­s tomando en cuenta el impacto ambiental y social de la confección.

Fundacione­s como la de Ellen Macarthur, iniciativa­s como la Alianza de la ONU para una moda sostenible -creada hace unos meses, en la que también participan el programa Connect 4 climate del Banco Mundial y otras institucio­nes-incentivan una nueva economía textil que cambie este panorama. El objetivo es que se exploren nuevos materiales para fabricar una ropa que sea más duradera, que se pueda revender o reciclar para elaborar otros productos y que disminuya la contaminac­ión.

Algunas de las marcas más importante­s ya contestan este llamado y están trabajando en descubrir nuevas posibilida­des con los materiales y desarrolla­r procesos más comprometi­dos con el medioambie­nte. La tecnología y la investigac­ión están jugando un rol determinan­te en la transforma­ción de la industria.

Desde zapatos deportivos o ropa con materiales extraídos de los plásticos que se arrojan al mar; uso de pieles de pescado, tintas naturales en vez de químicos, mochilas y carteras hechas con lonas desechadas; cáscaras de frutas para sustituir pieles, hasta sistema de devolución de prendas para que la misma marca se encargue de reciclarla­s… La innovación empieza a marcar la pauta.

En América Latina, una industria en transición hacia un modelo sostenible ya comienza a cobrar impulso. Los diseñadore­s ya están experiment­ando y viendo posibilida­des que aprovechan la biodiversi­dad de la región, buscando esquemas comerciale­s que ayuden a promover las marcas que ya trabajan con procesos sustentabl­es, organizand­o eventos y buscando aliados para promover la compra de ropa y accesorios hechos con más responsabi­lidad con la naturaleza.

Iniciativa­s de América Latina como Hilo Sagrado o Evea, que fueron apoyadas en su momento por el Banco Mundial, a través de las competenci­as que organiza la Young Americas Bussines Trust, están trabajando con esta vocación.

Aunque no se trate aún de un fenómeno a gran escala y quede mucho por hacer, es esperanzad­or que algunas empresas estén tomando cartas en el asunto, sobre todo si se toma en cuenta que hasta hace 10 años muy pocos hablaban de la moda sostenible.

COMPRAS

El consumidor promedio de hoy compra un 60 por ciento más ropa que hace 20 años. Y no solo que adquiere más prendas, también desecha más.

7.500 LITROS DE AGUA

se necesitan para hacer un jean, esa misma cantidad saciaría la sed de una persona durante siete años.

 ??  ?? Industria. El rubro de los textiles es responsabl­e del 10 % de las emisiones de carbono, mucho más que el de transporte marítimo y aéreo. En la gráfica una fábrica de ropa en Guatemala.
Industria. El rubro de los textiles es responsabl­e del 10 % de las emisiones de carbono, mucho más que el de transporte marítimo y aéreo. En la gráfica una fábrica de ropa en Guatemala.
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Ecuador