Diario Expreso

La ciudad, la bohemia y JJ

- WILLINGTON PAREDES RAMÍREZ colaborado­res@granasa.com.ec

Toda urbe moderna cobija la bohemia y el romanticis­mo como su hábitat sociocultu­ral. Ahí tejen una singular simbiosis donde lo humano-mundano quiere, siente, transpira, sufre y muere existencia­lmente entre amores efímeros, tragos, rupturas, despedidas y añoranzas. Esto explica por qué la ciudad-puerto fue placenta y morada preferenci­al del ruiseñor de América. Así como el tango tuvo a Buenos Aires portuaria como lugar social, Guayaquil fue espacio y atmósfera vital de pasillos, boleros y valses de JJ; haciéndose “nuestro juramento”, lo sintió con “el alma en los labios”, hasta ser “romance de mi destino”.

Hay que explicar cómo y por qué la ciudad, provincia, país y Latinoamér­ica se confiesan “juliojaram­illeros”. Guayaquil lo encubó en su vientre, parió, sostuvo y proyectó al Ecuador y al mundo. Desde 1950-60 en cantinas, cabarés, barrios, cantones y recintos de ayer, así como hoy en burdeles, barrios marginales y ciudadelas de clase media JJ. canta para todos. La historia lo transfigur­ó y tejió en su piel urbana y rural. Es una vida y caso muy particular que es necesario estudiar, interpreta­r y explicar, porque sin esta historia de los bohemios y la bohemia no se puede comprender el mundo de JJ, la gramática de los sentidos, la vida y la forma de experiment­ar el amor y el mundo guayaco, aunque “me duele el corazón”, que salió de bares, cantinas y rocolas. Fue a las casas, habitacion­es, dormitorio­s, hamacas, radios, taxis, moteles, etc., donde todos quieren amar, vivir y sentir como JJ. y a lo JJ. Así ellos pueden decir “niégalo todo”. Aunque sea “amor sin esperanza” y termine siendo “un disco más”. Su voz pasó del disco de vinilo al ‘cassette’, ‘disquete’, CD y la virtualida­d. Y, aunque hoy el tiempo posmoderno es más efímero y líquido, sigue siendo nombre-apellido del Guayaquil vital.

El próximo 1 de octubre se cumplirá un año más del nacimiento de Julio Jaramillo. Y aún Guayaquil canta el “carnaval de la vida”, aunque solo tenga “cinco centavitos” y el amor para algunos sea “una fatalidad” “aunque me duela el alma”. El destino y la historia de JJ. lo hacen parte de la eternidad, hábitat, sentir y vida del guayaco. Pues guayaco que se respeta, por deber es “juliojaram­illero” por siempre.

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