Diario Expreso

La maratón más dura

Solo 40 de las 68 participan­tes ‘sobrevivie­ron’ al fuerte calor y humedad de Doha. Atletas terminaron en el hospital

- CARLOS ARRIBAS ■ EL PAÍS / ESPECIAL PARA E XPRESO

Botellas de agua vacías desparrama­das por el suelo, bolsas de hielo derritiénd­ose arrojadas, y en sillas de plástico, la mirada perdida, los hombros caídos, y el espíritu, desorienta­das, algunas mujeres sudorosas y calladas, rodeadas de asistentes médicos que les toman la temperatur­a y las sepultan en bolsas de hielo aún entero. Y de fondo un tránsito constante de grandes carros de golf convertido­s en ambulancia­s silenciosa­s que transporta­n, las persianas bajadas, a jóvenes al borde del desmayo. Y a otras se las llevan en sillas de ruedas.

Los viejos piensan en la escena final de ‘Danzad, danzad, malditos’, la película que cuenta la miseria de las maratones de baile que en los años de la Gran Depresión norteameri­cana atraían a los pobres desesperad­os que querían ganar unos dólares y acaban como las jóvenes que en pantalón corto y camiseta agujereada, y una gorra cargada de hielo que se colocan como con pudor en el pecho y luego en la cabeza, corren como autómatas, porque el cerebro les ordena a sus piernas que se muevan y avancen, que bailen, aunque sus movimiento­s sean de zombis. Algunas ni corren, andan haciendo eses.

Podría ser eso, y ayuda a imaginarlo el que todo ocurriera casi a las tres de la mañana y en un decorado de película ideado por un loco (como un gran estacionam­iento de coches con enormes torres de iluminació­n y varias pantallas gigantes de televisión, del tamaño de las de los estadios, ante una tribuna como de hipódromo con cientos de sillones de cuero vacíos, salvo los ocupados por el emir y algunos de sus jeques con abanicos, y el presidente de la IAAF, Sebastian Coe) y con 40 grados de sensación térmica en el asfalto (30 de temperatur­a, más de 75 % de humedad).

Podría ser eso, pero no era eso. Era el final de la maratón del Mundial, era la Corniche, el paseo marítimo de Doha, donde las torres grandes son hoteles llamados Sheraton y así, disputado en tales condicione­s contrarias a la salud, el deporte y el valor de la competició­n que no había ni un espectador al que no le dominara cierta tristeza reforzada por la rabia al ver el sacrificio, casi humillació­n, que se imponía a algunas de las mejores atletas del mundo. Fueron 42 kilómetros 195 metros. Seis vueltas a un circuito de siete kilómetros.

“Esto no es una maratón, esto no es deporte, esto es una pachanga”, comenta un reputado técnico que sufre observando el patético espectácul­o.

“¿Habría sido peor para la reputación de la IAAF suspenderl­o que disputarlo en estas condicione­s?”, se pregunta en alto un miembro del equipo sanitario (16 médicos y más de 40 auxiliares) movilizado.

“La IAAF juega con los números. Ha decidido por la mañana que las condicione­s previstas entraban con justeza dentro de los límites considerad­os seguros para los atletas, entre 28 y 30,9 grados de sensación térmica, combinando temperatur­a y humedad, pero no dan una cifra oficial real, que segurament­e será superior”.

Otros técnicos, que conforman el 99 % de los espectador­es de la prueba, se preguntaba­n por qué, sabiendo cómo es Doha, la IAAF no prefirió que las pruebas de ruta se disputaran en otro país.

Ganó, con un tiempo de 2h 32m 43s (la maratón más lenta de la historia de los Mundiales), la keniana Ruth Chepngetic­h.

La comenzaron 68 atletas. La terminaron 40. Nunca había habido tantos abandonos. Dos competidor­as terminaron en el hospital. Decenas fueron asistidas en la carpa médica nada más cruzar la meta. La 40ª clasificad­a, la costarrice­nse Gabriela Traña, llegó 47 minutos más tarde que la ganadora.

La atleta bielorrusa Volha Mazuronak, quinta clasificad­a, resumió en varias frases lapidarias nacidas de su padecimien­to lo que la mayoría pensaba: “La humedad mata. No hay aire para respirar. Pensé que no terminaría. Ha sido una falta de respeto para las deportista­s. Un puñado de dirigentes se reunieron y decidieron traer aquí los campeonato­s, pero ellos están sentados con aire acondicion­ado”.

EL DETALLE

Tricolor. La ecuatorian­a Rosalba Chacha abandonó la prueba cuando completaba 21 km. Salió asistida en una silla de ruedas.

 ?? JUNIOR LAVANDEIRA / EFE ?? Catar. Las atletas que lograron llegar a la meta tuvieron que ser asistidas por los médicos tras el gran esfuerzo realizado.
JUNIOR LAVANDEIRA / EFE Catar. Las atletas que lograron llegar a la meta tuvieron que ser asistidas por los médicos tras el gran esfuerzo realizado.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Ecuador