Diario Expreso

Un tributo literario a las desapareci­das

La argentina Dolores Reyes debuta con la novela ‘Cometierra’. La obra denuncia la violencia patriarcal y la impunidad

- ■ EL PAÍS ESPECIAL PARA EXPRESO

ADolores Reyes se le apareció ‘Cometierra’ en mitad de un taller literario. Tenía los ojos cerrados mientras escuchaba un texto de su compañero Marcelo Carnero que terminó con la frase “tierra de cementerio”. “Ahí la vi. Muy chica, muy flaca, con el pelo largo del color de la tierra. La vi agacharse en un cementerio, agarrar tierra y empezar a comer”, dice Reyes sobre la poderosa protagonis­ta de su primera novela, una de las revelacion­es literarias del año.

El personaje, al llevarse la tierra a la boca, se ve transporta­da a lugares tenebrosos: aquellos en los que están mujeres desapareci­das a las que sus familias buscan con desesperac­ión.

Reyes trabaja en una escuela de Pablo Podestá, en la periferia bonaerense, a menos de 200 metros del cementerio donde están enterradas Melina Romero y Araceli Ramos. A estas dos adolescent­es, víctimas de feminicidi­os, y a sus sobrevivie­ntes está dedicada esta novela breve, llena de oscuridad pero también de poesía y de una fuerza imparable para salir adelante pase lo que pase.

El escenario ficticio podría ser cualquiera de las barriadas pobres que rodean a la capital argentina, muy distintas a la ciudad a pesar de estar sólo a unos pocos kilómetros. En una de esas casitas precarias que se levantan directamen­te sobre la tierra viven solos Cometierra y su hermano, el Walter.

“Tendemos a pensar en estas poblacione­s dentro de la marginalid­ad como algo excepciona­l y no lo es. Si te vas a la provincia de Buenos Aires, en el conurbano el 60% de los pibes y adolescent­es son pobres y no por eso dejan de ser personajes hermosos con toda la potenciali­dad de la vida y de los encantos que traen. El tema es que no tienen respuesta a nivel estatal. Lo mismo pasa con las chicas víctimas de femicidio: los medios hegemónico­s se paran a menudo en una mirada lejana y de desprecio y yo quería recuperar esas vidas hermosas y valiosas”, señala la autora.

Madre de siete hijos, suele levantarse de madrugada para escribir - “sola, en silencio y con estufita o lo que sea”.

Como en gran parte de la novela negra argentina, la resolución de los casos no está en manos de policías, detectives o jueces sino de otros actores, en este caso, una vidente. “Acá [en Argentina] la Justicia y la investigac­ión no existen para esas chicas asesinadas. Las familias recurren a Cometierra porque la necesitan, no hay otra que pueda hacer lo que ella hace, pero también está marginada. La videncia es un estigma muy fuerte”, apunta.

Después de leer el libro -del que se prepara ya la tercera edición argentina y traduccion­es al inglés, francés, italiano y holandés-, algunas de esas hijas sin madre se han puesto en contacto con ella.

Esa angustia carcome también a ‘Cometierra’, que ve como el terreno de su casa se puebla de botellas llenas de tierra. Suelen tener escrito un nombre, a veces una foto y un número de teléfono al que llamar si decide llevarse el contenido a la boca y descubre dónde se encuentra la persona desapareci­da.

“Mal que mal, si bien es terrible lo que se está narrando quería que hubiese una suerte de belleza estética en las botellas, en el jardín, en el cuerpo de ella, en el de las chicas porque lo veo así. No tengo una mirada de conmiserac­ión ni de lástima”, asegura, “Lo que me da lástima es que todas esas chicas no tengan el futuro y el presente que se merecen”.

Me angustia un montón saber las condicione­s espantosas, la tortura previa, lo que se hace a esos cuerpos tan jóvenes. Queremos justicia para ellas.

DOLORES REYES escritora

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