Diario Expreso

Cómo influye la densidad del pecho en el cáncer de mama

Un estudio revela que pocas mujeres perciben esta caracterís­tica como un factor de riesgo ❚ Su densidad puede enmascarar el tumor en la mamografía

- JESSICA MOUZO EL PAÍS ⬛ ESPECIAL PARA EXPRESO

Hay mutaciones genéticas que predispone­n al cáncer de mama. También son factores de riesgo tener antecedent­es familiares de tumores en esta zona, sufrir obesidad o arrastrar hábitos poco saludables, como fumar. La mayoría de los peligros constatado­s para este tumor son conocidos en la calle, pero hay uno que se escapa del radar popular: tener el pecho denso.

Un estudio publicado en la revista Jama, de la Asociación Médica Estadounid­ense, revela que pocas mujeres perciben esta variable como un factor de riesgo y poco o nada saben sobre ella. La densidad mamaria no tiene que ver con el tamaño del pecho, sino con su composició­n interna: esto es, con tener más tejido fibroso y glandular que adiposo. Esa diferencia tiene un peso en la balanza de riesgo de desarrolla­r un tumor, que puede ser hasta cuatro veces mayor para las mujeres con mamas extremadam­ente densas.

La densidad mamaria no se ve a simple vista. Solo una mamografía puede revelarlo, explica Javier de Santiago, presidente de la Sección de Ginecologí­a Oncológica de la Sociedad Española de Ginecologí­a: “La mama está constituid­a por tejido fribroglan­dular y grasa. Cuando predomina el primero se habla de una mama densa.

Pero esto no tiene que ver con el tamaño. De hecho, generalmen­te, las mamas pequeñas son más densas”. También, cuanto más joven es una persona, más posibilida­des hay de que la mama sea densa. Pero esta caracterís­tica no es fija, sino que puede cambiar durante la vida de una mujer bajo diferentes influencia­s, como la propia edad cronológic­a, explican los científico­s.

El tejido mamario denso está presente en el 50% de las mujeres, explica el especialis­ta, que también es jefe de Ginecologí­a de MD Anderson.

Según el artículo de Jama, un estudio cualitativ­o a mujeres de entre 40 y 76 años, al comparar varios factores de riesgo y el peligro vinculado a la densidad mamaria, el 93% de las participan­tes consideró que los antecedent­es familiares de cáncer de mama representa­ban el mayor riesgo y el 65% creyó que el sobrepeso o la obesidad implicaban un riesgo mayor que la densidad mamaria. “Entre 61 mujeres entrevista­das, pocas percibiero­n que la densidad mamaria contribuye a su riesgo de desarrolla­r cáncer de mama”, señalaron los investigad­ores. Pero que esta variable se escape al radar de la calle no significa que no se conozca a ojos de la comunidad científica o no se tenga en cuenta en las consultas.

Uno de los motivos que explican el mayor peligro es que una mama densa puede enmascarar el tumor en la mamografía, apunta Marina Álvarez, portavoz de la Sociedad Española de Radiología Médica: “La mamografía es una variante de la radiografí­a. La imagen es en blanco y negro y ahí la grasa se ve en negro y tanto los tejidos glandulare­s como el tumor, en blanco”. Al ser del mismo color, una mama densa puede hacer que un nódulo maligno pase desapercib­ido. “Puede dificultar el diagnóstic­o. Cuanto más tejido fibrogland­ular haya, más dificultad tenemos de ver una lesión en la mama”, admite la radióloga.

La densidad mamaria es también un factor de riesgo en sí mismo, aunque la comunidad científica no tiene muy claro por qué. Probableme­nte, apunta Xavier Castells, jefe de Epidemiolo­gía del Hospital del Mar de Barcelona, porque “el porcentaje de tejido mamario que tiene el pecho es mayor y hay más posibilida­d de que haya un tumor”. “Está descrito que una mujer con densidad mamaria más alta tiene el doble de posibilida­des de tener cáncer que otra con mamas menos densas”, sostiene el epidemiólo­go.

La densidad mamaria, en cualquier caso, no se puede interpreta­r como un factor de riesgo aislado sin más. Hay que contextual­izarlo, teniendo en cuenta también otras variables de peligro, como la edad, los antecedent­es familiares o la predisposi­ción genética. Todo cuenta. Y suma. “No hay que alarmar a las pacientes. No se trata ahora de que se pongan a leer las mamografía­s. Lo ideal es estudiar qué otros factores puede haber también para hacer un seguimient­o especial”, resuelve De Santiago.

El riesgo de que una mujer tenga cáncer de mama a lo largo de su vida es del 12%. Se contagia un poco el miedo que da tener pacientes próximos que lo han sufrido.

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EL PAÍS Procedimie­nto. Una radióloga supervisa sobre una pantalla los resultados de una mamografía.

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