EL OJO VA­GO

UN PRO­BLE­MA CO­MÚN EN LOS NI­ÑOS

Dominguero - - Vida Sana -

Lam­blio­pía o tam­bién co­no­ci­da co­mo ojo va­go o pe­re­zo­so es la ma­la vi­sión del ojo, pro­duc­to de un mal de­sa­rro­llo de su fun­ción. Ge­ne­ral­men­te afec­ta a uno so­lo, pe­ro en al­gu­nos ca­sos pue­de ser a am­bos. La vi­sión se desa­rro­lla has­ta los 10 años. Es de­cir, si el ojo tie­ne ma­la per­cep­ción ‘ apren­de­rá’ a ver mal y no se po­drá co­rre­gir en un fu­tu­ro. Los ni­ños que su­fren es­ta con­di­ción ge­ne­ral­men­te tie­nen bue­na vi­sión en uno de sus ojos. Por es­ta ra­zón no per­ci­ben un de­fec­to en el otro. Es­to re­tra­sa la con­sul­ta con el es­pe­cia­lis­ta y no se po­drá rea­li­zar el tra­ta­mien­to en for­ma tem­pra­na. Ig­na­cio Ce­ba­llos, of­tal­mó­lo­go es­pe­cia­li­za­do en Ar­gen­ti­na, con 16 años de ex­pe­rien­cia, da ma­yo­res de­ta­lles so­bre es­ta afec­ción.

¿ CUÁ­LES SON LOS FAC­TO­RES QUE AU­MEN­TAN EL RIES­GO DE TE­NER OJO VA­GO?

La am­blio­pía pue­de ser he­re­di­ta­ria, pe­ro exis­ten otros fac­to­res co­mo el es­tra­bis­mo, de­sigual­dad en la graduación, nu­bo­si­da­des trans­pa­ren­tes en el ojo, ca­ta­ra­tas, pár­pa­do caí­do, e in­clu­so, na­ci­mien­to pre­ma­tu­ro o ba­jo pe­so al na­cer.

¿ CÓ­MO AFEC­TA AL DE­SA­RRO­LLO OCU­LAR?

Cuan­do es­to su­ce­de, el ce­re­bro uti­li­za el ojo con me­jor vi­sión y, ‘ apa­ga’ la vi­sión del ojo más dé­bil ( ojo va­go).

¿ SE PUE­DE DE­TEC­TAR A TIEM­PO?

No es fá­cil re­co­no­cer el ojo va­go en los ni­ños. Usual­men­te, ellos no son cons­cien­tes de te­ner un ojo más fuer­te y un ojo más dé­bil. A me­nos que el ni­ño ten­ga una des­via­ción en sus ojos u otra con­di­ción que sea vi­si­ble. Real­men­te no hay ma­ne­ra que los pa­dres pue­dan sa­ber si al­go no es­tá fun­cio­nan­do apro­pia­da­men­te.

TRA­TA­MIEN­TO

Los len­tes pue­den ser pres­cri­tos al prin­ci­pio pa­ra co­rre­gir los erro­res de en­fo­que. Sin em­bar­go, en oca­sio­nes es­to no es su­fi­cien­te. En es­tos ca­sos se es­ta­ble­ce un tra­ta­mien­to con par­ches, que por lo ge­ne­ral du­ra va­rias se­ma­nas. El tra­ta­mien­to con­sis­te en cu­brir el ojo más fuer­te con un par­che, es­to obli­ga al ni­ño a uti­li­zar su ojo dé­bil. Otra téc­ni­ca usa­da pa­ra lo­grar el mis­mo ob­je­ti­vo es ha­cer bo­rro­sa la vi­sión del ojo fuer­te me­dian­te go­tas es­pe­cia­les o un par de an­te­ojos con un len­te bo­rro­so en ese ojo. En es­te pro­ce­so es cru­cial el apo­yo de los pa­dres, pues los ni­ños sue­len pre­sen­tar re­sis­ten­cia a es­te ti­po de pro­ce­di­mien­tos.

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