Lo que de­bes con­si­de­rar

Dominguero - - Familia -

Los hi­jos siem­pre se­rán tu prio­ri­dad. Es­tar con al­guien sue­le sen­tir que que­da en se­gun­do lu­gar, y la reali­dad es que sí son el se­gun­do lu­gar. No so­lo por­que los hi­jos “lle­ga­ron pri­me­ro” que la pa­re­ja, sino que son de­pen­dien­tes y más aún si son me­no­res de edad.

El pa­pá o la ma­má bio­ló­gi­cos lo se­gui­rán sien­do. La nue­va com­pa­ñía no es un re­em­pla­zo de ellos. Es im­por­tan­te que el ni­ño se sien­ta con li­ber­tad pa­ra vi­si­tar a su pa­dre o su ma­dre.

Las de­ci­sio­nes de la edu­ca­ción de tu hi­jo son tu­yas y del pa­pá del ni­ño. Por lo tan­to, tu nue­va re­la­ción no pue­de opi­nar e in­clu­so tam­po­co po­ner lí­mi­tes y cui­dar­los. La res­pon­sa­bi­li­dad es de los pa­dres.

No hay ins­truc­cio­nes es­cri­tas. Ca­da fa­mi­lia en­cuen­tra sus pro­pias for­mas pa­ra in­cor­po­rar a los nue­vos miem­bros. Bus­car el bie­nes­tar pa­ra to­dos crea tu pro­pio sis­te­ma fa­mi­liar.

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