Se enamo­ró

Dominguero - - Variedades - Por Blan­ca Mon­ca­da @ Blan­ki­mon­ki

Cor­ti­nas de co­lo­res, lu­ces te­nues y una sal­sa de La­voe ca­mi­nan­do co­mo fan­tas­ma en­tre las me­sas. En la ta­ri­ma bai­la una dama, va­rias qui­ja­das caen al pi­so al ver el show. La bie­la zum­ba. Aquel es­tá en una es­qui­na, tí­mi­do. Cua­tro pa­nas le ha­cen la pa­ta pa­ra es­ta, su pri­me­ra vez en el chon­go. Le tiem­blan las pier­nas. Las mu­je­res que tra­ba­jan en es­to, lo tran­qui­li­za un ami­go, es­tán acos­tum­bra­das a la ru­ti­na del se­xo sin com­pro­mi­sos ni sen­ti­mien­tos. Son em­pre­sa­rias. Él, ro­mán­ti­co em­pe­der­ni­do, pa­sa mi­ra­da a la mer­ca­de­ría de la no­che has­ta que la ha­lla. Per­fec­ta. Blan­ca co­mo la es­pu­ma de la cer­ve­za que se to­ma, de labios ro­jos y grue­sos, pier­no­tas. Ella es. Los man­ga­jos le si­guen la pis­ta y ha­cen un ade­mán de acep­ta­ción, co­mo el pa­dre que mi­ra or­gu­llo­so los pri­me­ros pa­sos pro­fe­sio­na­les de al­guno de sus hi­jos. En­tran des­pués del tran­ce. El be­bé tie­ne ape­nas 18. Sa­lió con el pe­cho hin­cha­do des­pués del res­pec­ti­vo depósito de su pri­me­ra ge­ne­ra­ción. Be­bió otra he­la­da y rió un po­co de las mo­fas que re­ci­bió por prin­ci­pian­te. Ya en el au­to, de re­gre­so a ca­sa, re­fle­xio­nó en voz al­ta. “Creo que esa pe­la­da se enamo­ró de mí, ¿ sa­ben? Por­que se de­jó be­sar en la bo­ca…”. Una mon­ta­ña de car­ca­ja­das lo en­te­rró en una pis­ci­na de ver­güen­za. No sa­le de allí has­ta aho­ra, aun­que de aque­llo han pa­sa­do al­gu­nos años. Si tie­nes al­gu­na his­to­ria es­cri­be a mon­ca­dab@ gra­na­sa. com. ec o lla­ma al 042201100, ext. 2099.

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