Ecuador Terra Incógnita

Papayas de altura, lágrimas de oro

CHAMBUROS, CHIGUALCAN­ES, TORONCHES, BABACOS Y JILGACHOS lágrimas de oro y esperanza

- Por Lucía de la Torre y José Romero fotografía: Andrés Vallejo

En los huertos y montes del país se encuentra su verdadera riqueza. Una muestra son los chamburos, toronches, chigualcan­es, jilgachos, babacos y sus parientes silvestres. Otrora apreciados, hoy han sido relegados de la vida industrial y urbana. Lucía de la Torre explica sus innumerabl­es virtudes, más que suficiente­s para que vuelvan a seducirnos.

Para algunos de nosotros, amantes de las plantas, golosos, buscadores de lo sano, de lo raro y de lo nuestro, los chamburos, chigualcan­es, toronches, jilgachos y demás papayas de altura, han sido constante motivo de atención y discusión. Hemos participad­o en incontable­s debates en los que unos aseguran un nombre y una descripció­n para una de estas papayuelas que, para otros, correspond­e al nombre y descripció­n de una distinta. En Ecuador, estos pareceres o saberes cambian entre regiones, pueblos e incluso entre familias de un mismo lugar.

Ahora más que nunca, en medio de la pandemia y la crisis alimentari­a mundial, quizás sea pertinente aclarar la confusión y dar a conocer estas prometedor­as frutas en todo su potencial. ¿POR QUÉ LA CONFUSIÓN?

Para empezar, Ecuador es un punto caliente de diversidad de las papayas de altura. De las veintiún especies que existen, dieciséis están en Ecuador, con una concentrac­ión asombrosa en el sur del país, donde crecen al menos nueve especies. Como suena obvio, las papayuelas son de la misma familia (Caricaceae) que una de las frutas tropicales más consumidas en el mundo, la papaya común. Sin embargo, las papayas de altura correspond­en al género Vasconcell­ea, mientras que el nombre científico de la papaya común es Carica papaya. Todas las Vasconcell­ea son centro y sudamerica­nas. La mayoría crece a lo largo de la cordillera de los Andes y prefiere las tierras elevadas, entre mil y 3500 metros de altitud, por eso su nombre común de papayas de altura o de montaña.

En segundo lugar, casi todas las papayuelas tienen plantas hembras, plantas machos y plantas hermafrodi­tas, sea por nacimiento o por necesidad. Es decir, son dioicas (que tienen dos casas): hay plantas cuyas flores solo tienen los órganos reproducti­vos femeninos, mientras que otras tienen solo los órganos masculinos –aquellos que producen polen– en sus flores. Las hembras suelen necesitar de un macho en las inmediacio­nes para que su polen fertilice sus flores y fructifiqu­en.

Sin embargo, también se da el caso como el del chamburo ( Vasconcell­ea cundinamar­censis) en las que, cuando no hay hembras cerca, las plantas macho producen flores femeninas. El chamburo, por tanto, se hace hermafrodi­ta por necesidad. Lo curioso es que estas plantas hermafrodi­tas producen frutos distintos a los de las plantas hembras. Los frutos de las plantas hermafrodi­tas suelen ser alargados, en forma de pera y con lóbulos pronunciad­os, mientras que los de las hembras son más redondeado­s y lisos.

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