EL ME­JOR

Expresiones - - Ocio (e) -

Un fa­mo­so au­tor fue in­vi­ta­do una vez por un re­nom­bra­do ci­ru­jano a con­tem­plar una di­fí­cil ope­ra­ción que iba a rea­li­zar. Mien­tras el ci­ru­jano lle­va­ba a ca­bo los pre­pa­ra­ti­vos ne­ce­sa­rios pa­ra la ope­ra­ción, pa­re­cía con­fia­do, pe­ro un po­co ner­vio­so. Lue­go, em­pren- dien­do el ca­mino ha­cia el qui­ró­fano, se de­tu­vo un mo­men­to e in­cli­nó la ca­be­za ( mien­tras re­za­ba en su in­te­rior). Más tar­de du­ran­te la ope­ra­ción sus ma­nos se veían sin ner­vios... Se veían tran­qui­las... Mu­cho tiem­po des­pués, el au­tor ex- pre­só su sor­pre­sa de que un ci­ru­jano re­za­se. Di­jo: “Yo creía que un ci­ru­jano con­fia­ba en su pro­pia ca­pa­ci­dad”. “¡ Un ci­ru­jano es so­la­men­te un hom­bre!” fue la con­tes­ta­ción del mé­di­co.

ANÓ­NI­MO

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