EDAD DEL VIEN­TO

Expresiones - - Ocio (e) -

No me pre­gun­ten qué edad ten­go, pues en es­ta vi­da apren­dí a ser vien­to que co­rre li­bre, bo­rran­do los mie­dos, pro­nun­cian­do ver­da­des, sin que me fre­nen. Qué im­por­ta la edad que ten­go, si lle­vo el mis­mo tiem­po del ai­re que res­pi­ro glo­rio­sa­men­te y me sien­to im­po­nen­te cual mon­ta­ña que se ele­va si­len­cio­sa­men­te. Mis años son tan­tos que apren­dí de los erro­res y be­bí del amor sus me­jo­res li­co­res. Mi edad me per­mi­te ver las co­sas sim­ples co­mo el me­jor te­so­ro y des­cu­brir en la mi­ra­da de un ni­ño su pro­fun­da pu­re­za y su cu­rio­si­dad por la vi­da. Mi edad no tie­ne años, tie­ne mi­les de vi­ven­cias y sa­bi­du­rías que jun­té en ca­da uno de mis días. Soy vien­to, soy bri­sa, ai­re sin tiem­pos, soy así. Sin años co­mo el río que co­rre in­ce­san­te, el sol que bri­lla des­de el ama­ne­cer y lu­na eter­na en mi al­ma. En­ton­ces no me pre­gun­ten qué edad ten­go, por­que cuan­do se co­se­cha la ex­pe­rien­cia de ca­da una de las vi­ven­cias a tra­vés del tiem­po, soy co­mo vien­to. Sin edad.

AU­TOR DES­CO­NO­CI­DO

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