Cuan­do te­nía 71 años de edad lo­gró ob­te­ner su cé­du­la de ciu­da­da­nía ecua­to­ria­na. A los 73 años fa­lle­ció.

La Hora Santo Domingo - - PERFIL - POR: CRIS­TI­NA TIPÁN/ LA HO­RA

El le­ga­do de Gi­lles Blain, un fran­cés que lle­gó ha­ce 25 años a San­to Domingo, aún per­du­ra en las per­so­nas que lo co­no­cie­ron y se ha­ce vi­si­ble cuan­do se ha­bla de Ka­ra­te, de­por­te del cual fue afi­cio­na­do du­ran­te to­da su vi­da.

Gi­lles mu­rió el 3 de agos­to de 2015 a cau­sa de un cán­cer a la ve­ji­ga, con la cual lu­chó du­ran­te seis años.

Vi­vió en or­fa­na­tos, fue par­te de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial, tra­ba­jó co­mo asis­ten­te de co­ci­na en uno de los res­tau­ran­tes más fa­mo­sos de Fran­cia, lo que le per­mi­tió co­no­cer va­rios paí­ses del mun­do has­ta lle­gar a que­dar­se en Ecua­dor.

A es­te país lle­gó cuan­do te­nía 30 años de edad y brin­dó sus ser­vi­cios de Chef en el ho­tel Hil­ton Co­lón, Ho­tel Qui- to, has­ta lo­grar co­lo­car su pro­pio ne­go­cio lla­ma­do ‘Rin­cón de Fran­cia’, que has­ta la ac­tua­li­dad exis­te en la ciu­dad de Qui­to. En la ca­pi­tal tam­bién abrió el ho­tel Am­bas­sa­dor.

San­to Domingo

Des­pués de co­lo­car los ne­go­cios an­tes men­cio­na­dos, Gi­lles lle­gó a San­to Domingo cer­ca del año 1994, don­de abrió el pri­mer Hi­per­mar­ket, que en aque­lla tem­po­ra­da era una no­ve­dad, pe­ro que tu­vie­ron que ce­rrar por la pre­sen­cia de otras em­pre­sas.

Por su al­ma ju­ve­nil, co­mo lo ca­ta­lo­ga su hi­ja Nat­ha­lie, co­lo­có una dis­co­te­ca lla­ma­da Eli­te, la cual tu­vo que ser ce­rra­da des­pués de un buen tiem­po que abrió las puer­tas al pú­bli­co. El amor al ka­ra­te hi­zo que abrie­ra un club, que du­ró 15 años, don­de prac­ti­ca­ban ni­ños y adul­tos de to­das las eda­des. Lue­go aper­tu­ra otra es­cue­la lla­ma­da IKA, don­de los ni­ños re­ci­bían cla­ses gra­tis. Él era quien do­na­ba los pre­mios, ha­cía cam­peo­na­tos y siem­pre apo­ya­ba a quien era par­te de aquel de­por­te.

Nat­ha­lie co­men­tó que su pa­pá lle­gó a ser sex­to Dan en cin­tu­rón ne­gro, lo­gro que muy po­cos lo pue­den cum­plir. Ade­más, fue el pri­mer re­fe­rí ecua­to­riano en es­tar en una olim­pia­da mun­dial.

Des­pués de su muer­te to­das las per­so­nas que él ayu­dó aún si­guen vi­si­tan­do su tum­ba, a pe­sar de que ya no les pue­de ayu­dar.

Gi­lles Blain de­jó en la or­fan­dad a seis hi­jos.

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