En­tre glo­ria y re­cha­zo: Jac­ques Of­fen­bach

Hoy en día Jac­ques Of­fen­bach es ce­le­bra­do co­mo un fa­mo­so vio­lon­che­lis­ta, crea­dor de músico ecle­siás­ti­ca y ro­mán­ti­ca. Ade­más de mu­chos al­tos, el compositor de ope­re­ta tam­bién ex­pe­ri­men­tó ba­jos.

Deutsche Welle (Spanish edition) - - Cul­tu­ral -

Un vio­li­nis­ta de ca­fé y la hi­ja de un cam­bis­ta fue­ron sus pa­dres: Jac­ques Of­fen­bach cre­ció en cir­cuns­tan­cias familiares bas­tan­te po­bres. Na­ció co­mo el sép­ti­mo de diez hi­jos en Co­lo­nia, don­de su pa­dre tra­ba­jó más tar­de co­mo can­tor de la co­mu­ni­dad ju­día lo­cal. El pe­que­ño Ja­kob, co­mo se lla­ma­ba en­ton­ces, apren­dió a to­car el vio­lon­che­lo y el vio­lín y se pre­sen­tó en po­sa­das con dos de sus her­ma­nos. Los pla­nes eran am­bi­cio­sos, así que el pa­dre via­jó a Pa­rís jun­to con Ja­kob y Ju­lius, que era cua­tro años ma­yor.

Po­co des­pués Jac­ques, co­mo se lla­ma aho­ra, se con­vir­tió en vio­lon­che­lis­ta de la Opé­ra

Co­mi­que y es­tu­dió com­po­si­ción. Pron­to fue con­si­de­ra­do un ta­len­to ex­cep­cio­nal en el vio­lon­che­lo y se hi­zo fa­mo­so, so­bre to­do en los sa­lo­nes de Pa­rís. En 1844 se ca­só con la es­pa­ño­la Her­mi­ne d'Al­cain y se con­vir­tió al ca­to­li­cis­mo. Y co­mo el éxi­to en el vio­lon­che­lo no le bas­ta­ba, Of­fen­bach fun­dó su pro­pio tea­tro, el "Bouf­fes-Pa­ri­siens", só­lo tres años des­pués. Las com­po­si­cio­nes li­via­nas de Of­fen­bach

En es­ta épo­ca Jac­ques Of­fen­bach ce­le­bró enor­mes éxi­tos: más de 100 opé­ras bou es y ope­re­tas fue­ron crea­das en es­te pe­río­do. To­das ellas li­ge­ras co­mo el cham­pán y con in­ter­lu­dios de bai­le. El pú­bli­co pa­ri­sino que­dó en­can­ta­do. Of­fen­bach ha­bía lo­gra­do es­ta­ble­cer la ope­re­ta de en­tre­te­ni­mien­to co­mo un gé­ne­ro com­ple­ta­men­te in­de­pen­dien­te. En­tre sus obras más fa­mo­sas es­tán "La vi­da pa­ri­si­na”, "Or­feo en los in­fier­nos” con el po­pu­lar "Can­can”, y tam­bién "La gran du­que­sa de Gé­rols­tein”. Of­fen­bach ob­tu­vo un triun­fo tras otro. Cuan­do fi­nal­men­te con­si­guió la ciu­da­da­nía fran­ce­sa, en 1860, el compositor pa­re­ció te­ner a Pa­rís en­te­ra­men­te a sus pies. So­lo un año des­pués se le otor­gó el ran­go de Caballero de la Le­gión de Ho­nor.

Pe­ro cuan­do es­ta­lló la gue­rra fran­co-pru­sia­na en 1870, la es­tre­lla de Of­fen­bach co­men­zó a hun­dir­se. Los fran­ce­ses lo veían co­mo enemi­go ale­mán, y los ale­ma­nes lo eti­que­ta­ron co­mo un francés frí­vo­lo y trai­dor. Of­fen­bach aban­do­nó Fran­cia. Pe­ro in­clu­so con sus gi­ras a Ita­lia, Aus­tria, Reino Uni­do y EE.UU. no pu­do con­ti­nuar sus éxi­tos an­te­rio­res. "No me que­da mu­cho tiem­po"

Al re­gre­so de su gi­ra de con­cier­tos por EE.UU., Of­fen­bach co­men­zó a tra­ba­jar en su úl­ti­ma gran obra en 1876: la ópe­ra "Los cuen­tos de Hoff­mann". En sep­tiem­bre de 1880 que­dó pos­tra­do de­bi­do a una gra­ve en­fer­me­dad de go­ta. El mis­mo Of­fen­bach sos­pe­cha­ba que no vi­vi­ría pa­ra ver el es­treno de su obra.

Y así fue: mu­rió el 5 de oc­tu­bre de 1860 a la edad de 61 años, du­ran­te un en­sa­yo. En Pa­rís se ce­le­bró un gran fu­ne­ral por él. Of­fen­bach fue en­te­rra­do en el ce­men­te­rio de Mont­mar­tre, cer­ca de su ca­sa. Se di­ce que du­ran­te el ser­vi­cio fú­ne­bre las puer­tas de la igle­sia que­da­ron abier­tas pa­ra que los apro­xi­ma­da­men­te 3.000 do­lien­tes pu­die­ran es­cu­char la mú­si­ca del compositor, in­clu­yen­do al­gu­nas pie­zas de la nue­va e inaca­ba­da ópe­ra "Los cuen­tos de Hoff­mann". (gg/dzc)

Of­fen­bach y su fa­mi­lia.

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