Ar­tí­fi­ce de sue­ños

“Da el pri­mer pa­so con la fe. No tie­nes por qué ver to­da la es­ca­le­ra. Bas­ta con que subas el pri­mer pel­da­ño”, Mar­tin Lut­her King Jr.

Revista D - - SUPERACIÓN - Por Vi­via­na Ruiz Fo­to: Ke­neth Cruz

En la dé­ca­da de 1950 en Gua­te­ma­la ha­bía unos dos mi­llo­nes 300 mil ha­bi­tan­tes, uno de es­tos, un ni­ño de Ra­bi­nal, Ba­ja Ve­ra­paz, vio por pri­me­ra vez la luz de la vi­da. Es­te pe­que­ñín cre­ció en una fa­mi­lia de es­ca­sos re­cur­sos, por eso du­ran­te su ju­ven­tud, a los 20 años, pa­ra pa­liar los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, se en­lis­tó en el Ejér­ci­to de Gua­te­ma­la y des­ta­ca­do al cuar­tel ge­ne­ral de la ca­pi­tal. Hoy tie­ne 68 años y una mi­sión: gra­duar­se de abo­ga­do y no­ta­rio.

El re­to que se pro­pu­so Jo­sé Do­min­go Rax­ca­có no es si­nó­ni­mo de locura, to­do lo con­tra­rio.

“Ca­da gran sue­ño co­mien­za con un so­ña­dor”, ase­gu­ra Rax­ca­có, quien ya ce­rró pen­sum y se en­cuen­tra en la fa­se fi­nal pa­ra op­tar a los tí­tu­los de Abo­ga­do y No­ta­rio por la Uni­ver­si­dad Ma­riano Gál­vez (UMG), ca­sa de es­tu­dios don­de ob­tu­vo, en el 2016, la li­cen­cia­tu­ra en Cien­cias Ju­rí­di­cas y So­cia­les, por cier­to, el mis­mo año en el que uno de sus hi­jos se gra­duó tam­bién en le­yes, pe­ro por la Uni­ver­diad de San Car­los.

ÉRA­SE UNA VEZ

Cuan­do in­gre­só a las fuer­zas cas­tren­ses, di­cho sea de pa­so, en una épo­ca po­lí­ti­ca di­fí­cil en el país por el sur­gi­mien­to del con­flic­to ar­ma­do in­terno, Rax­ca­có traía con­si­go so­lo un di­plo­ma, el de sex­to gra­do de pri­ma­ria, pe­ro de­ci­dió se­guir con sus es­tu­dios.

“¿Si fue di­fí­cil?, sí lo fue por­que, ade­más, a los po­cos años me ca­sé; yo te­nía 23 años y ella 28, y lue­go tu­vi­mos dos hi­jos —Jo­sé Do­min­go na­ció en 1976 y Mel­vin Es­tuar­do en 1978— sin em­bar­go, me re­ci­bí de pe­ri­to con­ta­dor de la Es­cue­la de Co­mer­cio. Te­nía 30 años”, cuen­ta.

“Aun­que en 1985 cau­sé ba­ja del Ejér­ci­to con­se­guí tra­ba­jo en la en­ton­ces Po­li­cía Na­cio­nal Ci­vil pa­ra for­mar par­te del Ga­bi­ne­te de iden­ti­fi­ca­ción de­bi­do a mis no­cio­nes de fo­to­gra­fía”, re­cuer­da Rax­ca­có.

Lue­go fun­gió co­mo en­car­ga­do de asun­tos ju­di­cia­les y más tar­de fue sub­co­mi­sa­rio en Za­ca­pa y Vi­lla Nue­va. Fue en es­te lu­gar, en el cual la­bo­ró por 16 años, don­de su­po que de­bía se­guir con su de­sa­rro­llo aca­dé­mi­co, por lo que del 2002 al 2005 cur­só el téc­ni­co en Cri­mi­no­lo­gía en la UMG.

Al año si­guien­te, sus as­pi­ra­cio­nes in­te­lec­tua­les lo di­ri­gie­ron a la Fa­cul­tad de De­re­cho.

Es­tu­dió el pri­mer año en el cam­pus cen­tral, pe­ro el si­guien­te ci­clo fue tras­la­da­do a la se­de de Chi­mal­te­nan­go. “Es­tu­ve en el plan fin de se­ma­na; los vier­nes en­tra­ba a las 17 ho­ras y los sá­ba­dos a las 8. Me iba en bus, así que mis jor­na­das fue­ron muy lar­gas”, com­par­te.

En la ac­tua­li­dad, gra­cias a una be­ca del Cen­tro de Es­tu­dios de De­re­cho (Ce­de), tam­bién de la UMG, se pre­pa­ra pa­ra los exá­me­nes pú­bli­cos y con­se­guir su sue­ño, lo que no lo li­mi­ta pa­ra se­guir tra­ba­jan­do co­mo pro­cu­ra­dor en una ofi­ci­na del Es­ta­do.

“Es­toy a pun­to de cum­plir mi me­ta y aún así quie­ro mu­chas co­sas, al­gu­nas las ten­dré, si me es­fuer­zo, co­mo ejer­cer el de­re­cho ci­vil, pe­nal o la­bo­ral, pe­ro otras, co­mo com­par­tir mi éxi­to con mi es­po­sa, no lo con­se­gui­ré. Ella mu­rió el año pa­sa­do, tras una lar­ga y do­lo­ro­sa en­fer­me­dad. Vi­vi­mos 45 años jun­tos y siem­pre fue mi apo­yo, pe­ro sé que es­tá con Dios a quien le de­bo to­dos mis lo­gros”, con­clu­ye.

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