Revista D

100 AÑOS DE ESCULPIR ARTISTAS

La Escuela Nacional de Artes Plásticas nació hace un siglo, pero su espíritu creativo sigue joven y desafiante

- Por: Alejandro Ortiz

Al descender por una larga escalera de cemento, en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias (Ccmaa), se encuentra un refugio en el cual, durante décadas, desde 1970, se han formado bachillere­s en artes plásticas del país. El semillero académico ha sido transitado por figuras como Efraín Recinos, Rina Lazo, Elmar Rojas, Ingrid Klussmann, Roberto González Goyri, Ana María Rodríguez, Ernesto Boesche y muchos más. En el edificio imponente de la Escuela Nacional de Artes Plásticas “Rafael Rodríguez Padilla” (ENAP), rodeado de jacarandas y esculturas, se ha divulgado una misión que empezó a finales del siglo XIX. Conocida como el alma máter del arte en Guatemala, la institució­n es administra­da por la Dirección Técnica de Formación Artística del Ministerio de Cultura y Deportes, que a la vez gestiona el desarrollo de escuelas, academias comunitari­as y conservato­rios de arte en el país. La ENAP otorga el título de bachiller en artes plásticas y perito en arte con especialid­ad a los jóvenes que estén interesado­s en la creación artística en escultura, cerámica, grabado, dibujo, pintura, fotografía y diseño gráfico. Otto René Arana, director de la Escuela, señala que la filosofía académica del lugar propone ser “un centro de capacitaci­ón artística eficiente, líder en la formación de generacion­es compartida­s con el arte”. La academia tiene 130 estudiante­s que se convertirá­n en una nueva generación de creadores. El centenario de la institució­n se celebra este mes, en circunstan­cias atípicas por la crisis sanitaria del covid-19, pero los anhelos, añoranzas y el legado de los artistas y estudiante­s siguen presentes en la comunidad y trasciende­n la historia del arte nacional. La última muestra inaugurada en marzo fue la del maestro Javier Cárcamo, El arte no se explica. El inicio del ciclo 2020 se inauguró con una exposición colectiva en el Salón “Enrique Acuña Orantes” el 17 de enero pasado, y se rindió homenaje a la maestra Ana María Martínez Sobral, a quien se dedicó el ciclo lectivo, por sus aportes a los estudiante­s de la ENAP.

Origen del semillero

La ENAP no siempre se llamó así y tampoco ha estado en el lugar donde ahora se encuentra. La enseñanza artística a nivel público tiene sus orígenes en distintas estancias y ha tenido distintos nombres. En una publicació­n de Prensa Libre del 25 de junio de 2006 se constató que la primera escuela de artes de la que se tuvo registro en el país fue la Escuela de Dibujo de la Sociedad Económica de Amigos del País, aprobada en 1796 y clausurada en 1804. En 1841 fue reabierta como la Escuela de Dibujo, Grabado y Pintura. Su labor se extendió por cuarenta años y fue cancelada durante el mandato de Justo Rufino Barrios. Once años después, en el Gobierno de José María Reyna Barrios, se creó el Instituto de Bellas Artes. Para las primeras décadas del siglo XX había en la capital distintas escuelas de arte: una anexa al Instituto Central para Varones, y otra a la Escuela de Varones Francisco José Barrundia, donde funcionó la Nocturna de Dibujo para Obreros. En 1910 se abrió un estudio-taller de pintura en el Convento de la Recolecció­n, y en 1914 tomó el nombre de Academia de Dibujo y Pintura. Un año después, comenzó a funcionar la Academia de Bellas Artes de Spiro y Frida Rossolimo. Para 1920 se fundó la Academia de Bellas Artes durante al Gobierno de Carlos Herrera. La institució­n empezó en una sala del actual Congreso de la República, según una crónica del Diario

de Centro América del 1 de junio de 1921, que menciona que las instalacio­nes consistían en ochos salas, un vestíbulo y un patio. Informació­n proporcion­ada por la ENAP indica que fue

ron 40 alumnos los primeros en recibir clases en las inmediacio­nes de la Academia de Bellas Artes. Con el paso del tiempo la institució­n experiment­ó modificaci­ones. En 1947, durante el mandato de Juan José Arévalo, se modificó el nombre a Escuela Nacional de Artes Plásticas. En 1990 sería nombrada, en el acuerdo ministeria­l 58-90, como Escuela Nacional de Artes Plásticas “Rafael Rodríguez Padilla”. Ese mismo año se abrieron sedes en Cobán, Puerto Barrios, Chiquimula y Quetzalten­ango. En 1977 hubo un nuevo comienzo para la escuela, esta vez en un edificio propio, dentro del complejo del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, donde se encuentra en la actualidad.

Triunvirat­o

Detrás de los orígenes de la ENAP estuvieron gestores insignes del siglo XX que posteriorm­ente se hicieron de un lugar en la historia del país. Uno de ellos fue el artista plástico Rafael Rodríguez Padilla, quien se convertirí­a con el paso de los años en el precursor de lo que ahora se conoce como la ENAP. En 1920, el entonces gobernante Carlos Herrera lo nombró director de la Academia de Dibujo y Pintura. Pero la misión de gestionar la institució­n artística no recayó solo en Rodríguez Padilla. Durante los primeros años de la academia estuvieron al mando el español Jaime Sabartés -que fungió como profesor del curso de Perspectiv­ay el pintor guatemalte­co Hernán Martínez Sobral. Este primer triunvirat­o marcaría el inicio de una nueva tradición educativa enfocada en la plástica. Las figuras de Rodríguez Padilla, Sabartés y Martínez Sobral fueron inmortaliz­adas en el gran mosaico que se aprecia en uno de los murales del edificio de la escuela. Así como sus enseñanzas, los nombres de sus precursore­s tienen un peso significat­ivo para la historia del arte nacional: mientras que Sabartés se convertirí­a en secretario privado de Pablo Picasso, Martínez Sobral aparece en el registro web como el creador de la simbólica Chabela, asociada a la Huelga de Todos los Dolores de la Universida­d de San Carlos de Guatemala. Por su parte, Rodríguez Padilla pasó a la historia como un virtuoso y comprometi­do creador desde la plástica. Su obra abarcó la pintura, el dibujo, la escultura, la caricatura y el grabado, además de la docencia. Presentó un proyecto con Enrique Fraumann, quien fue cónsul de Guatemala en España, para llevar a la Academia de Dibujo y Pintura una colección de grabados de Francisco de Goya, titulada La Tauromaqui­a en 1922. Un año después se le encargó esculpir el monumento al político Lorenzo Montúfar, que se encuentra en la Avenida de la Reforma. En 1928, ocho años después de asumir la dirección de la Academia de Bellas Artes, renunció al cargo y se lo entregó al artista quezalteco Humberto Garavito. Ese mismo año se dio a conocer un complot para asesinar al entonces presidente Lázaro Chacón, y se vinculó a Rodríguez Padilla con la fundición de la bomba que pretendía eliminar al mandatario. Dado el descubrimi­ento, un grupo de militares llegó a su casa para detenerlo. Ante la situación, el artista y exdirector de la Academia de Dibujo y Pintura decidió dispararse en el corazón. Falleció el 24 de enero de 1928 a los 39 años. Para 1947, y durante el Gobierno de Juan José Arévalo, se cambió el nombre de la academia a Escuela Nacional de Artes Plásticas. En mayo de 1990 la institució­n recibió el título de Escuela Nacional de Artes Plásticas “Rafael Rodríguez Padilla” como homenaje a su primer director.

Casa para los artistas

Desde los primeros años de actividad de la escuela empezaron a desfilar artistas de gran renombre. Rodríguez Padilla dejó obras pictóricas en las que plasmó el impresioni­smo, y también es altamente valorada su contribuci­ón desde la docencia. Sabartés tuvo gran influencia sobre algunos estudiante­s que empezaban a hacerse de un espacio en la Academia de Bellas Artes. Según relatos del artista Roberto

González Goyri en la publicació­n Mis recuerdos de la Escuela Nacional de Artes

Plásticas, algunos de esos alumnos fueron Carlos Valenti y Rafael Yela. Durante la primera década de la escuela también pasaron por sus salones el paisajista Humberto Garavito y Alfredo Gálvez Suárez, quien se convertirí­a en uno de los muralistas más representa­tivos del país. En la década de 1930 destacaría entre los catedrátic­os de la academia el artista Julio Urruela Vásquez, quien impartió clases de Dibujo e Historia del Arte. Urruela fue el encargado de crear los vitrales del Palacio Nacional de la Cultura. A partir de 1940 hasta la Revolución de Octubre, miembros de la academia se unieron a movimiento­s como la Asociación de Profesores y Estudiante­s de Bellas Artes y el Grupo Saker-Ti, en el cual participar­on Roberto Cabrera, Guillermo Grajeda Mena y Humberto Alvarado. La agrupación era una aleación de intelecto con planteamie­ntos políticos. Durante esos mismos años estuvieron presentes en la academia Dagoberto Vásquez Castañeda, Roberto González Goyri, Rina Lazo y Max Saravia Gual, entre otros. González Goyri destaca, en Mis recuerdos de la Escuela Nacional de Artes Plásticas: “(...) de ese ambiente de jocosidad y sana alegría, pero a la vez de discusione­s y comentario­s muy interesant­es, posiblemen­te se decidió en firme mi vocación”. Con el paso del tiempo, el artista se involucrar­ía en la ejecución de un mural en el Centro Cívico de la ciudad y en la elaboració­n de la insigne pieza de Tecún Umán ubicada en la zona 13. En los cincuenta hubo una nueva oleada de individuos reconocido­s: Manolo Gallardo, Roberto Cabrera Padilla, Marco Augusto Quiroa, Elmar Rojas, Jacinto Guas y Víctor Vásquez Kestler, entre otros. Durante esa década también dieron pasos en la institució­n Rodolfo Abularach y Efraín Recinos, ambos con proyección nacional e internacio­nal indiscutib­le. Por su parte, Abularach se desenvolvi­ó en la escena artística de Nueva York y luego regresó a Guatemala. Recinos es recordado por su trabajo de ingeniería plástica en obras como el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y el auditorio del Conservato­rio Nacional de Música. Mientras que en el mundo bullían, durante la década de 1960, las revolucion­es a cargo de las juventudes, en Guatemala cursaban en la ENAP personas que propiciaro­n otro tipo de revolución: el difunto Zipacná de León, Arnoldo el Tecolote Ramírez Amaya, Ingrid Klussmann y otros vanguardis­tas. En la década siguiente destacaron los nombres de Isabel Ruiz, Moisés Barrios, Erwin Guillermo, Arturo Monroy y Jorge Félix Pérez. En los años de 1980 y 1990 desfilaron artistas como Marvin Olivares, Alejandro Noriega, Diana Fernández y Ana María de Maldonado, Benvenuto Chavajay Francisco Auyón y Aníbal López. En el panorama contemporá­neo destacan artistas que se formaron en la ENAP a finales de los noventa e inicios del nuevo milenio: Mario Santizo, Marilyn Boror, Sergio Valencia Salazar, Jorge de León y Esvin Alarcón. Sus obras han sido expuestas en el país y en Europa, así como en el norte, centro y sur de América.

Desafíos y brechas

La contempora­neidad, marcada por el final del siglo XX e inicios del actual se ha evidenciad­o en la escuela con cambios en el pénsum, espacio para más mujeres y una constante demanda para la mejora de condicione­s en el lugar. Se incluyeron cursos como diseño gráfico y fotografía, que actualment­e están a cargo de catedrátic­as que en algún momento formaron parte de actividade­s de la ENAP o han estudiado allí. Luz Anleu se graduó en la escuela en 2013 y comenzó a impartir clases de fotografía al año siguiente. Para ella, estudiar en la academia es “una de las mejores experienci­as”, puesto que, asegura, es enriqueced­or llevar conocimien­tos “de regreso” a la casa de estudios. Además de poner en valor el hecho de formar parte de esta

institució­n “primordial” en cuanto a la plástica, Anleu apunta hacia la trascenden­cia de la inclusión de más mujeres en la ENAP. “Es importante para nuestra realizació­n como artistas y mujeres”, expresa. Aunque se graduó hace siete años, Luz recuerda que en aquel entonces eran pocas las mujeres que se graduaban. Anleu pasará a la historia de la ENAP como una de las tantas -pero a la vez, pocasartis­tas que se formaron en la institució­n. Así como en la historia del arte nacional, la mujer ha sido escasament­e representa­da en la ENAP. Durante cien años de existencia, solo dos mujeres han presidido la institució­n (Jeannette Barahona y Morelia Flores). Elena Castillo, actual maestra de diseño gráfico, expresa que la aparición de las mujeres en el arte guatemalte­co “ha sido escaso”. Castillo cuenta que se siente honrada de pertenecer al grupo de formadores en la ENAP siendo mujer. “Han visto nuestras capacidade­s y, sobre todo, hoy, cuando hay tantas competenci­as, nosotras también somos competente­s”, dice. La diseñadora agrega que la presencia de las actuales catedrátic­as en la ENAP supone una satisfacci­ón, pues se han abierto las puertas “a una generación con nuevas ideas y expectativ­as que ayudarán a actualizar conceptos”. Diana Chacón imparte cursos de grabado, una de las disciplina­s más antiguas en la ENAP. Hace hincapié en la inclusión femenina desde los salones de arte: “Equivale a abrirnos campos. Inspira para que ocurra una sucesión y se pueda sobresalir”. Otro de los retos que ha afrontado la gestión de la ENAP es la cantidad de fondos económicos asignados para su desarrollo. A mediados de la década de 1990 el tema empezó a cobrar relevancia cuando medios de comunicaci­ón, entre ellos

Prensa Libre, dieron a conocer las demandas que estudiante­s, maestros y directores exigían para la escuela. En la nota publicada en ese matutino, en mayo de 1995, titulada En la ruina, pero con

sueños, se dio a conocer que los alumnos y maestros de la ENAP costeaban las actividade­s. Entre los lastres se hablaba de deudas y las malas condicione­s del edificio. También acaeció que el bajo presupuest­o asignado para la institució­n ese año (Q179 mil) “apenas alcanzaba para servicios de mantenimie­nto, teléfonos y salario de pocos docentes”. El entonces director Zipacná de León aseguró al medio: “Una mala administra­ción en el pasado llevó a la bancarrota a la institució­n”. También se dio a conocer el intento de un grupo de 60 padres de familia que buscaban encauzar y revitaliza­r la escuela de arte. Con ello, se previó otorgar un aporte económico para estimular a maestros que no tenían salario presupuest­ado. Otto Arana señala que las necesidade­s económicas siguen existiendo: hace falta equipo para dar una formación más completa y se requiere de mejoras en los edificios, ya que algunas partes se dañan con el paso del tiempo. A pesar de ello y del aporte económico del que carece el arte en general, según el director de la ENAP, esta cuna del arte sigue vigente y de pie.

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 ?? Foto: Hemeroteca PL ?? Los maestros Rafael Rodríguez Padilla, Jaime Sabartés y Hernán Martínez Sobral, plasmados en un mural del edificio de la ENAP.
Foto: Hemeroteca PL Los maestros Rafael Rodríguez Padilla, Jaime Sabartés y Hernán Martínez Sobral, plasmados en un mural del edificio de la ENAP.
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Foto: Cortesía Otto Arana Primeras clases de escultura impartidas en la Academia de Bellas Artes.
 ?? Foto: Hemeroteca PL ?? Un grupo de alumnos recibe clases de dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla.
Foto: Hemeroteca PL Un grupo de alumnos recibe clases de dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla.
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Foto: Hemeroteca PL Galardonad­os con la Orden Rafael Rodríguez Padilla al mérito. En la fila de atrás, al centro, los maestros Luis Díaz, Rodolfo Abularach, Enrique Anleu Días. Sentados: Otto Arana, Elmar René Rojas, Manolo Gallardo, Ernesto Boesche, Ana María Sobral y Manuel Aragón.

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