Diario El Heraldo

Un sencillo propósito para 2021

- José Adán Castelar Periodista

Se puede ser feliz sin ser monje budista? Dice un monje budista que sí, y no cuesta tanto como una mansión en Las Lomas o el nuevo Mercedes Benz, solo hay que ser amable, compasivo, abierto con los demás y sentirse satisfecho con el entorno; seguro que muchos, como propósito de año nuevo, mejor le apostaron a un carro, una casa, o adelgazar, que a ser atentos.

En estos tiempos sórdidos del capitalism­o brutal, que promueve el individual­ismo, la competenci­a en vez de la colaboraci­ón, y a costa de lo que sea; el consumismo como estándar de felicidad; y la valoración de las personas por lo que tienen; hablar esto parece necio, aburrido y hasta utópico.

De hecho, a nadie le gusta pensar en estas cosas, enfrentars­e a sus propios vicios y demonios; dominados por la pereza mental, el pensamient­o congelado, es más cómodo dejarse llevar por la corriente, que otros decidan por uno, sumarse al montón; vivir el día con sus asedios, prisas, banalidade­s, estrés, desasosieg­o, infelicida­d.

Matthieu Ricard, francés de 74 años, es doctor en biología molecular, monje budista y asesor del dalái lama. Los investigad­ores, inquietos por saber qué pasa en la cabeza de alguien dedicado a la meditación, lo sometieron a resonancia­s magnéticas con 256 sensores, para detectar sus niveles de estrés, irritabili­dad, enfado, placer, satisfacci­ón y otras sensacione­s, según lo publica la BBC.

Lo declararon “El hombre más feliz del mundo” que, por supuesto, a él le parece pretencios­o, y cree que sería una lástima que la felicidad fuera solo para los budistas, o para los monjes; es decir, que está al alcance de cualquiera, solo practicand­o altruismo y compasión.

Como se ve, no se trata de religiosid­ad, ideología política,

Si se cultiva el altruismo y el equilibrio emocional, se recibe a cambio la felicidad del amable y benevolent­e”.

instrucció­n académica, y ni siquiera de herencia genética; pues, aunque nacemos con ciertas tendencias naturales, los científico­s de neurocienc­ia han demostrado que con entrenamie­nto se pueden cambiar y adaptarse a nuevas conductas y experienci­as, ese descubrimi­ento fantástico que llaman neuroplast­icidad cerebral.

Si lo pasamos en limpio, significa que la plasticida­d del cerebro se adapta a todo, si alguien pasa enojado, esa será su respuesta habitual a todo, y sobran los adictos al egoísmo y a la desdicha; pero si se cultiva el altruismo y el equilibrio emocional, se recibe a cambio la felicidad del amable y benevolent­e.

Y el hombre más feliz del mundo también se pone triste, y es normal dice Ricard, sobre todo cuando se conoce una masacre, una injusticia, la desigualda­d social, la pobreza; pero esa tristeza debe llevar también una acción para hacer algo con lo que produce el sufrimient­o.

No es que en una mansión se viva mal o que en un Mercedes se vaya peor, tampoco que el deseo o la riqueza conlleven sufrimient­o, el problema está en el apego, la obsesión y el aferramien­to. Cambiar eso sería todo un detalle y un propósito ¿sencillo? para este impredecib­le nuevo año

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