AN­GE­LI­NA JO­LIE

En su la­do más ma­ter­nal

Hola Honduras - - Contenido - EN­TRE­VIS­TA: CHAR­LOT­TE JOLLY

«Cuan­do ha­bla­mos de mi ma­dre, sue­lo de­cir a mis hi­jos que to­do lo bueno que ven en mí vie­ne de su abue­la»

An­ge­li­na Jo­lie ha lle­ga­do a Pa­rís con sus seis hi­jos. Ate­rri­zó en la ciu­dad a pri­me­ra ho­ra de la ma­ña­na pro­ce­den­te de un cam­po de re­fu­gia­dos en Jor­da­nia y te­nía pro­gra­ma­da una reu­nión con la pri­me­ra da­ma fran­ce­sa, Bri­git­te Ma­cron, pa­ra el día si­guien­te.

Pe­ro cuan­do la ac­triz ga­na­do­ra de un Ós­car se sien­ta con ¡HO­LA! pa­ra es­ta en­tre­vis­ta en ex­clu­si­va, no mues­tra la me­nor se­ñal de su aje­trea­da agen­da. Es afec­tuo­sa y ama­ble, y su am­plia son­ri­sa y su piel lu­mi­no­sa no de­jan tras­lu­cir su fal­ta de sue­ño.

An­ge­li­na es una de las ma­dres y ac­tri­ces más no­to­rias del mun­do, y co­mo tal, se le po­dría per­do­nar que qui­sie­se re­ser­var­se al­go de tiem­po pa­ra ella, pe­ro ese no es su es­ti­lo.

Cuan­do le pre­gun­ta­mos si al­gu­na vez en­cuen­tra el mo­men­to pa­ra re­la­jar­se, res­pon­de: «La ver­dad es que no. Soy así. Me sa­ca de qui­cio que la gen­te me di­ga que me re­la­je. Creo que mu­chí­si­mas ma­dres no des­can­san nun­ca, y en cier­to mo­do, dis­fru­ta­mos con ello.

«Me re­fie­ro a que, in­clu­so cuan­do in­ten­to dar­me un ba­ño, al fi­nal es­toy acom­pa­ña­da por al me­nos dos de mis hi­jos, lo cual es muy bo­ni­to. No lo cam­bia­ría por na­da».

UNA VI­DA CO­RO­NA­DA POR EL ÉXI­TO

Jo­lie, que fue nom­bra­da en­via­da es­pe­cial de Na­cio­nes Uni­das en 2012 tras años de en­tre­ga­do ser­vi­cio a la cau­sa de los re­fu­gia­dos, ha­bla con no­so­tros an­tes de su apa­ri­ción en la ce­re­mo­nia de los Os­car. La pe­lí­cu­la «El pan de la gue­rra», de la que es ase­so­ra y pro­duc­to­ra eje­cu­ti­va, ha si­do no­mi­na­da en la ca­te­go­ría de pe­lí­cu­la de ani­ma­ción.

Su ca­ra se ilu­mi­na cuan­do ha­bla de sus hi­jos Mad­dox, de 16 años, Pax, de 14, Zaha­ra, de 13, Shi­loh, de 11, y los ge­me­los Knox y Vi­vien­ne, de nue­ve, que hoy la acom­pa­ñan en el his­tó­ri­co Ins­ti­tu­to Guer­lain, a la som­bra del Ar­co de Triun­fo.

Ca­li­fi­ca a sus po­llue­los co­mo sus «me­jo­res amigos». Los seis re­co­rren el mun­do con ella en sus via­jes hu­ma­ni­ta­rios, le echan una mano en los ro­da­jes y han si­do fo­to­gra­fia­dos to­dos jun­tos en la al­fom­bra ro­ja.

Jo­lie es­tá en Pa­rís en su con­di­ción de ros­tro del per­fu­me Mon Guer­lain, y ha pa­sa­do la ma­ña­na en la se­sión fo­to­grá­fi­ca pa­ra la cam­pa­ña pu­bli­ci­ta­ria de la nue­va edi­ción Flo­ra­le.

Los ni­ños tam­bién han es­ta­do ocu­pa­dos con Thierry Was­ser, el mun­dial­men­te fa­mo­so per­fu­mis­ta de Guer­lain, que ha ob­se­quia­do a la fa­mi­lia con una se­sión pri­va­da de per­fu­me­ría du­ran­te la cual han crea­do sus pro­pias fra­gan­cias.

«Pax lo ha he­cho fe­no­me­nal», cuen­ta Jo­lie. «En cam­bio, creo que a mí no me ha que­da­do bien. Se­gún Thierry, ha­bía de­ma­sia­do sán­da­lo».

Ha co­rri­do la voz de la vi­si­ta de la ac­triz, y un gru­po de fo­tó­gra­fos se ha con­gre­ga­do de­lan­te del edi­fi­cio, pe­ro ella se lo ha to­ma­do con cal­ma, co­mo ha­ce con to­do. Di­ce que su do­mi­nio de sí se lo de­be a su ma­dre, Mar­che­li­ne Ber­trand, que mu­rió en 2007 a con­se­cuen­cia de un cán­cer de ova­rio. Mar­che­li­ne fue quien lle­vó a An­ge­li­na a Guer­lain. «Ca­si nun­ca se ma­qui­lla­ba, pe­ro re­ser­va­ba los pol­vos fa­cia­les pa­ra las oca­sio­nes es­pe­cia­les. Cre­cí con la idea de que Guer­lain era una mar­ca fran­ce­sa muy so­fis­ti­ca­da».

En es­ta en­tre­vis­ta, Jo­lie ha­bla con fran­que­za de su vi­da ac­tual, de sus pa­sio­nes y de có­mo edu­ca a sus hi­jos.

—¿Has te­ni­do opor­tu­ni­dad de des­can­sar des­de tu lle­ga­da a Pa­rís?

—To­da­vía no. Ayer tu­vi­mos un día muy lar­go, y lle­ga­mos aquí a la una de la ma­dru­ga­da. Me he le­van­ta­do a las ocho pa­ra la en­tre­vis­ta y ha lle­ga­do la tí­pi­ca per­so­na a de­cir­me que lo que ne­ce­si­ta­ba era des­can­sar. No sa­bía de qué me ha­bla­ba. Yo soy así. —Há­bla­nos de tu re­la­ción con Guer­lain.

—Des­de siem­pre aso­cio la mar­ca a al­go muy es­pe­cial y fe­me­nino. Me re­cuer­da a Fran­cia y a lo

que es­ta sig­ni­fi­ca­ba pa­ra mi ma­dre. Si vas a pro­mo­cio­nar un pro­duc­to y a ani­mar a otras mu­je­res a gas­tar­se di­ne­ro en él, tie­nes que creer que lo va­le. Te­nía­mos que ase­gu­rar­nos de que el per­fu­me era per­fec­to, y tam­bién la bo­te­lla, to­do. Te­nía que enamo­rar­me de ver­dad. En torno a un per­fu­me hay to­da una teo­ría, y a mí no se me da muy bien ha­blar de las no­tas de una fra­gan­cia, pe­ro la nue­va Eau de Par­fum Flo­ra­le es es­pe­cial.

—Tu ma­dre fue una fuen­te de ins­pi­ra­ción pa­ra ti. ¿Si­gue sir­vién­do­te de guía?

—Mi ma­dre tu­vo una enor­me in­fluen­cia en mí, y el he­cho de que no vi­vie­se lo su­fi­cien­te pa­ra com­par­tir la vi­da de mis hi­jos y pa­ra que es­tos la tu­vie­sen co­mo abue­la ha­ce que me lo cues­tio­ne to­do. Me due­le que la gen­te di­ga que hay co­sas que «tie­nen que pa­sar», o que «to­do su­ce­de por al­gu­na ra­zón». Su au­sen­cia me ha­ce po­ner en du­da to­do eso.

Cuan­do ha­bla­mos de mi ma­dre y mi­ra­mos fo­tos, sue­lo de­cir a mis hi­jos —por­que al­gu­nos la re­cuer­dan; Mad­dox en par­ti­cu­lar te­nía una re­la­ción muy es­tre­cha con ella— que to­do lo bueno que ven en mí vie­ne de su abue­la. To­do lo que les gus­ta de mí, cuan­do ten­go un buen mo­men­to y dis­fru­tan con las his­to­rias que les cuen­to, o les pa­re­ce que soy dul­ce, ca­ri­ño­sa y di­ver­ti­da de ver­dad, to­do eso es mi ma­dre. Lo de­más, las co­sas feas, soy yo. To­do lo bueno es de ella.

—¿Qué va­lo­res in­ten­tas trans­mi­tir a tus hi­jos?

—A va­lo­rar a los de­más. Si vi­ves la vi­da y vas por el mun­do pen­san­do en ti mis­mo y en tus pro­pias ne­ce­si­da­des y de­seos, tu vi­da no so­lo es egoís­ta, sino que creo que aca­ba sien­do bas­tan­te in­fe­liz. Y ahí es cuan­do to­do va mal.

Las gue­rras y las hos­ti­li­da­des, la feal­dad y la in­hu­ma­ni­dad de es­te mun­do son con­se­cuen­cia de esa in­ca­pa­ci­dad de sen­tir ver­da­de­ra em­pa­tía ha­cia otra per­so­na. Si eres ca­paz de va­lo­rar a los de­más, pien­so que to­do en la vi­da al­can­za un equi­li­brio de for­ma na­tu­ral. Si no vi­ves con una vi­sión fru­to de la ig­no­ran­cia y con esa mez­quin­dad, te des­plie­gas de una ma­ne­ra muy bo­ni­ta.

—En el sec­tor de la cos­mé­ti­ca se ha­bla de prohi­bir el tér­mino «an­ti­en­ve­je­ci­mien­to»…

—No lo ha­bía oí­do, pe­ro es in­te­re­san­te. No se pue­de in­si­nuar que en­ve­je­cer es ma­lo, y eso es lo que in­si­núa el tér­mino «an­ti­en­ve­je­ci­mien­to». No creo que na­die pue­da creer que bas­te con prohi­bir­lo. Hay mu­cho que ha­cer pa­ra que la gen­te se sien­ta a gus­to con­si­go mis­ma y pa­ra con­tri­buir a que acep­te­mos las di­fe­ren­cias. Pe­ro eso no es lo más im­por­tan­te pa­ra mí. Yo in­ten­to de­di­car gran par­te de mi tiem­po a las mu­je­res, a sus de­re­chos, a la paz y a la se­gu­ri­dad.

—Has si­do co­fun­da­do­ra de la Ini­cia­ti­va pa­ra la Pre­ven­ción de la Vio­len­cia Se­xual (PSVI, por sus si­glas en in­glés). ¿Es­pe­ras que las

cam­pa­ñas #MeeToo y #Ti­me­sUp mar­quen un punto y apar­te?

—Ha­blar de es­tos te­mas siem­pre es bueno. Es im­por­tan­te que no se de­je de ha­blar de ellos. La con­cien­cia y la ra­bia son po­si­ti­vas, pe­ro por mu­cho que ha­ble­mos, al fi­nal lo que im­por­ta es lo que ha­ce­mos. La gen­te lle­va mu­cho tiem­po tra­ba­jan­do so­bre es­tas cues­tio­nes, los pro­ble­mas es­tán pro­fun­da­men­te arrai­ga­dos, y hay muy po­ca justicia. Y si no hay res­pon­sa­bi­li­dad y las le­yes no cam­bian, no ayu­da­re­mos a las mu­je­res de to­dos los paí­ses, a las que su­fren los peo­res ma­los tra­tos. Si no so­mos ca­pa­ces de ayu­dar­las a lo­grar que se les ha­ga justicia, no es­ta­mos ha­cien­do lo su­fi­cien­te. En cuan­to a la PSVI, he cen­tra­do mi es­fuer­zo en unir a los paí­ses y las ONG, tra­ba­jar so­bre la le­gis­la­ción y dar cla­ses en la Lon­don School of Eco­no­mics. Los alum­nos son in­creí­bles. Cuan­do es­toy allí, apren­do mu­chí­si­mo.

—Co­mo ac­triz y di­rec­to­ra, ¿has te­ni­do que en­fren­tar­te a la dis­cri­mi­na­ción por mo­ti­vos de gé­ne­ro?

—Yo no lo veo así, ni lo veía así cuan­do em­pe­cé. Ha­ce po­co es­tu­ve tra­ba­jan­do en Asia con ar­tis­tas asiá­ti­cos y, en to­do ca­so, soy más cons­cien­te de las po­cas opor­tu­ni­da­des que tie­nen ellos. Po­dría de­cir­te en qué as­pec­tos creo que las co­sas po­drían ha­ber­me si­do más fáciles, pe­ro yo lo he te­ni­do mu­cho más fá­cil que otros.

—En 2014, la rei­na de In­gla­te­rra te nom­bró da­ma ho­no­ra­ria por tu la­bor de con­cien­cia­ción. ¿Qué sig­ni­fi­có eso pa­ra ti?

—La la­bor que reali­zo pa­ra PSVI es in­creí­ble­men­te im­por­tan­te pa­ra mí, así que el re­co­no­ci­mien­to de su ma­jes­tad sig­ni­fi­có mu­chí­si­mo. Quie­ro se­guir tra­ba­jan­do, ha­cer las co­sas me­jor y ser me­re­ce­do­ra de ese premio.

—Pa­sas mu­cho tiem­po en Fran­cia, y tam­bién en Reino Uni­do. ¿Te ca­li­fi­ca­rías de an­gló­fi­la?

—Bueno, me en­can­ta Reino Uni­do, pe­ro soy bas­tan­te nó­ma­da. En gran me­di­da soy «ciu­da­da­na del mun­do», y me ima­gino que mis hi­jos tam­bién lo se­rán. Con fre­cuen­cia pien­so en lo dis­per­sos que va­mos a es­tar en el fu­tu­ro te­nien­do en cuen­ta to­dos los si­tios a los que he­mos via­ja­do y las co­sas que ellos que­rrán ha­cer en la vi­da. Pe­ro en In­gla­te­rra me sien­to co­mo en ca­sa. Me en­can­ta lle­var a los ni­ños a los par­ques. Los par­ques les en­can­tan.

An­ge­li­na en Pa­rís con sus hi­jos (arri­ba, de iz­quier­da a de­re­cha) Shi­loh, Vi­vien­ne, Mad­dox, Pax, Zaha­ra y Knox. En 2007, la ac­triz que­dó des­tro­za­da por la pér­di­da de su ma­dre Mar­che­li­ne Ber­trand (aba­jo). Le gus­ta pa­sar tiem­po en su ca­sa en Fran­cia, don­de su ma­dre tu­vo rai­ces. A la iz­quier­da,An­ge­li­na lu­ce, en ex­clu­si­va, un mo­de­lo de Ale­xan­dre Vaut­hier

«In­ten­to en­se­ñar a mis hi­jos a va­lo­rar a los dé­mas… si eres ca­paz de ha­cer eso, to­do en la vi­da al­can­za un equi­li­brio de for­ma na­tu­ral»

Newspapers in Spanish

Newspapers from Honduras

© PressReader. All rights reserved.