A NUES­TROS AMI­GOS Los al­ti­ba­jos de la v ida

Conectate - - CONECTATE - 1. V. Ma­teo 14:13–21 2. Ma­teo 14: 27 ( DHH) Ga­briel Gar­cía V. Director

La vi­da cris­tia­na tie­ne sus pi­cos y sus va­lles. A ve­ces al­can­za­mos cum­bres apa­sio­nan­tes de go­zo y fe­li­ci­dad; otras, nos des­mo­ra­li­za­mos, nos sen­ti­mos aban­do­na­dos y nos hun­di­mos en la so­le­dad.

Pien­sa en el día en que Je­sús mul­ti­pli­có mi­la­gro­sa­men­te cin­co pa­nes y dos pe­ce­ci­llos, y ¡pro­du­jo en un pes­ta­ñeo su­fi­cien­te co­mi­da para ali­men­tar a 5.000 hom­bres, sin con­tar las mu­je­res y los ni­ños! Ponte en el lu­gar de los

1 dis­cí­pu­los que re­par­tie­ron en­tre la mu­che­dum­bre una inago­ta­ble pro­vi­sión de ali­men­tos. Ima­gí­na­te la sen­sa­ción elec­tri­zan­te que pro­ba­ble­men­te los in­va­dió al dar­se cuen­ta de que eran par­tí­ci­pes de un mi­la­gro. Se­gu­ro que no ca­bían en sí de ale­gría.

Sin em­bar­go, la si­guien­te vez que se los men­cio­na es­tán en un bo­te en me­dio de una fe­roz tem­pes­tad, azo­ta­dos por enor­mes olas y en ries­go de nau­fra­gar. Cuan­do el te­mor y la de­ses­pe­ra­ción han he­cho pre­sa en ellos, se les apa­re­ce Je­sús an­dan­do so­bre las aguas y les di­ce: «¡Soy Yo: no ten­gan mie­do!»

2 Es cu­rio­so que los dis­cí­pu­los tu­vie­ran esas dos ex­pe­rien­cias una de­trás de la otra. ¡Me­nu­do día! Pri­me­ro se ven en el pi­nácu­lo de la fe­li­ci­dad, co­mo tes­ti­gos pri­vi­le­gia­dos de la abun­dan­te pro­vi­sión y las ben­di­cio­nes di­vi­nas; y en cues­tión de ho­ras, te­men por su vi­da por cau­sa de un fu­ri­bun­do tem­po­ral.

¿Quién sa­be? A lo me­jor Je­sús lo dis­pu­so así para en­se­ñar­les que vi­vir a Su ser­vi­cio no era to­do miel so­bre ho­jue­las, sino que de cuan­do en cuan­do se desatan tam­bién tem­pes­ta­des que ame­na­zan con aho­gar­nos en un mar de du­das y te­mo­res. No me ex­tra­ña­ría que Él los es­tu­vie­ra pre­pa­ran­do para esas dos cla­ses de si­tua­cio­nes.

La ver­dad es que so­le­mos ver más cla­ra­men­te a Je­sús en esas oca­sio­nes in­faus­tas en que nos asal­tan las tor­men­tas de la vi­da, y las olas de las du­das y te­mo­res se al­zan con­tra no­so­tros. Qui­zá to­do aque­llo en que he­mos de­po­si­ta­do nues­tra con­fian­za ha caí­do por la bor­da, y el bar­co en que na­ve­ga­mos ha­ce agua y nau­fra­ga. Así y to­do, si en ese mo­men­to cla­ma­mos a Él: «Maes­tro… ¡pe­re­ce­mos!», lo ve­re­mos, co­mo ellos, ca­mi­nan­do ha­cia no­so­tros so­bre el mar. Y nos di­rá lo mis­mo que di­jo a Sus dis­cí­pu­los: «Soy Yo, no se asus­ten».

Newspapers in Spanish

Newspapers from International

© PressReader. All rights reserved.