Ro­nal­do, de mi­to a mor­tal

24 Horas - El diario sin limites - - MUNDO - AL­BER­TO PELÁEZ al­ber­to.pe­laez­mon­te­jos@gmail.com // @pe­lae­z_al­ber­to Las opi­nio­nes ex­pre­sa­das por los co­lum­nis­tas son in­de­pen­dien­tes y no re­fle­jan ne­ce­sa­ria­men­te el pun­to de vis­ta de 24 HO­RAS.

Una co­sa es que se re­co­noz­ca la ge­nia­li­dad de Cris­tiano Ro­nal­do co­mo fut­bo­lis­ta y otra muy dis­tin­ta es que le va­ya­mos a aplau­dir por in­ten­tar en­ga­ñar a la Ha­cien­da es­pa­ño­la. Sí, Ro­nal­do es un ge­nio con el ba­lón. Su gol de chi­le­na con­tra la Ju­ven­tus el mar­tes 3 de abril de es­te año fue sen­ci­lla­men­te es­pec­ta­cu­lar. De re­pen­te que­dó sus­pen­di­do en el ai­re y lo­gró la ano­ta­ción de su vi­da. En el es­ta­dio se pu­sie­ron de pie pa­ra aplau­dir­le. Ni él mis­mo se lo ter­mi­nó de creer.

El Real Ma­drid con­si­guió con Cris­tiano Ro­nal­do dos Li­gas, dos Co­pas, dos Su­per­co­pas de Es­pa­ña, cua­tro Cham­pions, tres Su­per­co­pas de Eu­ro­pa y tres Mun­dia­li­tos. Es­te ge­nio del ba­lom­pié ha con­se­gui­do tam­bién cua­tro Balones de Oro.

Pe­ro­tam­bién­lo­sas­tros­tie­nen­sus­de­be­res­con el fis­co es­pa­ñol. Ro­nal­do no iba a ser una ex­cep­ción, aun­que po­si­ble­men­te él lo lle­gó a pen­sar.

Sin em­bar­go, la deu­da con­traí­da con la Ha­cien­da es­pa­ño­la es de 18 mi­llo­nes de eu­ros, 20 mi­llo­nes de dó­la­res. No se tra­ta de una ci­fra me­nor.

Lo peor es que el as­tro, ese as­tro que ro­zó la per­fec­ción con aquel gol an­to­ló­gi­co con­tra la Ju­ven­tus, nos ha ro­ba­do. Sí, nos ha ro­ba­do a to­dos, por­que aquí pa­ga­mos to­do el mun­do. No ha­cer fren­te a la res­pon­sa­bi­li­dad co­mún –por­que es un bien pa­ra el país– es ro­bar­les a los ciu­da­da­nos.

El mi­to se con­vier­te en le­yen­da y és­ta, en mor­tal, y cuan­do se da cuen­ta de que lo es y de que el fis­co es­pa­ñol le per­si­gue, ejer­cien­do la mis­ma pre­sión que al res­to de los con­tri­bu­yen­tes, pi­de ár­ni­ca a la Ju­ven­tus –su nue­vo equi­po– pa­ra que sea el club ita­liano el que ad­quie­ra la res­pon­sa­bi­li­dad que le co­rres­pon­de a Cris­tiano.

Qué de­cep­ción, el as­tro que vo­ló y nos hi­zo vo­lar; que so­ñó y nos hi­zo so­ñar; que con­vir­tió sus sue­ños en reali­dad, se cae de un pe­des­tal. Y lo peor es que nos cae­mos to­dos un po­co con él, por­que creía­mos en él, con­fiá­ba­mos en él. Pe­ro no, la reali­dad, la tris­te reali­dad es que Cris­tiano Ro­nal­do es un mor­tal más co­mo el res­to de los se­res hu­ma­nos, que ya no tie­ne pe­des­tal. Y lo que es peor, des­pués de esa deu­da con Ha­cien­da y, por lo tan­to, de la men­ti­ra al res­to de los ciu­da­da­nos, nos da­mos cuen­ta de que Cris­tiano ya no se­rá nun­ca más quien pen­sa­mos que se­ría.

Ro­nal­do se mar­cha a Ita­lia con un sa­bor de bo­ca agri­dul­ce. Lo ha si­do to­do en el fut­bol. Sin em­bar­go, la man­cha de 20 mi­llo­nes de dó­la­res le per­se­gui­rá igual que su ge­nia­li­dad.

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