MÁS ALLÁ DE LAS PIS­TAS

¿Te sien­tes un pi­lo­to de ca­rre­ras en ple­na ciu­dad? Es­te au­to es pa­ra ti...

4 Ruedas - - Prueba A Fondo -

Siem­pre he creí­do que los Vol­vo son los au­tos más se­gu­ros del mer­ca­do, y no por­que los de­más no lo sean, pe­ro creo que es una mar­ca que se de­di­ca en un 70% a la se­gu­ri­dad de sus au­tos an­tes que en­fo­car­se al di­se­ño, desem­pe­ño, atri­bu­tos, et­cé­te­ra.

Si bien no son los mo­de­los más atrac­ti­vos por se­guir una lí­nea muy so­bria, re­fi­na­da y ele­gan­te, se defienden en el ma­ne­jo y en el sin­fín de cua­li­da­des tec­no­ló­gi­cas que ofre­cen, ha­blo en plu­ral por­que es la per­cep­ción que ten­go de to­dos los mo­de­los. Sin em­bar­go, es­ta oca­sión nos to­có pro­bar el Vol­vo S60 Polestar, un au­to que de en­tra­da no nos en­can­tó, pe­ro lo­gra­mos en­con­trar­le su la­do fa­vo­ra­ble.

Na­ci­do en los cir­cui­tos de com­pe­ti­ción, el S60 Polestar es un au­tén­ti­co de­vo­ra­dor de as­fal­to, di­se­ña­do con un so­lo ob­je­ti­vo: ga­ran­ti­zar una con­duc­ción per­fec­ta en to­das las su­per­fi­cies y con­di­cio­nes, y en cual­quier mo­men­to del año. El Vol­vo más rá­pi­do, re­cep­ti­vo y agra­da­ble de con­du­cir de to­dos los tiem­pos, o por lo me­nos así es co­mo lo ven­de la mar­ca, vea­mos si es cier­to.

DE­TA­LLES QUE HA­CEN LA DI­FE­REN­CIA

Em­pe­zan­do por el di­se­ño, y ya us­te­des me da­rán la ra­zón o no, a mi pa­re­cer es­te au­to tie­ne una per­so­na­li­dad de “Don Vol­vo S60” y eso que no es el se­dán más gran­de de la ga­ma sue­ca. Ya que si bus­ca­mos una jus­ti­fi­ca­ción, ja­más se ha ad­ju­di­ca­do el tí­tu­lo de “soy el más gua­po y atrac­ti­vo del mer­ca­do”, al con­tra­rio, se de­fien­de con otro ti­po de cartas.

El pe­que­ño, o más bien gran de­ta­lle es­tá en la ver­sión que tu­vi­mos; se tra­ta del Polestar que des­ta­ca en­tre las de­más ver­sio- nes por te­ner cua­li­da­des de un au­to de com­pe­ten­cia. El nom­bre ha­ce re­fe­ren­cia a quien ha si­do so­cio de Vol­vo en el mun­do de las ca­rre­ras des­de 1996. La cla­ve del éxi­to de los mo­de­los Polestar es­tá en que pa­ra ga­nar, un au­to tie­ne que pa­sar ba­jo la ban­de­ra de cua­dros una y otra vez.

Lo que más des­ta­ca de to­do el di­se­ño ex­te­rior es la pe­que­ña pla­ca que lle­va el nom­bre de la ver­sión ubi­ca­da en el fren­te, en la par­te tra­se­ra y en los ri­nes; el pe­que­ño ale­rón, la an­te­na de ti­bu­rón, los dos es­ca­pes cro­ma­dos en la par­te tra­se­ra y el di­se­ño de­por­ti­vo de los ri­nes.

AL VO­LAN­TE

La pri­me­ra sen­sa­ción “di­fe­ren­te” que no­ta­mos fue la di­rec­ción, de­ta­lle que lo de­la­ta en pri­me­ra ins­tan­cia que es una ver­sión de­por­ti­va. La po­si­ción de ma­ne­jo tam­bién es di­fe­ren­te a la que se acos­tum­bra en los au­tos co­mú­nes, es de­cir, la for­ma de los asien­tos, co- mo los dee un mo­de­lo de ca­rre­ras, te per­mi­te er­mi­te te­ner una po­si­ción mu­cho más cer­ca­na al pi­so, lo que te brin­da un me­jor con­trol del mo­de­lo.

La res­pues­ta de ace­le­ra­ción es in­me­dia­ta, el tor­que de 347 li­bras-pie es una lo­cu­ra, fa­ci­li­ta los re­ba­ses en cual­quier si­tua­ción.

MÁS CÓ­MO­DO DE LO QUE CREES

La ca­li­dad en el in­te­rior no se sa­cri­fi­ca co­mo se acos­tum­bra en los au­tos de ca­rre­ras, es más, ca­da com­po­nen­te es­tá di­se­ña­do y cons­trui­do pa­ra ma­xi­mi­zar su con­trol.

Los asien­tos se lle­van un 10 tan­to en di­se­ño, co­mo en ca­li­dad; con un di­se­ño com­ple­ta­men­te de­por­ti­vo, cos­tu­ras en azul, em­ble­ma Polestar y piel-nu­buck ha­cen que el jue­go vi­sual sea aun más atrac­ti­vo.

Los de­ta­lles en la con­so­la cen­tral son muy pa­re­ci­dos a to­dos los mo­de­los de la fir­ma, la di­fe­ren­cia se per­ci­be en la pa­lan­ca que cuen­ta tam­bién con la pla­ca Polestar.

DI­FE­REN­CIAS

Las prin­ci­pa­les cua­li­da­des que ha­cen que es­te Vol­vo S60 sea una ver­sión Polestar se re­fle­jan en lo si­guien­te.

El ace­le­ra­dor fue op­ti­mi­za­do pa­ra dar­nos una res­pues­ta in­me­dia­ta y que a su vez, nos ofre­cie­ra la re­tro­ali­men­ta­ción ne­ce­sa­ria pa­ra sen­tir­nos co­nec­ta­dos con el au­to.

Otro pun­to es la ca­ja de cam­bios, que au­men­ta la ve­lo­ci­dad en los cam­bios pa­ra ace­le­rar más rá­pi­do y reac­cio­nar de for­ma más di­rec­ta a las exi­gen­cias del ca­mino. Por ejem­plo al ha­cer un cam­bio des­cen­den­te de­ma­sia­do rá­pi­do jus­to an­tes de co­men­zar un re­ba­se, la trans­mi­sión nos da­rá una res­pues­ta más rá­pi­da.

Es­tos son al­gu­nos as­pec­tos que, en con­jun­to con el po­de­río del mo­tor 2.0L con tur­bo y su­per­car­ga­dor, y los 367 ca­ba­llos, ha­cen de es­te vehícu­lo un se­dán con ai­res de­por­ti­vos que, en de­fi­ni­ti­va, se per­ci­ben du­ran­te el ma­ne­jo.

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