CO­LUM­NA KONS

A tí­tu­lo per­so­nal creo que las acu­sa­cio­nes con­tra Car­los Ghosn es­tán lle­nas de irre­gu­la­ri­da­des que de­to­na­ron su de­ten­ción en Ja­pón a fi­na­les del 2018.

4 Ruedas - - Editorial -

Yo siem­pre creí en la idea de la cons­pi­ra­ción de Nis­san ha­cia Car­los Ghosn y a to­do lo que re­pre­sen­ta­ba, y aquí quie­ro ha­cer un po­co de his­to­ria.

En el año 1998, cuan­do se con­so­li­dó la alian­za Re­nault-nis­san, Car­los Ghosn fue el en­car­ga­do –por par­te de Re­nault- en ir a Ja­pón y tra­ba­jar en esa fu­sión en don­de Re­nault ten­dría una ma­yo­ría de ac­cio­nes de Nis­san, he­cho que se­gu­ra­men­te nun­ca fue bien vis­to por los ran­cios eje­cu­ti­vos de la mar­ca ni­po­na, que ja­más vie­ron con bue­nos ojos di­cha alian­za, pe­ro que por la sa­lud fi­nan

cie­ra de la com­pa­ñía

que ellos re­pre­sen­ta­ban guar­da­ron si­len­cio.

Louis Sch­weit­zer, el men­tor de Ghosn, se re­ti­ró al po­co tiem­po de con­cre­tar­se la fu­sión y el bra­si­le­ño su­bió al es­ca­la­fón más al­to pa­ra con­ver­tir­se en el más po­de­ro­so del con­glo­me­ra­do fran­co-ja­po­nés, y en uno de los eje­cu­ti­vos más in­flu­yen­tes del mun­do del au­to­mó­vil en el orbe.

Du­ran­te esos más de cua­tro lus­tros, la Alian­za Re­nault-nis­san co­bró fuer­za y po­co a po­co ab­sor­bía más mar­cas au­to­mo­tri­ces, sien­do las mas re­pre­sen­ta­ti­vas aque­llas que na­cie­ron de­trás de lo que fue­ra la cor­ti­na de hie­rro, o la na­cien­te mar­ca co­rea­na lla­ma­da Sam­sung. Des­de el ini­cio de la alian­za en los años no­ven­ta, Re­nault y Ghosn te­nían in­te­rés tam­bién por ab­sor­ber Mitsubishi, pe­ro pa­ra di­cha fu­sión hu­bo que es­pe­rar vein­te años pa­ra con­cre­tar­se.

Di­cha fu­sión con Mis­tu­bis­hi, a cri­te­rio y opi­nión per­so­nal, fue la que enar­de­ció a los enemi­gos de Car­los Ghosn que pug­na­ban por su re­ti­ro, pues ya te­nía la edad pa­ra ha­cer­lo. Ghosn al más pu­ro es­ti­lo de un eje­cu­ti­vo fé­rreo los ig­no­ró y si­guió tra­ba­jan­do a sus rit­mos acos­tum­bra­dos, pe­ro ba­jó la guar­dia, y su­pon­go que ahí es cuan­do se em­pe­zó a or­ques­tar la trai­ción de Nis­san ha­cia el bra­si­le­ño que ja­más sim­pa­ti­zó con las al­tas es­fe­ras del con­glo­me­ra­do ja­po­nés.

Así pues el pa­sa­do mes de no­viem­bre Ghosn fue en­car­ce­la­do en Ja­pón –ca­sual­men­te en ese país el de­li­to del que se le acu­sa es con­si­de­ra­do mu­cho más gra­ve que en el res­to del mun­do- y ade­más de ser pri­va­do de la li­ber­tad, que­dó in­co­mu­ni­ca­do. Con el pa­so de los me­ses fue li­be­ra­do, pe­ro al de­cla­rar que di­ría to­da la ver­dad so­bre es­te asun­to fue nue­va­men­te apren­di­do en abril del 2019 por la jus­ti­cia ja­po­ne­sa.

Al ver co­mo se com­pli­can las co­sas, el mis­mo Car­los Ghosn ha crea­do una cuen­ta de twit­ter re­cien­te­men­te y tam­bién su­bió un vi­deo a su re­cién crea­do ca­nal de Youtu­be en don­de el mis­mo ex­pli­ca el ca­so, y men­cio­na reite­ra­da­men­te su inocen­cia y tam­bién ha­ce re­fe­ren­cia a las pa­la­bras cons­pi­ra­ción y trai­ción fre­cuen­te­men­te.

Si se quie­ren en­te­rar de pri­me­ra mano lo que aquí es­cri­bo, pues si­gan a Car­los Ghosn en Twit­ter: @car­losg­hosn

¿En que pa­ra­rá es­ta his­to­ria de trai­cio­nes? ¡Es­pe­re­mos aten­tos y pen­dien­tes!

CAR­LOS GHOSN tie­ne 65 años.

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