AD (México)

DE VIAJE Paraíso maya • Encanto carioca • Escape sin pretension­es • Lujo verde • Edén exclusivo • Refugio en la montaña

Inmerso en la selva de Tulum se encuentra un espacio ideado para que sus visitantes conecten con la naturaleza y vivan una experienci­a memorable.

- ARQUITECTU­RA JAQUESTUDI­O • POR LAURA RODRÍGUEZ • FOTOGRAFÍA CÉSAR BÉJAR

Generar en los visitantes la sensación de descansar al interior de una antigua aldea en la jungla maya, entre viejos árboles de zapotes y caminos de piedra caliza, es lo que buscó crear el equipo de diseño a cargo del nuevo hotel boutique Jungle Keva en Tulum, Quintana Roo, México.

Este espacio dedicado a la contemplac­ión y el descanso es el resultado del sueño que un día tuvo Kendall Inman —una mujer estadounid­ense y amante de México—, quien imaginó establecer un lugar enfocado en personas que buscan retiros de yoga y meditación, acompañado­s por una extraordin­aria experienci­a culinaria; también es ideal para quienes prefieren un espacio íntimo y no un gran resort.

El proyecto fue diseñado por Jaquestudi­o, quienes idearon como concepto arquitectó­nico realizar una volumetría de formas puras y materiales que se mimetizan con su contexto; es decir, “nuestro trabajo es como una abstracció­n de la arquitectu­ra vernácula, fácil de leer, simple y con una conciencia social, ecológica y económica”, Jesús Acosta, director de la firma. Es tal su respeto y amor por la naturaleza que la premisa inicial consistió en conservar el 70 por

ciento de la vegetación existente y, de cierta manera, el paisaje dictó la ubicación de los edificios que conforman el conjunto, pues se realizó el levantamie­nto de los árboles y se fijaron los puntos de desplante en donde encontaron pequeños huecos.

Este exclusivo hotel cuenta con sólo cinco suites, las cuales están integradas por recámara a doble altura, tapanco, terraza y un baño con jardín y regadera exterior —también ofrece un comedor y un pabellón de yoga, el cual sobrevuela en cantilever sobre la alberca—. En cuanto a los acabados, el objetivo fue utilizar sólo los de la región y los que embellecen al envejecer, como los mármoles, las piedras calizas y las maderas resistente­s como tzalam, parota y jabín. Para los muros de la alberca se utilizó chukum, un estuco maya hecho con una resina de árbol, el cual le otorga textura, color y durabilida­d. El mobiliario interior fue fabricado por carpintero­s y artesanos mayas del pueblo Uh May, ubicado entre Tulum y Cobá, en la Península de Yucatán.

Por último, la mayor satisfacci­ón que tuvieron los creativos que concibiero­n Jungle Keva en Tulum fue lograr que el complejo arquitectó­nico se sintiera en completa relación con su entorno natural, “ver que los edificios respetan los árboles, de manera que parecen tener un diálogo con ellos, es algo que no se logra fácil en la arquitectu­ra contemporá­nea”, finalizó el arquitecto Acosta de Jacquestud­io.

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