TE LA PASARÁS "FLAGSTAFFS­TIC"

Lo que fue­ra un tí­pi­co po­bla­do del Vie­jo Oes­te hoy se dis­tin­gue co­mo una de las ciu­da­des más atrac­ti­vas del Es­ta­do, des­de lo turístico has­ta lo edu­ca­ti­vo y co­mer­cial.

El Imparcial - Arizona - - DESTINO - POR: EN­RI­QUE BAN MÁS IN­FOR­MA­CIÓN: FLAGS­TAFF.COM

l igual que mu­chos des­ti­nos de Ari­zo­na, Flags­taff es un lu­gar es­ta­cio­nal, es de­cir, el cli­ma de­ter­mi­na qué se pue­de o no ha­cer; de ahí que sea cé­le­bre por sus ne­va­dos y be­llí­si­mos in­vier­nos, por ejem­plo. Es­tá lo­ca­li­za­da a ca­si 4 ho­ras de Tucson (410 ki­ló­me­tros) y 2 de Phoe­nix (de he­cho, es­ta ciu­dad es­tá en la mi­tad del ca­mino); la prin­ci­pal ru­ta de ac­ce­so es a tra­vés de las vías in­ter­es­ta­ta­les I-17 S y I-10 E.

Es fa­mo­sa por ser se­de la Uni­ver­si­dad del Nor­te de Ari­zo­na (NAU) y del Ob­ser­va­to­rio Lowell, y por su cer­ca­nía al Gran Cañón y a las re­ser­vas de la na­cio­nes Na­va­jo y Ho­pi, en­tre otras atrac­cio­nes cul­tu­ra­les.

Ade­más, des­ta­ca por ser el pri­mer si­tio en el mun­do ele­gi­do co­mo "In­ter­na­tio­nal Dark Sky City", tí­tu­lo que le fue otor­ga­do por man­te­ner un cie­lo que per­mi­te avis­tar cuer­pos ce­les­tes con los "ojos des­nu­dos".

Otra par­ti­cu­la­ri­dad son sus mi­cro­cer­ve­ce­rías: prác­ti­ca­men­te, la cer­ve­za ar­te­sa­nal ha tras­cen­di­do co­mo una vo­ca­ción pa­ra sus ha­bi­tan­tes; ¿no to­mas? Prue­ba la co­mi­da de sus ba­res y bo­de­gas, es muy ri­ca.

Dis­fru­ta al por ma­yor

Si eres de las per­so­nas que pre­fie­ren las ac­ti­vi­da­des al ai­re li­bre, "caís­te en blan­di­to": aquí hay crá­te­res, cas­ca­das, tu­bos vol­cá­ni­cos (con la­va), bos­ques, lagos, ríos y to­das las ac­ti­vi­da­des que es­to con­lle­va.

El si­tio ofi­cial de la Ofi­ci­na de Con­ven­cio­nes y Vi­si­tan­tes de Flags­taff ofre­ce un lis­ta­do muy com­ple­to de pro­vee­do­res tu­rís­ti­cos que te acer­ca­rán a dis­tin­tas ex­pe­rien­cias, ya sea en la ciu­dad o en sus afue­ras.

Ciclismo to­do­te­rreno, pa­seos en he­li­cóp­te­ro, via­jes en tren, ca­bo­ta­je en rá

pi­dos, ob­ser­va­ción de osos y re­co­rri­dos en cir­cui­tos ex­tre­mos (puen­tes col­gan­tes, ti­ro­le­sas, et­cé­te­ra) son una bue­na mues­tra.

Es­tu­dio­sos y afi­cio­na­dos de los di­no­sau­rios, reuníos: a una ho­ra de la ur­be en la Na­ción Na­va­jo, es­pe­cí­fi­ca­men­te Tu­ba, exis­ten hue­llas per­te­ne­cien­tes a di­no­sau­rios car­ní­vo­ros que da­tan del jurásico tem­prano.

Las op­cio­nes de hos­pe­da­je también son va­ria­das, és­tas van des­de ca­ba­ñas y ho­te­les bou­ti­que has­ta im­por­tan­tes ca­de­nas ho­te­le­ras y un re­sort; la ma­yo­ría po­see agen­da in­ver­nal, por si te ale­gra la nie­ve.

FOTOS: COR­TE­SÍA OFI­CI­NA DE TU­RIS­MO DE ARI­ZO­NA

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