Ma­lu­ma

Acer­ca de sus ini­cios en la mú­si­ca, su más re­cien­te dis­co Pretty Boy, Dirty Boy y sus me­tas por cum­plir, pla­ti­ca­mos con el can­tan­te ur­bano del mo­men­to des­de la pri­va­ci­dad del ex­clu­si­vo ho­tel Úni­co, en la Ri­vie­ra Ma­ya.

Caras (México) - - Contenido - Por Lu­cía Alar­cón de Za­ma­co­na y Jessica Luis­ce Fo­tos Marco Mar­co­vich Coor­di­na­ción de mo­da Ka­ren Fen­ta­nes

El ar­tis­ta ur­bano del mo­men­to se abre por com­ple­to y nos pla­ti­ca so­bre sus ini­cios en la mú­si­ca, su vi­da per­so­nal y sus me­tas pro­fe­sio­na­les.

Juan Luis Lon­do­ño es un ar­tis­ta na­ci­do en Me­de­llín, Co­lom­bia, el 28 de enero de 1994. Se bau­ti­zó co­mo Ma­lu­ma, nom­bre ar­tís­ti­co que sur­ge a par­tir de las dos pri­me­ras le­tras de los nom­bres de su ma­dre Ma­ri­lli, las de su pa­dre Luis y las de su her­ma­na Ma­nue­la. Su ca­rre­ra co­men­zó en 2010 tras lan­zar su sen­ci­llo de­but ti­tu­la­do “Fa­ran­du­le­ra” de for­ma in­de­pen­dien­te. El éxi­to de es­te te­ma en su na­tal Co­lom­bia lla­mó la aten­ción de Sony Mu­sic, quie­nes más tar­de lo fir­ma­ron.

A su cor­ta edad –ape­nas tie­ne 23 años– ya es re­co­no­ci­do co­mo uno de los ar­tis­tas ur­ba­nos con­tem­po­rá­neos más im­por­tan­tes, ha co­la­bo­ra­do con ar­tis­tas de la ta­lla de Sha­ki­ra y Ricky Mar­tin y sus te­mas son éxi­tos ase­gu­ra­dos en la ra­dio in­ter­na­cio­nal.

Cuén­ta­nos so­bre tu vi­da an­tes de ser Ma­lu­ma. ¿Cuá­les son los pri­me­ros re­cuer­dos que tie­nes?

Me acuer­do cuan­do te­nía ocho años y mi pa­dre me com­pra­ba ins­tru­men­tos. En Na­vi­dad siem­pre le pe­día eso a San­ta y me traía gui­ta­rras, ba­te­rías… Ten­go eso muy gra­ba­do. Ade­más de la mú­si­ca, el fut­bol fue una par­te muy im­por­tan­te de mi vi­da. Ju­gué ocho años y lo veía co­mo el ca­mino ha­cia el cual di­ri­gir mi vi­da, pe­ro por des­tino o ca­sua­li­dad, a los 16 años to­mé la de­ci­sión de ir­me por la mú­si­ca. Fue muy di­fí­cil, creo que pa­ra mi fa­mi­lia más que pa­ra mí. No lo po­dían creer.

¿Quién te in­cul­có el gus­to por la mú­si­ca?

Mi pa­dre siem­pre fue un fa­ná­ti­co de la mú­si­ca. Pe­ro fue mi abue­lo ma­terno, Pe­dro, quien más in­flu­yó. Te­nía una co­lec­ción gi­gan­te de dis­cos de sal­sa de ha­ce mu­chos años. Yo iba a su ca­sa y es­cu­cha­ba mu­cha sal­sa y me em­pe­cé a enamo­rar del gé­ne­ro.

Sa­be­mos que tu nom­bre ar­tís­ti­co es un ho­me­na­je a tus pa­pás (Mar­lli y Luis) y a tu her­ma­na (Ma­nue­la), ¿qué pa­pel han ju­ga­do ellos en tu ca­rre­ra?

Un pa­pel su­per­im­por­tan­te de apo­yo. Ellos

han si­do un col­chón pa­ra aguan­tar tan­ta pre­sión, tan­to tra­ba­jo y tan­tas si­tua­cio­nes que su­ce­den en el día a día de mi ca­rre­ra. Ellos me han ayu­da­do a equi­li­brar mi vi­da. Des­de el día uno me han apo­ya­do. Cuan­do me que­ría de­di­car al fut­bol es­ta­ban con­mi­go, cuan­do qui­se ha­cer mú­si­ca tam­bién. Cual­quier lo­cu­ra que se me ocu­rrie­ra siem­pre me apo­ya­ron. Son to­do pa­ra mí. Mi ma­dre ha si­do mi co­ra­zón, mi mo­tor, por ella tra­ba­jo y lu­cho. Cuan­do es­toy so­bre la ta­ri­ma só­lo pien­so en ella y en mi fa­mi­lia; ella me mo­ti­va a sa­lir ade­lan­te y pien­so en que nun­ca le fal­te na­da a ella. Le es­toy muy agra­de­ci­do por to­do.

En va­rias oca­sio­nes has co­men­ta­do que tu fa­mi­lia pa­só por mo­men­tos di­fí­ci­les. ¿Có­mo los apo­yas­te du­ran­te esa eta­pa?

Hu­bo un mo­men­to en don­de las co­sas no es­ta­ban bien eco­nó­mi­ca­men­te. Con mi ins­tin­to pro­tec­tor lo pri­me­ro que pen­sé fue en có­mo ga­nar al­go de di­ne­ro pa­ra dar­le a mi ma­dre y que pu­die­ra pa­gar el su­per­mer­ca­do. Yo iba a com­prar el pan más ba­ra­to de to­dos, la sal­sa más ba­ra­ta de to­das, el atún más ba­ra­to de to­dos y pre­pa­ra­ba sánd­wi­ches pa­ra ven­der­los en el co­le­gio; los ven­día su­per­ca­ros (ri­sas) por­que es­tu­dia­ba en una es­cue­la de gen­te pu­dien­te. En­ton­ces yo le au­men­ta­ba el pre­cio un 500% de lo que me cos­ta­ba ha­cer­lo (ri­sas). Fue­ron mo­men­tos muy di­fí­ci­les pe­ro de mu­cho apren­di­za­je. Ahí fue don­de me di cuen­ta de las ca­pa­ci­da­des que te­nía de sa­car a mi fa­mi­lia ade­lan­te. Así es co­mo sa­lió la ini­cia­ti­va de ha­cer mú­si­ca por­que ahí en­con­tré una sa­li­da eco­nó­mi­ca tam­bién.

Sa­be­mos que tus pa­pás es­tán se­pa­ra­dos, ¿cuán­tos años te­nías cuan­do es­to su­ce­dió?

Yo te­nía 12 años más o me­nos. Era pe­que­ño pe­ro en­ten­día per­fec­to to­do lo que pa­sa­ba. Los pa­dres no se dan cuen­ta de lo há­bi­les que son los ni­ños. En ese mo­men­to ellos creían que yo no en­ten­día pe­ro yo sa­bía que ellos no po­dían es­tar jun­tos. Mu­chas ve­ces te di­cen que te en­cie­rres en tu cuar­to pe­ro te en­te­ras de lo que ha­blan y de lo que su­ce­de. Y sí, se se­pa­ra­ron pe­ro creo que fue la me­jor de­ci­sión que pu­die­ron ha­ber to­ma­do.

¿Su se­pa­ra­ción te mar­có de al­gu­na for­ma?

Cla­ro. Uno es­tá acos­tum­bra­do a te­ner a sus pa­dres jun­tos to­do el tiem­po y de la no­che a la ma­ña­na ya no. Pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que yo de­jé de te­ner un pa­dre o una ma­dre. Fue un pa­so im­por­tan­te en mi vi­da y pa­ra mi fa­mi­lia. En la os­cu­ri­dad es di­fí­cil ver la luz pe­ro cuan­do sales de ahí te das cuen­ta de que fue pa­ra lo me­jor. Ade­más, yo creo que nues­tros pa­pás se me­re­cen ser fe­li­ces y no te­ner que que­dar­se jun­tos só­lo por el he­cho de te­ner un hi­jo; pri­me­ro es­tá su fe­li­ci­dad.

¿Por qué fi­nal­men­te te de­ci­dis­te por la mú­si­ca?

Yo tra­to de to­mar mis de­ci­sio­nes con el co­ra­zón y pen­sé en lo que me iba a ha­cer fe­liz a mí, sin im­por­tar el re­sul­ta­do. Só­lo sa­bía que que­ría ha­cer mú­si­ca y te­nía que de­di­car­me al 100. El fut­bol me qui­ta­ba mu­cho tiem­po, en­ton­ces pu­se las dos co­sas en la ba­lan­za y de­ci­dí que lo que más dis­fru­ta­ba ha­cer era es­tar me­ti­do en un es­tu­dio com­po­nien­do y can­tan­do. Que­ría ha­cer mú­si­ca y de­jar el fut­bol co­mo hobby.

¿En qué po­si­ción ju­ga­bas?

De me­dio­cam­pis­ta. En esa épo­ca y en esa po­si­ción ha­bía muy po­cos zur­dos co­mo yo, ha­bía más dies­tros. Ju­gué mu­cho tiem­po en el Atlé­ti­co Na­cio­nal, es el equi­po más gran­de de Co­lom­bia. Mis pa­dres siem­pre me in­cli­na­ron por ese equi­po. Aho­ra ya no ten­go tan­to tiem­po de ver el fut­bol, ya ni sé qué ju­ga­do­res hay en ca­da equi­po.

¿Có­mo to­mó tu fa­mi­lia tu de­ci­sión de de­jar el fut­bol?

Cuan­do co­men­cé con la mú­si­ca mi pa­pá pen­só que yo es­ta­ba lo­co por­que lle­va­ba años acom­pa­ñán­do­me a par­ti­dos de fut­bol, pe­ro nun­ca a un con­cier­to. Siem­pre su­po que me gus­ta­ba can­tar y que me en­can­ta­ba la mú­si­ca, pe­ro nun­ca cre­yó que fue­ra tan en se­rio, has­ta que un día mis pa­dres me re­co­gie­ron de un en­tre­na­mien­to y les di­je: “Ya no quie­ro vol­ver a ju­gar fut­bol, quie­ro ha­cer mú­si­ca”. Me mi­ra­ron con­fun­di­dos pe­ro en­ten­die­ron que era una de­ci­sión vá­li­da. Ya cuan­do vie­ron que to­do iba en se­rio, que em­pe­cé a via­jar a va­rios paí­ses, que fir­mé con­tra­to con Sony

“Las co­sas no es­ta­ban bien eco­nó­mi­ca­men­te. Con mi ins­tin­to pro­tec­tor pen­sé en có­mo ga­nar al­go de di­ne­ro pa­ra dar­le a mi ma­dre y que pu­die­ra pa­gar el su­per­mer­ca­do”.

Mu­sic Co­lom­bia y que gra­bé mi pri­mer dis­co ( Ma­gia), en­ton­ces ya di­je­ron: “Ah, pues sí va en se­rio” (ri­sas). Uno debe de­mos­trar con he­chos. Em­pe­cé a de­di­car­me a lo mío, me apo­ya­ron y siem­pre han es­ta­do a mi la­do. Fue una de­ci­sión di­fí­cil pe­ro va­lió la pe­na. Mis tíos, por su par­te, re­cuer­do que en un cum­plea­ños me re­ga­la­ron tiem­po en un es­tu­dio, me pre­sen­ta­ron con pro­duc­to­res, es­tu­vie­ron con­mi­go día y no­che apo­yán­do­me. Vi­vie­ron co­sas bue­nas y no tan bue­nas a mi la­do. Gra­cias a ellos ha­go lo que ha­go. Ya no tra­ba­jan con­mi­go por ra­zo­nes ex­ter­nas, pe­ro fue­ron las pri­me­ras per­so­nas que cre­ye­ron en mí.

¿De dón­de to­mas tu ins­pi­ra­ción pa­ra las le­tras de tus can­cio­nes?

Mi ins­pi­ra­ción la to­mo prin­ci­pal­men­te de las mu­je­res. Fui cria­do en­tre mu­je­res y siem­pre les he te­ni­do mu­cho res­pe­to. Em­pe­cé a es­cri­bir mu­chas co­sas cuan­do era más ni­ño. En el co­le­gio, cuan­do mis ami­gos te­nían pro­ble­mas con sus no­vias, me pe­dían ayu­da pa­ra es­cri­bir­les car­tas y que pu­die­ran re­con­ci­liar­se. Así es co­mo em­pe­zó es­te cuen­to de es­cri­bir. Me gus­ta­ban mu­cho las cla­ses de len­gua cas­te­lla­na en el co­le­gio por­que me in­di­ca­ban mu­chas co­sas y me guia­ban pa­ra sa­ber por dón­de lle­var mis can­cio­nes. Yo es­cri­bo el 80% de mis can­cio­nes.

¿Siem­pre su­pis­te que tu ca­rre­ra mu­si­cal lle­ga­ría has­ta es­te pun­to?

Siem­pre lo so­ñé, siem­pre lo vi­sua­li­cé pe­ro ja­más pen­sé que fue­ra a pa­sar tan rá­pi­do. Han si­do sie­te años de ca­rre­ra en don­de han pa­sa­do mu­chí­si­mas co­sas que un ar­tis­ta nor­mal tar­da mu­cho más en lo­grar. Mi ca­rre­ra ha es­ta­do lle­na de sor­pre­sas y ha si­do al­go muy po­si­ti­vo. Me sien­to agra­de­ci­do y ben­de­ci­do por­que lo que me ha su­ce­di­do a mí es un ca­so ra­ro. Me sien­to muy fe­liz.

¿Qué ar­tis­tas han in­fluen­cia­do tu ca­rre­ra?

Jus­tin Tim­ber­la­ke ha si­do pa­ra mí un gran re­fe­ren­te de la mú­si­ca mo­der­na. Pe­ro en cuan­to a mú­si­ca co­mo sal­sa, Héc­tor La­voe pa­ra mí siem­pre fue el nú­me­ro uno de los ar­tis­tas que yo ad­mi­ra­ba. Me sé to­das sus can­cio­nes, las es­cu­cho to­dos los días y no hay una que me abu­rra. Él es mi gran ins­pi­ra­ción mu­si­cal.

¿Có­mo fue tu acer­ca­mien­to con la in­dus­tria de la mú­si­ca de for­ma pro­fe­sio­nal?

Cuan­do lan­cé mi pri­me­ra can­ción, “Fa­ran­du­le­ra”, lo hi­ce de for­ma in­de­pen­dien­te. Lue­go

“Mis pa­dres me re­co­gie­ron de un en­tre­na­mien­to y les di­je: ‘Ya no quie­ro ju­gar fut­bol, quie­ro ha­cer mú­si­ca’. Me mi­ra­ron con­fun­di­dos pe­ro me en­ten­die­ron”.

Sony Mu­sic Co­lom­bia es­ta­ba bus­can­do ta­len­tos en el te­rri­to­rio pa­ra ver qué es­ta­ba gus­tan­do en esa épo­ca y nos lla­ma­ron a mí y a mi tío, que que­rían ver­me y que es­ta­ban in­tere­sa­dos en fir­mar­me, y así fue la cer­ca­nía con el ne­go­cio de la mú­si­ca. Pa­sa­ron los años y lue­go tras­la­da­mos el con­tra­to de Co­lom­bia a Sony Mu­sic US La­tin y ya lle­vo ca­si tres años con ellos.

Cuén­ta­nos un po­co so­bre tu úl­ti­mo dis­co,

Pretty boy, dirty boy. ¿Cuál es la esen­cia y por qué ele­gis­te ese tí­tu­lo?

Re­fle­ja to­tal­men­te lo que soy co­mo Juan Luis. Hay can­cio­nes de to­do ti­po: pa­ra bai­lar, mú­si­ca ro­mán­ti­ca, di­fe­ren­tes rit­mos. Eso es con lo que me iden­ti­fi­co, con la ver­sa­ti­li­dad. Es­te dis­co es­tá muy va­ria­do y qui­se po­ner­le un nom­bre que re­fle­ja­ra ese equi­li­brio.

¿En al­gún mo­men­to con­si­de­ras­te de­jar­te Juan Luis co­mo nom­bre ar­tís­ti­co?

Sí, cuan­do me me­tí por pri­me­ra vez al es­tu­dio lo con­si­de­ré, pe­ro es­tá Juan Luis Gue­rra y él es un maes­tro y un ído­lo mío y no po­día yo po­ner­me el nom­bre de uno de mis ído­los. Ahí fue don­de pen­sé en Ma­lu­ma, que es fá­cil, sen­ci­llo, so­no­ro y ten­go a mi fa­mi­lia con­mi­go siem­pre.

¿Por qué ele­gis­te el gé­ne­ro ur­bano?

Por­que siem­pre fui muy fa­ná­ti­co. Los pri­me­ros con­cier­tos de Wi­sin y Yan­del, de Daddy Yan­kee, Don Omar… Cuan­do se pre­sen­ta­ron en Me­de­llín yo bus­ca­ba la ma­ne­ra de ir a ver­los. Me pa­ra­ba afue­ra del estadio ca­si a pe­dir pla­ta pa­ra en­trar a sus con­cier­tos. Era tal mi fa­na­tis­mo que me die­ron unas ga­nas lo­cas de ha­cer es­te ti­po de mú­si­ca. Ade­más la sal­sa y el ur­bano son mis gé­ne­ros fa­vo­ri­tos. Siem­pre que me le­van­ta­ba en las ma­ña­nas veía los vi­deos de Wi­sin y Yan­del y me po­nía co­mo un lo­co; me qui­ta­ba la ca­mi­sa, gri­ta­ba sus nom­bres, era co­mo es­tar en un par­ti­do de fut­bol. Aho­ra que so­mos muy ami­gos les cuen­to es­tas his­to­rias ( ri­sas). Es muy gra­cio­so có­mo la vi­da da vuel­tas. Me en­can­ta pa­sar tiem­po con ellos, son gran­des maes­tros que lle­van mu­chos años en la in­dus­tria.

¿Có­mo des­cri­bes la ex­pe­rien­cia de ha­ber co­la­bo­ra­do con ar­tis­tas co­mo Tha­lía, Sha­ki­ra y Ricky Mar­tin, en­tre otros?

¡ In­creí­ble! Ha si­do un cre­ci­mien­to y un apren­di­za­je sor­pren­den­tes. To­do se dio en un lap­so muy cor­to; pa­só lo de Ricky y al mes ya es­ta­ba en Bar­ce­lo­na gra­ban­do con Sha­ki­ra. To­do fue muy rá­pi­do pe­ro su­ce­dió en el mo­men­to pre­ci­so e in­di­ca­do de mi ca­rre­ra. Fue muy es­pe­cial, de ca­da uno apren­dí mu­cho tan­to a ni­vel la­bo­ral co­mo per­so­nal. Los ad­mi­ro y siem­pre so­ñé con tra­ba­jar con ellos. Des­de ni­ño te­nía en mi men­te el sue­ño de ir al es­tu­dio con ellos. Fue­ron ex­pe­rien­cias inol­vi­da­bles.

¿Con qué otros ar­tis­tas te gus­ta­ría co­la­bo­rar en un fu­tu­ro?

Marc Ant­hony me en­can­ta. Jus­tin Tim­ber­la­ke creo que es un gran re­fe­ren­te pa­ra mí. Con Dra­ke tam­bién.

¿Qué es­ta­bas ha­cien­do la pri­me­ra vez que te es­cu­chas­te en la ra­dio?

Es­ta­ba en mi ca­sa. Fue un fin de se­ma­na, es­ta­ba en ca­sa de mi ma­má y es­ta­ba co­ci­nan­do creo, pe­ro pren­dí la ra­dio y cuan­do me es­cu­ché ca­si no lo po­día creer. Sa­lí co­rrien­do y sal­tan­do por to­da la ca­sa. No lo po­día creer.

¿Cuál ha si­do el es­ce­na­rio más im­pac­tan­te que has pi­sa­do?

El Ma­di­son Squa­re Gar­den en Nue­va York y el Ame­ri­can Air­li­nes Are­na en Mia­mi. Son lu­ga­res gi­gan­tes y lle­nos de mu­chas his­to­rias.

“Siem­pre que me le­van­ta­ba en las ma­ña­nas veía los vi­deos de Wi­sin y Yan­del y me po­nía co­mo un lo­co. [...] Aho­ra que so­mos muy ami­gos les cuen­to es­tas his­to­rias. Es muy gra­cio­so có­mo la vi­da da vuel­tas”.

¿Cuál ha si­do el mo­men­to más di­fí­cil que has vi­vi­do y quién fue tu ma­yor apo­yo du­ran­te ese tiem­po?

Los mo­men­tos más di­fí­ci­les pa­ra mí son es­tar le­jos de mi fa­mi­lia. Eso es muy fuer­te. De­jar de es­tar al la­do de ellos por su­bir­me a un avión o a una ta­ri­ma ca­si dia­rio. En­tre­vis­tas, shoo­tings, shows, Ma­lu­ma, Ma­lu­ma… De­jar un po­co a Juan Luis de la­do es di­fí­cil. Pe­ro yo creo que to­do se va dan­do con equi­li­brio y quien me ha apo­ya­do es mi her­ma­na. Mis pa­dres tam­bién. Ellos son el cen­tro de to­do y siem­pre es­tán ahí. Me ha­cen mu­cha fal­ta pe­ro a la vez son pre­ci­sa­men­te ellos quie­nes me mo­ti­van pa­ra se­guir pa­ra ade­lan­te. Son un mo­tor muy im­por­tan­te pa­ra mí.

¿De qué for­ma te ha he­cho crecer el ser coach en La voz kids?

Ha si­do muy ché­ve­re; una ex­pe­rien­cia muy bo­ni­ta. Yo ya ha­bía te­ni­do la opor­tu­ni­dad de ser coach en Co­lom­bia pa­ra La voz kids du­ran­te dos tem­po­ra­das. Y aho­ra ven­go a Mé­xi­co a ha­cer la pri­me­ra y yo es­pe­ra­ba que fue­ra al­go di­fe­ren­te, pe­ro los ni­ños son ni­ños aquí y en to­do el mun­do. Yo di­go que son unos pe­que­ños maes­tros por­que me han en­se­ña­do mu­chas co­sas. La hu­mil­dad y la no­ble­za de es­tos ni­ños es im­pre­sio­nan­te. Lo po­ne a llo­rar a uno esos co­ra­zo­nes tan gran­des en esos cuer­pos tan chi­qui­tos.

¿Cuá­les son los re­tos más gran­des de par­ti­ci­par en es­te pro­yec­to?

Yo creo que el po­der apor­tar co­mo mú­si­co y co­mo per­so­na a los ni­ños. Eso es im­por­tan­te, po­der apor­tar ese gra­ni­to de are­na que es por lo que los ni­ños van al pro­gra­ma.

¿Qué sien­tes cuan­do tie­nes que de­cir­le ‘no’ a un ni­ño?

Se me par­te el co­ra­zón. Es muy di­fí­cil. La gen­te no sa­be lo que se sien­te es­tar sen­ta­do en esa si­lla y de­cir que no, pe­ro son las re­glas del jue­go. Al fin y al ca­bo es un jue­go y es lo que yo le di­go a los ni­ños pa­ra que se lo to­men co­mo un jue­go. Hay que apren­der a per­der tam­bién pe­ro yo creo que eso es lo más di­fí­cil de to­do. Cuan­do tú le di­ces que no a un ni­ño, cree que has­ta ahí lle­gan los sue­ños; pe­ro no. Es­tán chi­qui­tos y tie­nen una lar­ga vi­da por de­lan­te.

¿Y cuan­do ves triun­far a al­guno de los ni­ños que ase­so­ras­te?

Es una ale­gría enor­me. Es co­mo si fue­ran her­ma­ni­tos míos, por­que yo me sien­to muy iden­ti­fi­ca­do con ellos por­que yo em­pe­cé ca­si a su edad y al igual que ellos so­ña­ba con es­tar en un es­ce­na­rio así. Cuan­do triun­fan, los ni­ños tie­nen la opor­tu­ni­dad de mos­trar­se fren­te a to­do un país y se sien­ten que es­tán triun­fan­do ca­da vez que pi­san el es­ce­na­rio. Yo me sien­to muy fe­liz y ca­da vez que ten­go la opor­tu­ni­dad de ayu­dar a al­gún ni­ño me lle­na el co­ra­zón.

¿De qué for­ma has cre­ci­do tan­to per­so­nal co­mo pro­fe­sio­nal­men­te des­de que tu ca­rre­ra des­pe­gó?

Ha si­do más per­so­nal que na­da por­que to­do lo que he vi­vi­do tie­ne con­se­cuen­cias. El he­cho de es­tar tan­to tiem­po fue­ra de ca­sa me ha vuel­to una per­so­na mu­cho más in­de­pen­dien­te. Ade­más, es­toy cre­cien­do co­mo bu­si­ness man, ten­go mis com­pa­ñías y apren­do a ser je­fe. Son mu­chos mo­men­tos que atra­vie­so en es­te mo­men­to. Mi en­torno ha cam­bia­do to­tal­men­te, pe­ro lo bo­ni­to es que si­go sin­tien­do que mi esen­cia es­tá in­tac­ta y que soy el mis­mo ni­ño so­ña­dor que era ha­ce sie­te años. He cre­ci­do per­so­nal­men­te pe­ro so­bre to­do si­go sien­do ni­ño.

¿Có­mo eres co­mo je­fe?

La cla­ve que ca­rac­te­ri­za a un buen je­fe es el ejem­plo. De na­da sir­ve gri­tar, lla­mar la aten­ción o juz­gar si tú no po­nes el ejem­plo. A to­do mi equi­po lo co­noz­co, me sé el nom­bre y la his­to­ria de to­dos, sé to­do lo que pa­sa en el backs­ta­ge; quién ha­bla con quién, quién se pe­leó con quién. Me gus­ta es­tar en­te­ra­do por­que más allá de ser un equi­po de tra­ba­jo, so­mos una fa­mi­lia. Ha­cien­do más de 150 con­cier­tos al año, nos ve­mos más que a nues­tras pro­pias fa­mi­lias.

“Mi en­torno ha cam­bia­do to­tal­men­te, pe­ro lo bo­ni­to es que si­go sin­tien­do que mi esen­cia es­tá in­tac­ta y que soy el mis­mo ni­ño so­ña­dor que era ha­ce sie­te años”.

¿De qué for­ma te gus­ta­ría que tu mú­si­ca cam­bia­ra la per­cep­ción que se tie­ne de los la­ti­nos a ni­vel mun­dial?

De los la­ti­nos y es­pe­cial­men­te de Co­lom­bia. Es un país que des­gra­cia­da­men­te es mal vis­to por mu­chas per­so­nas en el mun­do, pe­ro yo he tra­ta­do siem­pre de mos­trar otra ca­ra de mi país. Ya no es lo mis­mo que se vi­vía ha­ce 15 años pe­ro la gen­te si­gue cre­yen­do que Co­lom­bia es el país de cuan­do es­ta­ba Pa­blo Es­co­bar, en­ton­ces tra­to de mos­trar lo bo­ni­to; sus pai­sa­jes, su tran­qui­li­dad. Hay mu­chos cli­chés so­bre La­ti­noa­mé­ri­ca. Hay gen­te que cree que La­ti­noa­mé­ri­ca es un pue­blo, en­ton­ces yo he pro­cu­ra­do de­mos­trar su evo­lu­ción y que es un lu­gar her­mo­so. Que sus pla­yas no se en­cuen­tran en nin­gún lu­gar del mun­do. Quie­ro que la gen­te cam­bie su men­ta­li­dad erró­nea de que La­ti­noa­mé­ri­ca no es evo­lu­cio­na­da, por­que es to­do lo con­tra­rio.

Eres el ar­tis­ta la­tino con más se­gui­do­res en Ins­ta­gram; ¿de qué for­ma usas tus re­des so­cia­les pa­ra in­fluen­ciar e ins­pi­rar a tus mi­llo­nes de fans?

Es una gran res­pon­sa­bi­li­dad, pe­ro lo bo­ni­to es que si ten­go ese tí­tu­lo es por­que me he mos­tra­do tal cual soy. Soy una per­so­na muy real y trans­pa­ren­te y eso lo tra­to de mos­trar en mis re­des so­cia­les. Quie­ro que la gen­te vea que si yo lo pue­do lo­grar, ellos tam­bién. Quie­ro ser un ejem­plo. Tam­bién por eso hi­ce mi fun­da­ción El Ar­te de los Sue­ños, pa­ra mos­trar­le a la gen­te que soy un ejem­plo pa­ra sa­lir ade­lan­te, y que el ar­te se pue­de vi­vir y pue­de traer mu­cha fe­li­ci­dad a la vi­da.

¿Có­mo na­ció El Ar­te de los Sue­ños?

Fue muy bo­ni­to. Un día me le­van­té y me di­je a mí mis­mo: “Quie­ro crear es­pe­ran­za”, pues mu­chas ve­ces la gen­te tie­ne sue­ños pe­ro no tie­ne las opor­tu­ni­da­des pa­ra cum­plir­los. Si a mí la mú­si­ca me dio la opor­tu­ni­dad de sa­lir ade­lan­te, yo qui­se ha­cer lo mis­mo por mi país. Mi her­ma­na es la pre­si­den­ta, es una fun­da­ción muy fa­mi­liar que fun­ge co­mo puen­te en­tre el ar­te y los sue­ños.

¿Cuá­les son las re­com­pen­sas y los re­tos más gran­des de ser un ar­tis­ta in­ter­na­cio­nal?

Las re­com­pen­sas son que le doy a mi fa­mi­lia la vi­da que ellos quie­ren, no les fal­ta ab­so­lu­ta­men­te na­da. Yo por mi par­te vi­vo muy tran­qui­lo. La con­tra­par­te es la pri­va­ci­dad. Yo creo que to­dos na­ce­mos con el de­re­cho a te­ner una vi­da pri­va­da y yo no la ten­go. Na­cí con ese de­re­cho, pe­ro la fa­ma y mi ca­rre­ra po­co a po­co me lo han ido qui­tan­do. Pe­ro son unas co­sas por otras, lo ten­go muy cla­ro. Por eso de­ci­dí ha­cer es­ta ca­rre­ra y de­di­car­me a lo que ha­go. No me arre­pien­to de ab­so­lu­ta­men­te na­da pe­ro sí es com­pli­ca­do. No pue­des sa­lir a la ca­lle tran­qui­lo, son bo­ba­das pe­ro que mu­cha gen­te no en­tien­de. Por ejem­plo, res­pi­rar ai­re acon­di­cio­na­do to­do el tiem­po. Es­toy en avio­nes, en ve­nues, en­ce­rra­do en un ho­tel, en los ca­rros no pue­do ba­jar la ven­ta­na. Pa­ra mí no res­pi­rar ai­re pu­ro es di­fí­cil. Pe­ro no pa­sa na­da, yo soy muy fe­liz. Se com­pen­sa de la me­jor ma­ne­ra. Tra­to de dis­fru­tar y vi­vir mi vi­da al má­xi­mo por­que yo sé que los años y el tiem­po pa­san, se va vo­lan­do. Si yo me amar­go los años de mi ca­rre­ra, no los po­dré re­cu­pe­rar. Tra­to de vi­vir se­gun­do a se­gun­do ca­da día.

¿Cuál es tu opi­nión so­bre los fans me­xi­ca­nos?

Son muy es­pe­cia­les. De­mues­tran el amor de una ma­ne­ra muy di­fe­ren­te a otros lu­ga­res en el mun­do. Aquí se vi­ve un fa­na­tis­mo muy real, to­da­vía quie­ren com­prar tu dis­co, va­lo­ran tu mú­si­ca y tu ar­te y eso es al­go que yo apre­cio mu­cho y le agra­dez­co al pue­blo me­xi­cano por­que me han re­ci­bi­do co­mo uno de ellos. Me sien­to uno de us­te­des por­que su cul­tu­ra me en­can­ta. Los lu­ga­res, la co­mi­da... to­do. Ve­nir a Mé­xi­co es co­mo lle­gar a ca­sa siem­pre.

Si tu­vie­ras la opor­tu­ni­dad de rom­per un ré­cord Guin­ness, ¿por qué ha­za­ña se­ría?

Por la ma­yor can­ti­dad de ki­ló­me­tros na­dan­do. Me gus­ta mu­cho el agua, eso po­dría ser al­go ché­ve­re y muy in­tere­san­te. Me en­can­ta el de­por­te. La dis­ci­pli­na y la cons­tan­cia me han he­cho tam­bién buen ar­tis­ta.

Men­cio­na tres cua­li­da­des y tres de­fec­tos tu­yos.

De­fec­tos, di­ría que soy muy mal­ge­niu­do; cuan­do las co­sas no se ha­cen co­mo quie­ro, me pon­go de ma­las. Otro es que soy muy im­pa­cien­te, odio es­pe­rar. Soy muy ac­ti­vo y quie­ro ha­cer mu­chas co­sas al mis­mo tiem­po. Y el ter­ce­ro es que mu­chas ve­ces pa­so por en­ci­ma de mi sa­lud con tal de ha­cer lo que quie­ro. Mis cua­li­da­des son que soy muy dis­ci­pli­na­do, cons­tan­te y per­se­ve­ran­te.

Men­cio­na al­go que ten­gas en tu buc­ket list.

Es­ca­lar el Eve­rest es al­go que me pro­pu­se y lo voy a lo­grar. No sé cuán­do pe­ro así se­rá.

¿Cuál es tu le­ma de vi­da?

Ser fe­liz es mi le­ma. Me le­van­to to­dos los días y me lo re­pi­to. No bus­co otra co­sa.

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