LA SO­LE­DAD DE UN GLACIAR

Una ima­gen que si­mu­la una pin­tu­ra, por la mez­cla de to­na­li­da­des cá­li­das a frías. Un efec­to vi­sual que so­lo un fo­tó­gra­fo ex­per­to pue­de cap­tar con su cá­ma­ra

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Es gra­cio­so co­no­cer y es­cu­char a quie­nes to­da­vía no creen en las con­se­cuen­cias del cam­bio cli­má­ti­co. El ca­lor más pe­sa­do, los ra­yos del sol más da­ñi­nos pa­ra nues­tra piel, los al­tos ín­di­ces de con­ta­mi­na­ción en el ai­re, la épo­ca de hu­ra­ca­nes, la in­ten­si­dad de tem­blo­res y ame­na­zas de tsu­na­mis.

La ex­pli­ca­ción se ex­tien­de con la pre­sen­cia de fo­to­nes ama­ri­llos o ro­jos, que no ter­mi­nan de pe­ne­trar y ro­bar­le fuer­za a los fo­to­nes azu­les. Es así que me ha­ce en­ten­der la in­ten­si­dad de los ra­yos del sol que apa­re­cen de­trás del pe­da­zo de hie­lo, y que si­guen re­fle­ján­do­se en el agua.

Las imá­ge­nes don­de se mues­tra el avan­ce del des­hie­lo de mu­chos de los gla­cia­res son más co­mu­nes, así co­mo el des­gas­te na­tu­ral del eco­sis­te­ma a su al­re­de­dor. Se di­ce que el de­rre­ti­mien­to en Alas­ka es­tá sien­do más rá­pi­do que en los úl­ti­mos cua­tro si­glos, y to­do por el in­cre­men­to en las tem­pe­ra­tu­ras en el mun­do en­te­ro.

To­do ha cam­bia­do, en al­gu­nos lu­ga­res ha­ce fal­ta la llu­via y en otros, apa­re­ce el agua en cau­da­les que arra­sa ciu­da­des en­te­ras.

El fo­tó­gra­fo Drew Rush, miem­bro de la So­cie­dad de Na­tio­nal Geo­grap­hic y co­la­bo­ra­dor ha­bi­tual de las cuen­tas de @nat­geo y @nat­geo­tra­vel en Ins­ta­gram.

Es un fo­tó­gra­fo de vi­da sil­ves­tre, que vi­ve en el es­ta­do de Wyo­ming, en Es­ta­dos Uni­dos, ro­dea­do de sie­rras y mon­ta­ñas, y por su­pues­to con una mo­chi­la lis­ta pa­ra sa­lir de ex­pe­di­ción en cual­quier mo­men­to.

Co­mo buen fo­tó­gra­fo de la na­tu­ra­le­za, es aman­te de la adre­na­li­na y de los vue­los en pa­ra­pen­te o de cual­quier lu­gar en don­de pue­da ob­te­ner las me­jo­res imá­ge­nes.

Así co­mo la ima­gen que hoy les com­par­to, de lo que que­da de un glaciar en el Gla­cier Bay Na­tio­nal Park and Pre­ser­ve al su­r­es­te de Alas­ka, en la zo­na pro­te­gi­da más gran­de de Amé­ri­ca del Nor­te.

Co­mo si fue­ra una pin­tu­ra, de co­lo­res cá­li­dos, en­tre la ma­jes­tuo­si­dad de las mon­ta­ñas y la so­le­dad de ape­nas un pe­da­zo de hie­lo, que se­gu­ra­men­te un día fue gi­gan­te y hoy ha que­da­do ais­la­do del res­to de su es­truc­tu­ra.

Co­mo si so­lo que­da­ra un pe­da­zo de su cuer­po, en so­li­ta­rio.

Los gla­cia­res se for­man en los va­lles de las al­tas mon­ta­ñas o en las zo­nas po­la­res y even­tual­men­te se van des­li­zan­do, se­gún sea su for­ma­ción. Por ejem­plo, los que se for­man en las mon­ta­ñas se arras­tra ha­cia aba­jo, y de­pen­dien­do de su ve­lo­ci­dad es la ra­pi­dez con la que se irá ero­sio­nan­do.

La com­ple­ji­dad téc­ni­ca de es­ta ima­gen que lo­gró Rush, es la tem­pe­ra­tu­ra de co­lor con la que fue to­ma­da. Si pue­den ver, el cie­lo se ve en­tin­ta­do de do­ra­do, con los ra­yos del sol al atar­de­cer, y al mis­mo tiem­po el glaciar pre­ser­va su co­lor del hie­lo azul.

Cien­tí­fi­ca­men­te, el co­lor azul se de­be a la mis­ma ex­pli­ca­ción por la que el agua es azul, gra­cias a la com­pre­sión del hie­lo por el pe­so de la nie­ve que acu­mu­la, no de­ja que se for­men bur­bu­jas de ai­re en su in­te­rior, y es por eso que la luz no re­bo­ta en él.

A di­fe­ren­cia de la nie­ve, que cuan­do el sol le da di­rec­to, has­ta en­can­di­la a la ho­ra de mi­rar­la.

En­tre más dis­tan­cia ha­ya de la luz al hie­lo, más azul se ve­rá, y eso sí lo sa­be un ex­per­to co­mo Drew. Por eso tenemos es­ta be­lle­za de ima­gen, que nos re­cuer­da que el pla­ne­ta se can­sa y sus re­cur­sos se aca­ban.

Si­gan a es­te fo­tó­gra­fo es­tre­lla de Na­tio­nal Geo­grap­hic en Ins­ta­gram co­mo @drew­trush.

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