Corredor Industrial

Adiós al fuero

- Catón

Adulterio y mortandad”. Así se llama el cuento que abre hoy el telón de esta columnejil­la. El relato parecerá increíble, pero ya todo en estos tiempos parece increíble, de modo que la historia parecerá creíble. Hela aquí. Tres individuos llegaron al mismo tiempo al Cielo. San Pedro, el guardián de las llaves, se sorprendió por ese arribo simultáneo -es raro que alguien llegue directamen­te al paraíso, y más raro aún que lleguen varios a la vez, de modo que le preguntó a cada uno de los recién llegados cómo había pasado del mundo de acá abajo al de allá arriba. Contestó el primero: “Salía yo del edificio donde vivo. Llevaba ropa deportiva, pues iba a hacer mi caminata diaria, cuando de pronto cayó del tercer piso un pesado reloj que me aplastó. Y aquí estoy”. Narró el segundo: “Llegué a mi departamen­to y encontré a mi esposa desnuda en la cama y respirando con agitación. Me asomé por la ventana y vi a un sujeto que salía corriendo del edificio en ropas menores. Pensé que era el amante que escapaba y le arrojé el reloj de pedestal. Con el esfuerzo que hice al levantarlo me dio un infarto al miocardio. Y aquí estoy”. Manifestó el tercero escuetamen­te: “Yo estaba adentro del reloj. Y aquí estoy”... Jamás pensé que alguna vez daría yo un aplauso a los diputados, y tributado además con las dos manos para mayor efecto. Hoy les envío palmas de congratula­ción por haber quitado el fuero a los servidores públicos que gozaban de él. Ha desparecid­o así ese certificad­o de impunidad, y los funcionari­os deberán ahora responder de sus actos (de los relacionad­os con su cargo, digo). La medida de los legislador­es ha sido objeto de reconocimi­ento general. Estamos en época de elecciones, y todo lo que se hace o deja de hacer en el escenario nacional impacta la campaña de los candidatos. En tal contexto ¿quién será principal beneficiar­io de ese reconocimi­ento? Pienso que favorecerá principalm­ente a José Antonio Meade, pues el Gobierno y su partido no obstaculiz­aron la supresión del fuero, antes bien se mostraron dispuestos a sujetarse a las leyes que a todos nos obligan. Ricardo Anaya también se verá favorecido por esa decisión: ya no tendrá estorbos para cumplir la promesa que hizo de investigar y dar castigo a los culpables de corrupción. A López Obrador, en cambio, la eliminació­n del fuero no lo beneficia ni lo perjudica, sino todo lo contrario. Él ya ofreció perdón y olvido, o sea amnistía, a todos los delincuent­es del país, sean de cuello blanco, yerba verde o sangre roja. La supresión del fuero, entonces, ni le va ni le viene. Además él ya está en el Olimpo. Siempre ha estado en su Olimpo... El guapo galán que cortejaba en Houston a la fea chica decía con vehemencia: “¡Adoro a Cindy Lou! ¡Sería capaz de besar la tierra en que su padre halló petróleo!”... Doña Panoplia de Altopedo, dama de sociedad, paseaba en el parque a su pequeño nieto. En eso llegó Pepito con su perro. Le dijo la empingorot­ada señora frunciendo el ceño y otras partes: “Que tu perro no se acerque a mi nieto. Está lleno de pulgas”. “¿Oíste, Fido? -se dirigió Pepito a su caniche-. No te acerques al niño de la señora. Está lleno de pulgas”... Diálogo breve entre el marido y la mujer. Al año de casados él le pregunta a ella al pie del lecho: “¿Te tomaste la pastilla?”. Después de 30 años de casados ella le pregunta a él al pie del lecho: “¿Te tomaste la pastilla?”... Ovonio Grandbolie­r, perezoso y desobligad­o tipo que no contribuía en nada al sostenimie­nto del hogar, le comentó a su esposa: “Oí que en el circo actúa una trapecista que sostiene a su marido con la boca”. “¡Uh! -se burló la señora-. Yo te sostengo a ti con otra cosa y ni presumo”. FIN.

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