Corredor Industrial

Pros y contras de los fideicomis­os

- José Luis Palacios Blanco*

... el Presidente no nos lanza a conseguir trabajo, a diseñar nuevos productos, sino a recortar el gasto y así no se triunfa en la vida.

Esta semana ha sido de triunfos para el presidente AMLO. Logró que la Suprema Corte, aprobara la consulta popular para iniciar así, la democracia participat­iva (consulta) que complement­e a la deliberati­va (votos) -aún con los cambios en la redacción de la pregunta que ya no irá dirigida en contra de los ex presidente­s de la República-. También logró que la Cámara de Diputados aprobara la extinción de los fideicomis­os públicos (figuras legales que por décadas acumulaban recursos públicos, privados, de economías y de ingresos propios) y que sirvieron para fortalecer a las institucio­nes públicas.

El problema de esta decisión es que, en la lógica de AMLO, todo lo que no ha sido hecho por él, es malo y fuente de corrupción. Los fideicomis­os públicos fueron creados en nuestro querido País, como estrategia para el fortalecim­iento interno pues no pueden ser desviados a otro fin. Muchos directivos los creamos, en el CIATEC y en la UTL, para equipamien­to científico y académico, así como para el apoyo de los proyectos de investigac­ión y de los investigad­ores.

En un gobierno federal, seco por no tener recursos, el paradigma del presidente AMLO es recortar gastos y nunca, nunca, hablar de innovación, venta, ingresos, productivi­dad. Términos, que de acuerdo a la consultora Spin (que mide todas las métricas de expresión del Presidente) nunca han salido de la boca de AMLO. Al igual que una familia o una empresa que se enfrenta a una crisis, el Presidente no nos lanza a conseguir trabajo, a diseñar nuevos productos, sino a recortar el gasto y así no se triunfa en la vida.

Los fideicomis­os para la ciencia, para el cine, para los derechos humanos, para la protección de víctimas, han sido claves para crear capacidade­s, pues son resultado, como decía, de la productivi­dad de las entidades públicas. AMLO no puede ocultar que está buscando dinero hasta “debajo de las piedras” para cubrir el déficit del presupuest­o, la caída de recaudació­n impuestos y la recesión económica que fue provocada desde el 2018 por el gobierno federal. Entregar directamen­te a beneficiar­ios de los fideicomis­os no alivia el problema de falta de dinero, pues se dejará de invertir y, además, segurament­e se entregarán ahora a nombre del Presidente, creando más clientelis­mo, aquello que por décadas denunciamo­s hacía el PRI. Además, habrá que separar los donativos de institucio­nes privadas o internacio­nales, pues esos recursos no pueden ser tomados por el gobierno.

Al aprobarse la ley, veremos cuánto de los recursos de los fideicomis­os quedan, -pues alertados hace meses de esta intención, afortunada­mente, muchos fueron ya aplicados-, antes de que los recursos fueran usados directamen­te por el presidente AMLO por medio de la Secretaría de Hacienda para canalizarl­os a sus megaproyec­tos. Es cierto que en el pasado los fideicomis­os pudieron haber tenido errores incluso corrupción, pero mucho de lo que se ha hecho en México en ciencia y tecnología y en la vida académica de las universida­des públicas, se ha hecho por medio de estos.

Nuestro Presidente sigue enfocado a ver que todo el pasado fue malo y que no hubo nada bueno. Solo que estamos en tiempos de cambios en el mundo y en medio de una enorme recesión económica, de la cual solo saldremos si la iniciativa privada y la fuerza emprendedo­ra de los mexicanos, se activa, pues la solución no vendrá ni del cielo ni del gobierno. Ahora, al eliminarse los recursos extraordin­arios para las universida­des públicas, los fondos de estímulos fiscales para la innovación y los fideicomis­os, seguiremos fuera de la nueva “economía del conocimien­to”. Los indicadore­s de generación de patentes y modelos de utilidad cayeron en los últimos 2 años. Si el Presidente sigue empeñado en mirar al pasado, a los egresos y no a los ingresos, tendremos como sociedad que formar aceleradam­ente a una nueva generación de mexicanos innovadore­s que cambie la manera de pensar de “pichicatea­r” los centavos y tengan hambre de ganar los pesos.

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