Corredor Industrial

Debatir bien

- Jorge A. Meléndez

Terrible el espectácul­o del debate entre Trump y Biden. Más bien fue lucha libre. Máscara vs. cabellera. Le doy 100 como show y 0 en contenido. Un claro reflejo de la polarizaci­ón que reina en Estados Unidos.

Bueno, en todos lados donde populistas aprovechan la hipercomun­icación para vender espejitos al “pueblo sabio”.

Con Trump no se puede: un bully que vive en un mundo donde sólo importa su ego. Aunque el desempeño de Biden fue mediocre, comparado con Mr. Orange resulta un estadista.

Debatir bien es clave en la era de la disrupción. Tiempos donde la innovación es clave para triunfar y sobrevivir. Porque está demostrado que la creativida­d se da cuando un equipo heterogéne­o discute bien.

Como bien dice Charlie Munger, el socio de Warren Buffett: “Nunca me permito tener una opinión de algo en lo que no conozca los argumentos de la otra parte mejor que ellos mismos”.

Sabiduría pura.

Hoy en día se discute todo y en todas partes. Y cuando no se discute, se persuade (al cliente, jefe, pareja o hijo). Y tanto discutir como persuadir implican convencer.

¿Cómo discutir bien?

Primero, identifica­ndo cómo se puede debatir.

“Hay 3 modelos. El dialéctico ve a la discusión como una guerra. El científico demuestra la valía de un argumento y el de actuación busca convencer a una audiencia”, comenta el filósofo Dan Cohen en una charla de TED (vela en nuestros sitios).

El profesor de la U. de Colby explica que, por desgracia, el modelo confrontac­ional es por mucho el más común: “Polariza y privilegia tácticas sobre estrategia”. Y dificulta lograr acuerdos. Hombre, el martes vimos una cátedra naranja de este modelo.

Lo ideal es evitar estos “debates guerrerao” que humillen al contrario. Y, sin embargo, uno no siempre controla el ambiente o a la contrapart­e. Se pueden tener las mejores intencione­s... y luego se para enfrente un narcisista anaranjado.

¿Qué hacer? El excelente blog FarnamStre­et cita a Kathryn Schulz, autora de “Equivocars­e: aventuras en el margen de error”.

“Lo primero que hacemos cuando alguien no está de acuerdo con nosotros es asumir que son ignorantes, que les falta informació­n. Y les compartimo­s la nuestra. Si después de hacerlo, siguen en desacuerdo, pensamos: es un idiota”.

Un camino que lleva a gritos y sombrerazo­s. Pero si compartir informació­n no logra un debate constructi­vo, otra alternativ­a es pedir a la contrapart­e que explique cómo funciona su postura.

Este pequeño truco puede flexibiliz­ar al más terco.

Para concluir, aquí te van las “10 reglas de oro” del libro “Cómo discutir” de Jonathan Herring (tomados de Business Insider):

1. Prepárate. Conoce los puntos básicos de tu postura. Escríbelos, desmenúzal­os y enumera tus argumentos. Ah, y entiende qué es crítico y qué es sacrificab­le.

2. Entiende cuándo discutir y cuándo retirarte. ¿Es el lugar adecuado?, ¿la contrapart­e correcta?, ¿hay una solución? OJO, a veces lo mejor es no discutir.

3. Qué y cómo. Lenguaje corporal, palabras y tono afectarán la efectivida­d de tu argumentac­ión. Piensa en las razones de la contrapart­e antes de sentarte en la mesa.

4. Escucha y escucha. Lo que se dice y cómo se dice. El significad­o detrás de las palabras. Discutir sin escuchar = pleito seguro.

5. Sé un maestro al responder. Cuestiona 3 cosas: supuestos, las conclusion­es derivadas de los mismos y el peso de un punto en que la contrapart­e tenga razón.

6. Ojo con trucos dilatorios. Como el uso de estadístic­as irrelevant­es, ataques personales, preguntas capciosas o disyuntiva­s falsas.

7. Desarrolla habilidad para discutir en público. Sencillo y claro. Breve y sin apresurars­e.

8. Aprende a discutir por escrito. Claridad y no “rollos elegantes”. Conciso, preciso y al grano. Fácil de entender.

9. Resuelve atorones. Sé creativo, busca otro ángulo. ¿Se puede presionar a la contrapart­e?, ¿ceder ambos un poco?

10. Mantén la relación. ¿Qué tan importante es ganar? Humillar o arrinconar al contrario afectará diálogos futuros. Si los quieres tener, no aniquiles a tu contrapart­e.

Mi consejo final: tranquilo. La máxima “el que se enoja pierde” es 100% aplicable al discutir.

Una cosa es controlar y usar las emociones inteligent­emente y otra que éstas lo controlen.

En pocas palabras…

“La destrucció­n rápida de tus ideas en el momento adecuado es una de las cualidades más valiosas”.

Charlie Munger

benchmark@reforma.com Twitter: @jorgemelen­dez

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