L

Diario de Xalapa - - Analisis -

a le­tra de la ley es to­zu­da, no cam­bia por más que se re­lee el có­di­go, sin em­bar­go, pa­re­ce que el cri­te­rio de opor­tu­ni­dad se va a apli­car, en aras de un bien ma­yor. En efec­to, los op­ti­mis­tas, los in­ge­nuos y los po­lí­ti­cos di­cen que es­to no es un pro­ble­ma, ya que de ese asun­to de­ri­va­rán cien­tos de acu­sa­cio­nes pe­na­les del ma­yor ca­la­do (la vi­sión po­lí­ti­ca fren­te al im­pe­rio de la ley). Es­te asun­to es muy res­ba­la­di­zo, y el tiem­po pon­drá las co­sas en su lu­gar. En el mis­mo or­den de ideas, exis­te otro ca­so, que va­le la pe­na re­cor­dar. Que­ri­do lec­tor, vea­mos:

El mé­di­co Gra­ja­les Yu­ca vi­ve en la en­ti­dad fe­de­ra­ti­va de Chia­pas. El mis­mo es­ta­do don­de

un gua­ru­ra le dispara a un ciu­da­dano mien­tras era vi­deo gra­ba­do. La mis­ma en­ti­dad don­de des­apa­re­ció el ni­ño Dy­lan. El es­ta­do de la Re­pú­bli­ca don­de el Se­cre­ta­rio de Sa­lud lo­cal in­ti­mi­da a los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Un es­pa­cio geo­grá­fi­co don­de el ejer­ci­cio de la po­lí­ti­ca des­pre­cia a la ley, bas­ta re­cor­dar que el ca­so del ni­ño Dy­lan se tra­tó de re­sol­ver a tra­vés de un po­si­ble mon­ta­je, que al día de hoy, si­gue im­pu­ne, pe­ro, con uno de los pre­sun­tos res­pon­sa­bles muer­to en su cel­da a gol­pes. El ejer­ci­cio de ese ti­po de po­lí­ti­ca no aca­ba con la se­rie de des­pro­pó­si­tos ya na­rra­dos. La co­sa so­lo pue­de em­peo­rar.

El mé­di­co Gra­ja­les Yu­ca se desem­pe­ña­ba co­mo ti­tu­lar de una área en un hos­pi­tal pú­bli­co,

en di­cho es­ta­do. Al pa­re­cer, es un ga­leno ejem­plar. Que­ri­do por sus pa­cien­tes y por sus com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo (así lo de­mues­tran las mar­chas a su fa­vor). El mé­di­co re­ci­bió a un ciu­da­dano que ejer­ció la po­lí­ti­ca en esa en­ti­dad. Di­cho ciu­da­dano es­ta­ba en­fer­mo de CO­VID. Da­do el des­abas­to de me­di­ci­nas en el país, pa­re­ce que Gra­ja­les Yu­ca le so­li­ci­tó a di­cho pa­cien­te los me­di­ca­men­tos. Es­ta no es una cues­tión atí­pi­ca, ni ais­la­da, hay mi­les de tes­ti­mo­nios so­bre el des­abas­to de me­di­ca­men­tos, y la ne­ce­si­dad de que los pa­cien­tes com­pren es­tos. Por des­gra­cia, el po­lí­ti­co chia­pa­ne­co mu­rió. Aho­ra Gra­ja­les Yu­ca es­tá en la cár­cel. El mé­di­co es­tá acu­sa­do de ha­ber so­li­ci­ta­do las me­di­ci­nas y, pa­re­ce que la fis­ca­lía de Chia­pas pre­ten­de fa­bri­car­le otros ca­sos. El des­abas­to de me­di­ci­nas, del cual son res­pon­sa­bles las au­to­ri­da­des fe­de­ra­les y lo­ca­les, man­dó a pri­sión al doc­tor. Así es­tán los fis­ca­les y los jue­ces en Chia­pas, am­bos al ser­vi­cio del ejer­ci­cio de la po­lí­ti­ca, de los po­de­ro­sos. La per­so­na que de­nun­ció al mé­di­co dio una con­fe­ren­cia de pren­sa con el fis­cal a su la­do, así o más cla­ro. Mien­tras Lo­zo­ya es­tá có­mo­do en su ca­sa el ga­leno es­tá en pri­sión. Oja­lá se vea que res­ba­la­di­zo es sus­ti­tuir el ca­mino de la ley por el de la po­lí­ti­ca.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico

© PressReader. All rights reserved.