Va a ga­nar el po­der de Mé­xi­co

Diario de Yucatán - - PAGINA EDITORIAL - FE­DE­RI­CO RE­YES HE­RO­LES (*) frhe­ro­les@pro­dig y.net.mx

Va a ga­nar —hoy es lo más pro­ba­ble— por su cam­pa­ña de más de una dé­ca­da, va a ga­nar por ser un pio­ne­ro de los neo­po­pu­lis­mos, va a ga­nar por­que ca­ri­ca­tu­ri­zar a la po­lí­ti­ca es muy po­pu­lar. Va a ga­nar por su es­tra­te­gia de años de in­tri­ga en re­des so­cia­les in­ci­tan­do al enojo, a la ira. Pe­ro tam­bién va a ga­nar por la có­mo­da asep­sia de los em­pre­sa­rios.

La pos­tu­ra pa­re­cie­ra muy con­gruen­te: los ca­pi­ta­nes de em­pre­sa no de­ben de ha­cer po­lí­ti­ca. Ellos es­tán allí pa­ra ve­lar por los ne­go­cios, esa es su prio­ri­dad. Sue­na muy bien, muy pro­fe­sio­nal. Pe­ro es un gar­li­to, to­tal­men­te anacró­ni­co y, en cier­to gra­do, hi­pó­cri­ta. Las em­pre­sas se desa­rro­llan en un en­torno so­cial y po­lí­ti­co. Ser em­pre­sa­rio en sí mis­mo es un po­si­cio­na­mien­to frente al mun­do: se pugna por la crea­ción de ri­que­za, se cree en la pro­duc­ti­vi­dad, se cree en los ————— (*) In­ves­ti­ga­dor y ana­lis­ta po­lí­ti­co mer­ca­dos, se de­fien­den las ga­ran­tías pa­tri­mo­nia­les, etc. Un ver­da­de­ro idea­rio em­pre­sa­rial es una vi­sión de la vi­da, de la per­so­na, del mun­do de la so­cie­dad. Va un gran ejem­plo.

1.- Re­co­no­cer el mé­ri­to de los de­más; 2.- Con­tro­lar el tem­pe­ra­men­to; 3.- Nun­ca ha­cer bur­la; 4.- Ser cor­tés; 5.Ser to­le­ran­te; 6.- Ser pun­tual; 7.- Si uno es va­ni­do­so, hay que ocul­tar­lo; 8.- No al­te­rar la ver­dad; 9-. De­jar que los de­más se ex­pla­yen. 10.- Ex­pre­sar­se con­ci­sa­men­te; 11.De­pu­rar el vo­ca­bu­la­rio; 12.Ase­gu­rar­se de dis­fru­tar el tra­ba­jo; 13.- Re­co­no­cer el enor­me va­lor del tra­ba­ja­dor ma­nual; 14.- Pen­sar en el in­te­rés del ne­go­cio más que en el pro­pio; 15.- Aná­li­sis por en­ci­ma de la ins­pi­ra­ción o la in­tui­ción; 16.- De­di­ca­ción al tra­ba­jo; 17.- Ser mo­des­to. Fin del idea­rio. Si la mi­tad de los em­pre­sa­rios si­guie­ran la mi­tad de los prin­ci­pios de don Eu­ge­nio Garza Sa­da, es­te país se­ría dis­tin­to.

To­me­mos so­lo al­gu­nos pun­tos. Las fal­se­da­des aten­tan con­tra la éti­ca em­pre­sa­rial. Si un em­pre­sa­rio com­pro­me­ti­do des­cu­bre fal­se­da­des de­be­ría gri­tar voz en cue­llo: eso es fal­so. Por ejem­plo: “Con­ge­la­ré el pre­cio de las ga­so­li­nas”. Eso es im­po­si­ble, lo im­po­si­ble es fal­so, al­te­ra la ver­dad, es con­tra­rio al pun­to 8. Can­ce­lar el Naicm afec­ta­rá mi­les de ne­go­cios y can­ce­la­rá cien­tos de mi­les de em­pleos. Si hoy có­mo­da­men­te no lo de­nun­cian, es­tán pen­san­do so­lo en ellos, no en los tra­ba­ja­do­res, no en su bie­nes­tar, tam­po­co en el fu­tu­ro de los ne­ce­sa­rios ne­go­cios. Per­mi­tir el bom­bar­deo ver­bal de san­de­ces eco­nó­mi­cas (echar atrás la re­for­ma ener­gé­ti­ca) o so­cia­les (re­ver­tir la educativa) y guar­dar re­ve­ren­cial si­len­cio, vio­len­ta el prin­ci­pio de aná­li­sis por en­ci­ma de la ins­pi­ra­ción o in­tui­ción, pun­to 15.

Los em­pre­sa­rios es­tán de he­cho —y de­ben es­tar­lo pú­bli­ca­men­te— in­vo­lu­cra­dos en el queha­cer po­lí­ti­co. De­ben apo­yar las po­lí­ti­cas pú­bli­cas que fa­vo­rez­can a sus ne­go­cios y a sus ac­cio­nis­tas, de­ben opo­ner­se a aque­llas que los per­ju­di­can, de­ben ser se­ña­les de alar­ma y ac­ti­vis­tas frente a sus ac­cio­nis­tas. Su prin­ci­pal mi­sión —ge­ne­rar em­pleo y bie­nes­tar— obli­ga a la par­ti­ci­pa­ción, no ha­cer­lo es es­tar en fal­ta.

Uno de los gran­des ca­pi­ta­nes de nues­tro país —Al­ber­to Bai­llè­res— de­ci­dió apo­yar la re­for­ma educativa. Lo hi­zo con­ven­ci­do de que es­ta me­di­da, al ele­var la pro­duc­ti­vi­dad, a la lar­ga, ge­ne­ra­rá me­jo­res ni­ve­les de vi­da. Su apo­yo y po­si­cio­na­mien­to fue al­go muy cla­ro: ela­bo­ró un ví­deo ex­pli­can­do a sus tra­ba­ja­do­res, en qué con­sis­tía la re­for­ma educativa y por qué trae­rá be­ne­fi­cios a Mé­xi­co. ¿Vio­ló al­gún pre­cep­to? No, sim­ple­men­te frente a las olas de des­in­for­ma­ción pro­vo­ca­das por los opo­si­to­res, sa­lió a ata­jar la ame­na­za con in­for­ma­ción. Cum­plió su de­ber. No ga­nó un pe­so más. De­fen­dió lo que cree me­jor pa­ra su país y por en­de pa­ra sus em­pre­sas.

Allí vie­ne la lo­co­mo­to­ra. Sus sil­bi­dos anun­cian ma­yo­ría le­gis­la­ti­va: Mé­xi­co en ma­nos de un so­lo hom­bre. Los des­tro­zos es­tán anun­cia­dos. Pe­ro el 60% del elec­to­ra­do que se opo­ne a ese pro­yec­to se pas­ma ahogado en mie­do y egoís­mo. Los em­pre­sa­rios de­bie­ran ser mano. Sta­toil —los no­rue­gos— da el ejem­plo: pi­de cer­te­za pa­ra in­ver­tir. Qué con­tras­te. Los de aquí —en si­len­cio— di­vi­di­dos, sin unir­se, ce­den la pla­za.

No hay ne­go­cio prós­pe­ro y es­ta­ble en un país de­vas­ta­do. Va a ga­nar... sal­vo que.— Ciu­dad de Mé­xi­co

Allí vie­ne la lo­co­mo­to­ra. Sus sil­bi­dos anun­cian ma­yo­ría le­gis­la­ti­va: Mé­xi­co en ma­nos de un so­lo hom­bre. Los des­tro­zos es­tán anun­cia­dos

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