Dar­le vuel­ta a la pá­gi­na

Los erro­res due­len, pe­ro son nues­tros más gran­des maes­tros.

Vanguardia - Domingo 360 - - ESTILOS - Twit­ter: @cla­ra­vi­lla­rreal con­tac­to@cla­ra­vi­lla­rreal.com

na­die le gus­ta equi­vo­car­se. Na­die ex­tra­ña los ma­los ra­tos, los tra­gos amar­gos, las no­ches de des­ve­lo por preo­cu­pa­ción o las ma­ña­nas que arran­can des­de muy tem­prano tra­tan­do de en­con­trar una res­pues­ta: ¿qué ha­go?, ¿có­mo le doy vuel­ta a la pá­gi­na?, ¿có­mo si­go ade­lan­te?, ¿se va­le ce­rrar el li­bro?

Qui­sié­ra­mos te­ner una vi­da per­fec­ta. Una en la que por­que so­mos per­so­nas ho­nes­tas y tra­ba­ja­do­ras to­do nos sa­le bien. Sin em­bar­go la reali­dad es di­fe­ren­te. En el ca­mino nos en­con­tra­mos con so­cios po­co ho­no­ra­bles, ami­gos que nos odian, je­fes te­me­ro­sos de que los su­pe­re­mos, co­le­gas que ju­ran que ja­más nos trai­cio­na­rían y a la pri­me­ra opor­tu­ni­dad nos se­ña­lan. Ni mo­do... así apren­de­mos.

Pe­ro pa­ra mí es im­po­si­ble de­jar de con­fiar. Al me­nos, en mi ca­so, se­ría con­tra­rio a mi na­tu­ra­le­za. Creo en la gen­te, en su bon­dad, en su palabra y en su ca­pa­ci­dad. Creo en la gen­te y con­fío. Al­gu­nas ve­ces me ha ido bien: he si­do ben­de­ci­da con ami­gos y com­pa­ñe­ros cu­yo ca­ri­ño ha­ce mi vi­da muy be­lla; con ami­gas que me orien­tan, es­ti­ran y em­pu­jan pa­ra que crez­ca y es­te cre­ci­mien­to las im­pul­se a ellas; con fa­mi­lia­res cu­yos abra­zos me re­con­for­tan des­pués de los días de lar­go tra­ba­jo. Otras ve­ces me ha ido mal. Me he da­do de to­pes y he pa­ga­do con tiem­po, di­ne­ro y lá­gri­mas. De he­cho, me ha pa­sa­do más de una vez. Ca­da una de es­tas oca­sio­nes ha si­do di­fe­ren­te, ca­da error me ha de­ja­do un nue­vo apren­di­za­je. Los erro­res han si­do mis más du­ros maes­tros.

A es­tas al­tu­ras ya han si­do tan­tos los gol­pes que me he vuel­to fuer­te, por­que no he te­ni­do otra op­ción. Hoy me per­mi­to equi­vo­car­me, si es lo que ten­go que ha­cer pa­ra cre­cer. Me doy per­mi­so de dar­le vuel­ta a la pá­gi­na, ce­rrar el li­bro, to­mar otro o vol­ver al que ha­bía de­ja­do. He sen­ti­do el do­lor de la caí­da, me ha inun­da­do por com­ple­to, ca­si has­ta la pa­rá­li­sis. Pe­ro lo apre­cio, por­que es­te do­lor es cla­ro signo de que es­toy vi­va, que ten­go un día más por de­lan­te, otra opor­tu­ni­dad. Y así, con do­lor y des­con­cier­to, me le­van­to. El ca­mino no es fá­cil, pe­ro di­rec­ción so­lo hay una: ha­cia de­lan­te.

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