El Debate de Los Mochis

DE PO­LÍ­TI­CA Y CO­SAS PEORES

- Ca­tón ar­man­do­ca­ton@gmail.com afa­ca­ton@yahoo.com.mx Politics · Una · Andrés Manuel López Obrador · Mexico · Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad

¿De qué co­lor traes la ro­pa in­te­rior?". Eso, y una res­pi­ra­ción ja­dean­te y agi­ta­da de hom­bre, oyó la se­ño­ri­ta Hi­me­nia, cé­li­be ma­du­ra, cuan­do le­van­tó el au­ri­cu­lar de su te­lé­fono. Le pre­gun­tó al ace­zo­so in­di­vi­duo: "¿Es és­ta una lla­ma­da obs­ce­na?". Re­pli­có, hos­co, el su­je­to: "Sí". "En­ton­ces es­pé­re­me un mo­men­to, por fa­vor -le pi­dió Hi­me­nia-. No va­ya a col­gar. Voy a traer mis ci­ga­rri­tos y una ta­za de ca­fé pa­ra dis­fru­tar me­jor la lla­ma­da". Don Chin­gue­tas lle­gó a su ofi­ci­na co­jean­do, con la ca­be­za ven­da­da y un bra­zo en ca­bes­tri­llo. "¿Qué te su­ce­dió?" -le pre­gun­tó su so­cio, cons­ter­na­do. Res­pon­dió Chin­gue­tas: "Mi ve­cino me gol­peó con una pa­la". In­qui­rió el so­cio: "¿Y no te­nías en la mano al­go pa­ra de­fen­der­te?". Con­tes­tó don Chin­gue­tas: "Te­nía una pom­pis de su es­po­sa, pe­ro eso no ser­vía pa­ra pro­pó­si­tos de­fen­si­vos". Una in­quie­tan­te pre­gun­ta he­mos de ha­cer­nos los mexicanos: ¿es­tá des­vir­tuan­do Ló­pez Obra­dor al Ejér­ci­to Na­cio­nal? Tal in­te­rro­ga­ción se jus­ti­fi­ca por el tra­to de ex­cep­ción que el Pre­si­den­te ha da­do y si­gue dan­do al Ins­ti­tu­to Ar­ma­do. En efec­to, le ha atri­bui­do fun­cio­nes que no co­rres­pon­den a su na­tu­ra­le­za, co­mo la de cons­truir un ae­ro­puer­to o ad­mi­nis­trar adua­nas -dos ejem­plos en­tre va­rios más-, y ha am­plia­do la par­ti­ci­pa­ción cas­tren­se en la vi­da ciu­da­da­na has­ta el pun­to en que AMLO ha si­do acu­sa­do de es­tar mi­li­ta­ri­zan­do al país. Aho­ra sa­be­mos por un aná­li­sis de Mexicanos Contra la Co­rrup­ción y la Im­pu­ni­dad -lo pu­bli­có Reforma- que los re­cur­sos des­ti­na­dos a los fi­dei­co­mi­sos del Ejér­ci­to han si­do au­men­ta­dos por Ló­pez Obra­dor en más de un mil por cien­to. El desa­so­sie­go que to­das esas evi­den­cias cau­san es ate­nua­do por la tra­di­ción de leal­tad que hon­ra a los mi­li­ta­res mexicanos. Tal leal­tad, em­pe­ro, no ha de ser pa­ra un in­di­vi­duo, pues eso con­ver­ti­ría al Ejér­ci­to en una guar­dia pre­to­ria­na. Su leal­tad de­be ser pa­ra la Na­ción y sus ins­ti­tu­cio­nes. Cuan­do los mi­li­ta­res se po­nen al ser­vi­cio de un hom­bre o un par­ti­do se vuel­ven ame­na­za contra la Pa­tria en vez de ser sus de­fen­so­res. Por eso al con­tes­tar la pre­gun­ta que an­tes hi­ce pongo la leal­tad del Ejér­ci­to a México por en­ci­ma de las am­bi­cio­nes per­so­na­lis­tas de Ló­pez Obra­dor. Y pien­so que no es­toy equi­vo­ca­do. Otra vez apa­re­ce en es­te es­pa­cio Me­ñi­co Mal­do­ta­do, in­fe­liz jo­ven con quien na­tu­ra se mos­tró ava­rien­ta en la par­te co­rres­pon­dien­te a la en­tre­pier­na. Acu­dió a la con­sul­ta de un uró­lo­go y le di­jo: "Ten­go un pro­ble­ma en mi atri­bu­to de va­rón". El fa­cul­ta­ti­vo le pi­dió: "En­sé­ñe­me esa par­te". "Se la mos­tra­ré -ac­ce­dió Me­ñi­co-, pe­ro de­be­rá us­ted ha­cer­me una for­mal pro­me­sa". El mé­di­co se ex­tra­ñó. "¿A qué pro­me­sa se re­fie­re?". Di­jo Mal­do­ta­do: "Jú­re­me que no se reirá al ver mi par­te". El doc­tor se pu­so se­rio. "Ha de sa­ber us­ted, jo­ven im­ber­be, que en el ejer­ci­cio de mi pro­fe­sión no hay lu­gar pa­ra la ri­sa. El tra­ta­mien­to de las en­fer­me­da­des que afli­gen a la hu­ma­ni­dad do­lien­te de­man­da cir­cuns­pec­ción y par­si­mo­nia. En­sé­ñe­me us­ted su atri­bu­to, en la se­gu­ri­dad de que no se­rá pa­ra mí mo­ti­vo de chun­ga, cho­ca­rre­ría, gua­sa, zum­ba o irri­sión". Tran­qui­li­za­do por ese so­lem­ne ofre­ci­mien­to el jo­ven Mal­do­ta­do pro­ce­dió a mos­trar­le su par­te mas­cu­li­na al mé­di­co. Al ver­la sol­tó el uró­lo­go una car­ca­ja­da. "¿Lo ve, doc­tor? -se atri­bu­ló Me­ñi­co-. Le di­je que se iba a reír". "Per­dó­ne­me -se ape­nó el ga­leno-, pe­ro es que en to­dos los años que lle­vo prac­ti­can­do mi es­pe­cia­li­dad ja­más ha­bía vis­to una par­te de va­rón tan di­mi­nu­ta que es di­fí­cil ver­la. Ne­ce­si­ta­ré una po­de­ro­sa lu­pa a fin de es­tar en po­si­bi­li­dad de re­vi­sar­la. Pe­ro dí­ga­me us­ted: ¿qué pro­ble­ma tie­ne en esa par­te?". Con­tes­tó Me­ñi­co: "Es­tá muy in­fla­ma­da". FIN.

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