El Debate de Mazatlan

Ackerman sobre Monreal: una falsedad más

- jorgefe@prodigy.net.mx Jorge Fernández Menéndez

Una de las cosas más políticame­ne indignas que he visto en los últimos timepos, es que un académico con ínfulas de periodista (escribir textos de opinión no convierte a nadie en periodista), como John Ackerman, para defenderse de las acusacione­s sobre las propiedade­s acumuladas por él y su esposa, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, hubiera demandado la destitució­n del coordinado­r de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, y lo haya acusado de traidor, porque Ricardo cometió el gravísimo pecado de ofrecer una entrevista en la que nunca criticó al presidente López Obrador al periodista Carlos Loret (que fue quien denunció las propiedade­s de

John e Irma).

Pero el ataque de los ultras de la 4T contra Monreal no se quedó ahí, recuperaro­n en redes acusacione­s contra Monreal de 1998 (¡¿¡) sobre su supuesta relación con el narcotráfi­co. Son falsas, es público, y lo sé porque me tocó ser protagonis­ta en torno a aquellas acusacione­s. Comenzaba el año de 1998 y Monreal, entonces un duro legislador priista, no sería, como era su legítima aspiración, candidato a gobernador por su partido en Zacatecas. Cuando lo supo, rompió con el PRI y luego de un acuerdo con el presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador, se convirtió en candidato del sol azteca. Desde entonces la relación de Monreal y López Obrador ha sido, con altibajos, leal y sólida.

Hace 22 años, era un reportero mucho más joven, pregunté en el gobierno federal encabezado entonces por el presidente Zedillo porqué Monreal no sería candidato del PRI, cuáles eran las causas de fondo. Se me dijo que era por una presunta relación de sus hermanos y otros familiares con el narcotráfi­co. Para reafirmar ese dato desde los más altos niveles del gobierno federal, se me hizo llegar un voluminoso expediente con documentac­ión oficial sobre esas relaciones. Pregunté a las mismas muy altas fuentes si la informació­n era publicable, se me dijo que sí y que era parte de una investigac­ión en marcha que devendría en unos días más, hablamos de febrero de 1998, en una acusación formal contra esos familiares de Monreal que lo descalific­arían como candidato. La informació­n fue publicada en esta columna, que entonces salía en El

Financiero, y circuló profusamen­te, sobre todo en Zacatecas.

Pero nunca hubo una investigac­ión. Las mismas fuentes que me habían entregado la informació­n, semanas después me dijeron que no había acusación alguna contra Monreal o sus hermanos, que no tenía sustento la acusación que ellos mismo habían elaborado.

Me tocó estar en Zacatecas el día de la elección de gobernador en 1998, que ganó Monreal, y como entonces lo publiqué, sostuve que si desde esas muy altas fuentes gubernamen­tales, se había distribuid­o esa informació­n y luego desde allí mismo se la había desmentido, sólo existían dos opciones: la informació­n era falsa y no estaba sustentada, o la investigac­ión no había tenido mayor intención de que el expriista no llegara a la gubernatur­a y por lo tanto, fracasado el objetivo, había sido desechada.

De una u otra forma, si no había investigac­ión, la acusación era falsa y Monreal (que no aparecía él mismo en la investigac­ión, sino algunos hermanos y otros familiares) no era responsabl­e de nada y todo había sido una manipulaci­ón fallida, en la que, tenía que reconocerl­o, me habían utilizado. Lo escribí y lo dije en radio y en televisión, poco antes de las elecciones de 1998, el día de los comicios y la misma noche que Monreal ganó las elecciones, quien en un acto que siempre lo ha dignificad­o, me ofreció la única entrevista que concedió (yo trabajaba entonces para televisión y radio para MVS), donde hablamos de ese y otros temas.

Tuve oportunida­d de platicar muchas veces del tema con el propio Monreal, con quien hemos tenido a lo largo de los años puntos de vista comunes y diferencia­s, dirimidas con amistad y con un recíproco respeto personal y profesiona­l. Pero siempre he pensado que aquella acusación, fuera de que hubiera algunas bases ciertas, no era más que una jugada sucia, como las que vemos cotidianam­ente en nuestra vida política.

Once años después, en 2009, se volvió a utilizar, ahora desde el PRD, la misma informació­n, con el condimento del decomiso de unas toneladas de mariguana en una bodega que era propiedad de uno de sus hermanos. Era la misma historia. Y eso volvió a suceder esta semana: una informació­n que había sido empleada hace 22 años desde el gobierno para frenar su candidatur­a a gobernador, vuelve a ser utilizada, otra vez, para dirimir una lucha interna, primero en el PRD, y ahora en Morena. Se puede o no estar de acuerdo con un político pero otra cosa es acusarlo de narcotrafi­cante. “Las pruebas” que exhibieron Ackerman and bots contra Monreal son las mismas de hace 22 (y luego once) años. Son falsas, es público. Se trata de una burda manipulaci­ón.

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