Que­ri­da yo:

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Ha­ce mu­cho tiem­po que no te vi­si­ta­ba, ha­ce mu­cho tiem­po que no te es­cu­cha­ba, te ha­bía es­ta­do ig­no­ran­do, evi­tan­do qui­zá, y es que en­con­trar­me con­ti­go me pro­du­ce nos­tal­gia y con­go­ja. Aún tus ojos no se­can y tú son­ri­sa si­gue sien­do fal­sa, te co­noz­co, aún no sa­nas, ne­ce­si­tas más tiem­po.

Qui­sie­ra ver­te a los ojos y de­cir­te que to­do es­ta­rá bien, aun cuan­do tus sue­ños si­guen sin cum­plir­se, y tu al­ma si­gue con ham­bre. Qui­sie­ra abra­zar­te muy fuer­te y de­cir­te que no im­por­ta cuán­tas per­so­nas te han creí­do lo in­su­fi­cien­te, aún me tie­nes a mí, una com­pa­ñía pa­ra to­da la vi­da.

Que­ri­da yo, el do­lor que sien­tes aho­ra es só­lo par­te de un be­llo ca­mino, no es una es­tan­cia per­ma­nen­te ni un lu­gar pa­ra que­dar­se, el do­lor que sien­tes es el pre­cio que el co­ra­zón pa­ga por ha­ber que­ri­do, por ha­ber so­ña­do, por ha­ber sen­ti­do, por ha­ber ama­do.

Es­tá bien llo­rar, la­va tus pro­pios mie­dos y la­me tu pro­pia he­ri­da, hay per­so­nas por las cua­les real­men­te va­le la pe­na llo­rar, hay per­so­nas que va­le la pe­na ex­tra­ñar. Da­te tiem­po que­ri­da, ten­le pa­cien­cia al co­ra­zón. Lue­go, res­pi­ra vi­da, pon­te lin­da, pín­ta­te de nue­vo a esa son­ri­sa con la se­gu­ri­dad de que pue­des enamo­rar a más de uno con tu ale­gría, y sal a la ca­lle con la bar­bi­lla le­van­ta­da, ten pre­sen­te, eres si­nó­ni­mo de lu­cha, no de de­rro­ta, eres su­fi­cien­te pa­ra cual­quie­ra, eres amor, eres no­ble­za, eres ale­gría y un gran cú­mu­lo de ex­pe­rien­cias que tie­nen mu­cho que en­se­ñar, con­fía en ti mis­ma y tu va­lía.

Que­ri­da yo, si pu­die­ra via­jar al fu­tu­ro y aho­rrar­te ex­pe­rien­cias de do­lor lo ha­ría, si pu­die­ra fa­ci­li­tar­te la vi­da lo ha­ría sin pen­sar­lo, pe­ro sé que pue­des, con es­to y con más, eres luz de sol, eres fuer­za del océano, eres vi­da y ben­di­ción. La vi­da es du­ra que­ri­da, pe­ro Dios es bueno, y tú eres es­pe­cial­men­te afec­ta a su co­ra­zón, sién­te­te pro­te­gi­da, vas a es­tar bien, te lo pro­me­to, los bue­nos tiem­pos van a vol­ver.

Que­ri­da yo... da­te a ti mis­ma la li­ber­tad de ser quien eres, unos van a amar­te por eso, y otros van a re­cha­zar­te por la mis­ma ra­zón, pe­ro ser li­bre lo va­le to­do, in­clu­so es­tan­do so­la. A ve­ces el ser hu­mano se acos­tum­bra a vi­vir en jau­las aun te­nien­do la puer­ta abier­ta.

Ca­ri­ño, só­lo pue­do de­cir­te una co­sa más, afé­rra­te a la vi­da, va­le la pe­na, va­le las ale­grías y va­le el do­lor, afé­rra­te co­mo si fue­se el úl­ti­mo res­pi­ro que te que­da, to­do en es­te plano es li­mi­ta­do, to­do en es­ta vi­da va a pa­sar, así que si vas a llo­rar, llo­ra bien, si vas a reír, ríe con ga­nas, si vas a amar, haz­lo sin mie­dos, si vas a vi­vir ..... ¡Haz­lo ya!

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