El Diario de Chihuahua

LLEVARLO A ARREGLAR

“Cuando podía, no quise; ahora que querría no puedo”

- Antonio Rojas

Un niño, en la edad de los por qué, pregunta a su mamá: -Mamá, ¿por qué el reloj suena cinco veces? -Porque son las cinco, hijo. -¿Y cuando suena ocho veces? -Es que son las ocho. -Y si suena trece veces, ¿qué hora es? -Entonces, responde la madre, es la hora de llevarlo a arreglar.

He aquí una lección práctica y eficaz de educación: al primer fallo hay que poner remedio. Sería absurdo esperar a que el reloj diese dieciséis campanadas para llevarlo al relojero. Esperar a corregir el defecto, normalment­e, es agrandar la dificultad.

«Cuanto más tardas en exponer al médico tu enfermedad, más difícil se hace curarla», dice un proverbio árabe.

Educar a los hijos es como plantar y cuidar árboles. Según empiezan a torcerse hay que enderezarl­os, pues cuando pasa el tiempo sin corregir sus conductas, suele ser casi imposible encauzarla­s hacia el bien. Por el contrario, las buenas costumbres que se aprenden de pequeños se acaban convirtien­do en hábitos y, posteriorm­ente, en virtudes y valores humanos.

Hay que aprovechar los primeros años de la vida del niño y no dejar pasar el tiempo o ir archivando los problemas. Es necesario hacer que los chicos vayan adquiriend­o hábitos y actitudes personales y sociales desde pequeños. La carencia de hábitos y defensas provocará un deterioro personal del joven en el futuro.

No hay que olvidar que muchas grandes desviacion­es y aberracion­es en la vida son consecuenc­ias de no haber sabido corregir a tiempo las debilidade­s o de no haber marcado claramente las normas a seguir. Es fundamenta­l tener normas de comportami­ento, pero tan fundamenta­l como establecer normas es controlar su cumplimien­to y es ahí donde fallan muchos padres, muchos educadores, porque eso implica una larga y constante exigencia para los educandos y para los educadores.

Muchas grandes equivocaci­ones en la vida tuvieron su origen en ligeros deslices. Un ejemplo clamoroso lo tenemos en los evangelios, donde Juan, 12,6, nos cuenta que Judas empezó robando lo que echaban en la bolsa y acabó vendiendo al Señor.

El saber popular lo tiene claro: «Atajar al principio el mal, procura; si llega a echar raíz, tarde se cura».

Normalment­e no se cae de golpe, poco a poco nos vamos inclinando hacia el mal; por eso al primer chirrido, no hay que encogerse de hombros y esperar, ¡no! El primer chirrido indica que es la hora de llevarlo a arreglar.

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