A Cha­le­ci­to Mo­ra­do se le en­re­dó el re­bo­zo

El Economista (México) - Los Políticos - - Voto 2018 - Die­go Ba­di­llo

Cha­le­ci­to Mo­ra­do sa­lió de la ca­rre­ra.

En los mo­ni­to­res co­lo­ca­dos en la par­te al­ta de las gra­das del área de me­ta de la Gran Ca­rre­ra por el Gran Pre­mio de Mé­xi­co 2018, se ob­ser­van las imá­ge­nes de la co­rre­do­ra de san­gre azul des­cen­dien­do de su au­to­mó­vil, que que­dó pa­ra­do a la orilla del ca­mino. To­da­vía trae el cas­co en la mano y la ma­lla que sir­ve pa­ra re­co­ger el ca­be­llo. To­do es con­fu­sión. Se ve una cor­ti­na de hu­mo sa­lien­do del es­ca­pe y de la par­te don­de es­tá co­lo­ca­do el mo­tor. Aba­jo del ca­rro se ve un char­co de agua con acei­te. Ha­ga us­ted de cuen­ta: co­mo cuan­do a los vehícu­los de an­tes se les que­da­ban pe­ga­dos los pla­ti­nos.

Pe­ro, ¿qué fue lo que pa­só? Es la pre­gun­ta que se ha­cen los in­te­gran­tes de su círcu­lo cer­cano, al­gu­nos de ellos traí­dos jun­to con los equi­pos de asis­ten­cia mé­di­ca que lle­ga­ron has­ta el lu­gar a don­de al­can­zó a ori­llar­se por si era ne­ce­sa­rio dar los pri­me­ros au­xi­lios a la pi­lo­to.

Di­cen que en una ba­ja­di­ta de la zo­na de Las Águi­las sim­ple­men­te has­ta ahí lle­gó.

El je­fe de me­cá­ni­cos del equi­po es­tá por de­más des­con­cer­ta­do, por­que si bien ha­bía te­ni­do se­rias di­fi­cul­ta­des pa­ra re­vo­lu­cio­nar, di­ce que no es co­mo pa­ra que se pa­ra­ra así no­más.

En­tre las des­or­de­na­das plá­ti­cas a pie de ca­rre­te­ra, se es­cu­chó de­cir que co­mo no­más no le en­tra­ba el tur­bo, la pi­lo­to ha­bía op­ta­do por bus­car el apo­yo de sus se­gui­do­res en el Fa­ce­book.

In­clu­so, ha­bía apro­ve­cha­do es­ta eta­pa de la cam­pa­ña pa­ra es­ta­cio­nar el vehícu­lo y en­tre­vis­tar­se con ban­que­ros y em­pre­sa­rios que se ha­bían mos­tra­do in­tere­sa­dos en su ca­rre­ra. Pe­ro el problema es que no se atre­vían a fir­mar co­mo pa­tro­ci­na­do­res.

Ade­más, en­tre el gen­tío que se arre­mo­li­nó en el lu­gar don­de que­dó el vehícu­lo, se vio pa­sar a El Cua­co Re­gio, en su ca­rri­to que tam­po­co des­bo­ca. Has­ta se le oyó re­cri­mi­nar­le que por qué se ba­ja del ca­ba­llo, que si se va a ir de po­rris­ta de Tony El Ir­lan­dés.

El ca­so es que, ya sin el uni­for­me ofi­cial de la com­pe­ten­cia, Cha­le­ci­to Mo­ra­do se vio ase­dia­da por los re­pre­sen­tan­tes de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción; bueno, has­ta se le en­re­dó el re­bo­zo y co­mo que tar­ta­mu­dea­ba. Pe­ro, pe­se a ello, aga­rró fuer­za de quién sa­be dón­de y sa­lió a dar una de­cla­ra­ción de la ca­rre­ra: que va a de­jar en li­ber­tad a sus coequi­pe­ros pa­ra que ja­len con quien quie­ran, que ya no le dio la po­ten­cia pa­ra es­tar en la ca­rre­ra y que de plano se va a dis­fru­tar de la vi­da con su amor­ci­to el ex cam­peón na­cio­nal Je­li­pe de Chuy.

El ca­rro de Cha­le­ci­to Mo­ra­do que­dó a la orilla de la pis­ta jus­to a unos pa­sos de un retorno en el ca­mino don­de hay una se­ñal de trán­si­to con una fle­cha en U con fon­do azul.

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