El Financiero

Estado de emergencia para construir el muro... y la tiranía

- Secretario del Departamen­to de Estado Canciller de la Unión Europea Rafael Fernández de Castro Opine usted: opinión@ elfinancie­ro.com.mx

Mañana sábado se cumplirán 22 días de que el gobierno federal estadounid­ense ha sido parcialmen­te cerrado y marcará la suspensión más prolongada en la historia de Estados Unidos. La gobernanza de Estados Unidos está en crisis. El impasse está afectando seriamente las labores del gobierno. 800 mil burócratas no han cobrado en enero. Entre estos están quienes cuidan a Trump y al gabinete, los agentes del servicio secreto. Cientos de miles de cheques de devolucion­es de impuestos no han sido expedidos por el IRS (la dependenci­a encargada de los impuestos). Esto afecta gravemente a millones de contribuye­ntes pues también en el vecino país hay cuesta de enero. Finalmente, todos los museos de la capital están cerrados y en los parques nacionales se acumula la basura.

La crisis se originó en la obsesión de Donald Trump de construir su “bella y hermosa” pared en la frontera con México. Para aceptar reabrir el gobierno y aprobar el presupuest­o, el mandatorio ha solicitado 5 mil 700 millones de dólares para añadir aproximada­mente 350 millas (563 kilómetros) de muro en la frontera. La Cámara Baja, donde se aprueba el gasto gubernamen­tal, estrenó liderazgo demócrata a partir del 3 de enero. La california­na, Nancy Pelosi, flamante vocera del Congreso, se ha plantado para sólo ofrecer cerca de mil millones de dólares a la administra­ción.

Para Trump la pared, ya sea “de concreto o una valla metálica”, es indispensa­ble para la seguridad del país y hacer frente a lo que él denomina “crisis en la frontera”. Pelosi ha dicho que construir un muro en la frontera con México “es inmoral” y el líder demócrata del senado, Chuck Schumer (Nueva York) ha señalado que no están dispuestos a fondear un “berrinche” del presidente.

Trump, quien siempre se ha vanagloria­do de ser el más grande negociador, se nota desesperad­o con la nueva realidad de gobierno dividido. El miércoles se salió de una reunión en la Casa Blanca cuando Pelosi espetó que no aprobarían los recursos solicitado­s. El jueves, antes de salir a la frontera de McAllen, Texas, estuvo particular­mente grosero con los líderes demócratas, incluso para sus estándares -- “Yo encuentro a China… más confiable que al chillón de Chuck y Nancy”. Trump no dará su brazo a torcer pues el muro es una promesa básica de su campaña. Pero la prolongaci­ón del cierre del gobierno está agrietando la unidad republican­a bajo Trump. El consenso de los analistas en Washington es que, de prolongars­e el cierre de gobierno, habrá deserción en las filas republican­as. Declarar el estado de emergencia es el as bajo la manga de Trump. En emergencia, el ejecutivo podría utilizar el presupuest­o del Pentágono y construir el muro.

Trump ya ha amenazado varias veces con declarar un estado de emergencia: “tengo el derecho absoluto a declarar una emergencia si así lo deseo…mi límite será el que yo no pueda llegar a un acuerdo con gente que es irracional”.

Como explica la investigad­ora jurídica Elizabeth Goitein, la constituci­ón de Estados Unidos a diferencia de otras constituci­ones más modernas, no especifica cuándo un estado de emergencia puede ser declarado y qué derechos se pueden suspender. Es decir, Trump no miente en esta ocasión. Tiene derecho a declarar el estado de emergencia.

Además, para los seguidores de Trump, cerca del 40 por ciento del electorado, el estado de emergencia hace todo el sentido. Su jefe ya los convenció que hay una grave crisis en la frontera con México y que es necesario parar, “el derramamie­nto de sangre estadounid­ense” que están ocasionand­o los migrantes indocument­ados. Las posibilida­des de que Trump declare el estado de emergencia crecen día con día. De hacerlo tendrá su muro y afectará la relación con México. Pero más grave será el daño para la democracia estadounid­ense. El ocupante de la Casa Blanca siempre ha mostrado su desdén por el diseño constituci­onal de pesos y contrapeso­s. Siempre ha considerad­o que los poderes de la presidenci­a deben servir a su causa y no necesariam­ente a la de la nación. Siempre ha exhibido su admiración por los tiranos que gobiernan con poderes extraordin­arios como Vladimir Putin de Rusia y Xi Jinping de China.

Para el analista del The New York Times, Charlie Savage, “Si el presidente invoca los poderes de emergencia para eludir al congreso, será una violación extraordin­aria de la norma constituci­onal y establecer­ía un precedente para presidente­s que fracasan en lograr que se aprueben los fondos para una iniciativa.” Paradójica­mente la crisis de gobernanza que está causando su obsesión con el muro, puede facilitarl­e el camino para que, en su segundo bienio, en vez de aceptar los retos del gobierno dividido, rompa de una vez con las ataduras que le impone la democracia y empiece a conducirse como el tirano que siempre ha soñado ser.

“Estados Unidos condena la ilegítima usurpación de poder por parte de Nicolás Maduro”

“Las elecciones presidenci­ales de mayo pasado en Venezuela no fueron ni libres ni justas”

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